trampa digital
Lic. Néstor Estéstez - periodista.
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¡Cuidado! Vienen con trampa

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POR NÉSTOR ESTÉVEZ – periodista. Reside en Santo Domingo.

¿Te ha pasado alguna vez que entras a Facebook, TikTok o Instagram por un minuto y, cuando te das cuenta, ha pasado una hora? No es un accidente, ni ocurre solo contigo. Hoy en día, vivimos en un mundo gobernado por la comunicación algorítmica interactiva y persuasiva, diseñada para atraparnos en realidades virtuales basadas en la vigilancia y el espionaje.

Al aceptar sus condiciones, permitimos que las plataformas extraigan inadvertidamente partes de nuestras vidas. En este juego digital, el aburrimiento se disfraza de entretenimiento infinito y caemos en una “seguidilla” constante. Este hábito se convierte en un juego que nos hace parecer incapaces de despegarnos de la pantalla.

Trampa digital: cómo los algoritmos manipulan nuestra atención

Esta enorme red invisible no solo decide cuáles videos graciosos o música nos aparecen. En los últimos años, un nuevo peligro ha entrado en nuestros celulares: a los políticos tradicionales se les han sumado los de nuevo cuño, gente que ha descubierto en ese campo una especie de “oro molido” para buscar.

Desnudando la trampa

Entre esos de llegada reciente -más uno que otro antiguo que logra reciclarse- usan la espectacularidad y la polarización para capturar nuestra atención. Así aprovechan para “bombardearnos” con desinformación, circulación de bulos y propaganda, creando pseudodebates y manipulando las discusiones que afectan a la democracia mediante algoritmos ocultos. Nos rematan dividiéndonos en grupos que se enfrentan entre sí, hasta lograr que reaccionemos con sentimientos como rabia o miedo.

La trampa social es que consumimos todo lo que nos envían buscando distracción rápida y sin ponernos a pensar. Los medios actúan a menudo como un sedante, una especie de “Valium electrónico” que alivia las tensiones cotidianas y nos invita a emocionarnos sin reflexionar. Esa gente nos acostumbra a recibir mensajes “masticados”, y olvidamos hacer preguntas sobre la realidad.

Este modelo nos convierte en receptores pasivos que solo almacenamos información de forma memorística, igual que el modelo tradicional vertical que los expertos critican con el nombre de “educación bancaria” (con depósito y retiro de datos). Además, las redes nos sitúan más como consumidores y transmisores de informaciones ajenas -estilo cotorras- que como creadores de mensajes propios.

¿Hay alguna salida?

¿Cómo podemos romper este control y salir de la trampa? No se trata de negarse a la tecnología. La clave está en desarrollar nuestro sentido crítico mediático, una valiosa herramienta que cuestiona cómo la información y el poder están conectados y nunca son neutrales. Para lograrlo de verdad, el gran maestro de la educomunicación, Mario Kaplún, nos dejó pistas muy claras que hoy resultan indispensables para transformar nuestra relación con los medios tradicionales y digitales.

Una primera pista es convertirnos en verdaderos interlocutores y no en simples oyentes silenciosos de mensajes ajenos. Existe un concepto muy poderoso llamado EMIREC (otros hablan de “prosumer”), referido a que todo ser humano es y debe ser, al mismo tiempo, emisor y receptor de mensajes.

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