vacunas y autismo
DR. Bienvenido Segura. Foto de archivo
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Vacunas y Autismo 

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POR: BIENVENIDO SEGURA – médico. Reside en Santiago Rodríguez.

Durante décadas, la posible relación entre vacunas y el trastorno del espectro autista (TEA) ha sido objeto de debate público, preocupación familiar y abundante investigación científica. Sin embargo, para la comunidad médica, psicológica y terapéutica, la evidencia acumulada es contundente: las vacunas no causan autismo.

La controversia surgió a partir de un estudio publicado en 1998 por el médico británico Andrew Wakefield, que sugería una asociación entre la vacuna triple viral (sarampión, paperas y rubéola) y el autismo.

Posteriormente, se demostró que el referido trabajo de investigación contenía graves irregularidades metodológicas y conflictos de interés, motivo por el cual fue retractado por la revista científica y su autor perdió su licencia médica.

Desde entonces, numerosos estudios epidemiológicos han evaluado a millones de niños vacunados y no vacunados. Los resultados, avalados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otros organismos internacionales, han sido consistentes: no existe evidencia de una relación causal entre las vacunas, sus componentes (incluyendo el timerosal y el aluminio) y el desarrollo del trastorno del espectro autista.

Actualmente, se reconoce que el autismo es una condición del neurodesarrollo de origen multifactorial, en la que intervienen factores genéticos complejos y diversos mecanismos biológicos que comienzan durante las etapas tempranas del desarrollo cerebral.

Las investigaciones modernas señalan que las alteraciones neurobiológicas asociadas al TEA se inician mucho antes de la administración de las vacunas infantiles. Para médicos especialistas, psicólogos clínicos y terapeutas, resulta fundamental transmitir información basada en evidencia científica a las familias.

El peligro está en que la difusión de conceptos erróneos sobre vacunación puede disminuir las coberturas vacunales y favorecer la reaparición de enfermedades prevenibles, con consecuencias potencialmente devastadoras para la salud pública.

Por otro lado, la práctica clínica responsable exige sostener nuestras recomendaciones en datos científicos robustos y actualizados. Defender la vacunación no significa ignorar las inquietudes de los padres; significa responderlas con rigor, empatía y evidencia.

En la actualidad, voces equivocadas se levantan, incluyendo la de algunos profesionales de la salud y la de uno que otro “influencers” de redes sociales, pero la verdad es que la ciencia ya ha emitido su veredicto: las vacunas salvan vidas y no tienen ningún vínculo causal con el trastorno del espectro autista. ¡He dicho!

El autor es Pediatra Clínico, Gerente de Salud y Abogado.

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