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Yo cocino antes

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Vivencias que dejan moralejas

POR: DILMARYS CUELLO – Maestra. Reside en Santiago Rodríguez.

¡Que bueno que existe este mecanismo de comunicación! Hace un tiempo ya que no estamos conectados y menos por esta vía, ¡los extrañaba!

Me fascina leer, escribir y hablar. Disfruto muchísimo el poder escribir y creo que esos dos placeres están en competencia: hablar y escribir.  Hace ya algunos meses mientras hablaba con una de mis vecinas me hizo el comentario que ya a las 5 de la mañana tiene la comida preparada para su familia. Tiene 3 hijos, es empleada pública y por supuesto un esposo para atender también. Todo esto me puso de frente a un espejo y a suspirar diciéndome a mí, “y eso que yo pensaba que hacía mucho”; una vez más se evidencia el poder que tenemos las mujeres, de ser, hacer y complacer.

Mi apuesta por las mujeres cada día se agiganta. La difícil realidad que vivimos, las complicaciones sociales de trascender y por supuesto lo más terrible: poder permanecer en este ambiente tan hostil a veces.

Por cada 10 hombres que le toca la dura realidad de levantarse antes de las 5 de la mañana, hacer comida para tres hijos y una esposa, agregándole a eso que debe dejar todo arreglado, pues cuando regresa del trabajo, le corresponde a él también, por cada 10 hombres hay 100 mujeres que le toca y no es porque el esposo es viudo, manco, enajenado mental o sus derivados, es simplemente que nos “toca” por ser mujeres.

El poder que tenemos las mujeres es infinito, lo malo es que a veces se entiende que solo es y debe ser para los quehaceres del hogar y créanme no es así. Aunque cada día el número de mujeres en puestos de tomas de decisiones importantes aumenta, no es menos cierto que las desigualdades son similares.

Así como mi vecina, hay muchas mujeres que son la seguridad alimentaria de su familia y emocional también. Ojalá el valor que se le brinda sea correlacional a sus esfuerzos pues se hace preocupante ver como cuando ya esas valerosas mujeres no están físicamente, se les llora con desespero y mas que nada por el saber que no la volverán a ver y a tener.

“Yo cocino antes” de irme al trabajo, de irme de viaje, de salir por mis obligaciones, de cumplir con otros es una frase que se puede conjugar en muchos espacios y para otras muchas acciones de la vida cotidiana, cuidemos a las mujeres, cuidemos a nuestras mujeres como imperativo para la sobrevivencia de nuestra especie en todos los sentidos.

1era Pedro 3: 7

“… convivid de manera comprensiva con vuestras mujeres, como con un vaso más frágil, puesto que es mujer, dándole honor como a coheredera de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no sean estorbadas”.

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