ORLANDO MARTINEZ 36 AÑOS DESPUES

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SANTIAGO, R.D. Orlando Martínez, era un hombre sagaz periodista, inteligente, de valor que el solo quería decir la verdad al pueblo.

Entendía que cada quien tiene derecho a opinar acerca de cualquier tema.

El presidente de entonces Joaquín Balaguer, no permitía crítica a su gestión de los oprobiosos y sanguinarios 12 años.

199673 10150162814955540 531690539 8658493 3092081 n36 años de su vil y cobarde asesinato de Orlando Martínez, fue una inmoralidad su muerte, brutalmente que no debió de ocurrir nunca, ya que sólo quería expresar sus ideas en contra de lo que fue el gobierno de Joaquín Balaguer.

Se impuso la maldad, el egoísmo, la falta de honestidad y el cinismo.

Vemos como se nos desploma el cielo cuando no podemos reclamar lo que creemos es justo, sino que es un mal que desde hace tiempo se ha cultivado en la sociedad política.

Es lamentable ver que nuestra historia está llena de injusticias que no tienen responsables, y que quienes tienen el poder se han burlado del pueblo toda la vida.

¡Qué pena que no será la última ni la primera vez que crímenes como ésta ocurran!.

En mi periplo me ha tocado en suerte sobrevivir en cruentos enfrentamientos que costaron la vida a algunas personas en barrios y comunidades del país.

He visto, en lugares como San Francisco de Macorís y Santiago ver a jóvenes caer a batidos a tiros por la Policía.

He visto soldado, que emerge de pronto tras una barda, levantar el fusil sobre su cabeza y disparar, sin siquiera apuntar.

Vi una vez en la avenida Libertad en el municipio de San Francisco de Macorís cuando una ráfaga destrozó el vuelo de una pared y hiere a un camarógrafo de Color Visión, mientras cubríamos una huelga.

He visto los cuerpos deshechos de dos jóvenes hermanas en la comunidad Colorado con sus cuerpos destruidos por envenenamiento por motivos familiares.

Aún recuerdo, como si hubiera sucedido ayer, el asesinato del periodista Orlando Martínez, el día 17 de marzo del año 1975 al terminar de realizar su labore en la revista «Ahora».

El día 23 de septiembre del año 1975 cumpliría 31 años, pero el 17 de marzo de ese mismo año fue asesinado.

Matar periodistas en el gobierno de Joaquín Balaguer y los temibles cuerpos de seguridad dominicano fue primero una consigna.

Antes de las tristes e inevitables consecuencias de la virulencia y extensión de los crímenes contra periodistas, el gobierno de Joaquín Balaguer se había tragado en el año 1973 el cuerpo del jefe de redacción del periódico vespertino Ultima Hora, Gregorio García Castro.

Los balagueristas y sus criminales no tenían en general ningún respeto por la vida humana de los periodistas.

Ser periodista en el gobierno de Joaquín Balaguer no otorgaba privilegio alguno; al contrario, callar esa voz, cegar esa mirada era parte de la estrategia.

Con cada una de esas muertes, que aún viven en el corazón de miles de dominicanos, donde muchos de ellos sintieron que algo dentro moría también.

Cada velorio de un compañero solía volverse al final de la noche una triste celebración.

Del duelo se pasaba a la fiesta.

199673 10150162814955540 531690539 8658493 3092081 nAl caer un reportero más, de alguna manera, pensábamos, se agotaba la cuota de muerte que, en esa temporada, correspondía pagar a los periodistas y esa certeza hacía que los sobrevivientes pasaran del recuerdo de los dichos y hechos del caído a la celebración de nuestra buena suerte y a la determinación de seguir cumpliendo con el deber.

Al otro día salir a trabajar, escuchar el estruendo de los fusiles tras de uno, el silbar de las balas que vienen al encuentro, se hacía de alguna manera más sencillo.

Ya no era a ti al que le tocaba.

Otro había pagado con su vida la osadía de contar esa historia.

Allá en la calle José Contreras donde cayó el cuerpo de Orlando Martínez, en la cruenta y terrible noche, puede decirse que la muerte se sujetaba a ciertas normas.

Los criminales de periodistas asesinados, podían después de matarlos formar parte del tumulto alrededor del cadáver.

Aun ahí había manera de cubrirse las espaldas, de mantenerse a salvo, de entender el comportamiento de los asesinos.

¿Cómo eludir la mano asesina sin dejar de cumplir con el deber periodístico?

Con el asesinato del periodista Orlando Martínez, murió el corazón de forma alguna, de millares de dominicanos.

Creo que cuando en este país, el narcotráfico y sus sicarios matan, torturan a un reportero, un periodista y un fotógrafo nos matan también a muchos, nos cercenan una parte importante de la vida, nos impiden saber lo que sucede y a qué atenernos, porque quienes pueden contarlo, pueden estar ahí para decírnoslo, para mirar por nosotros, para cumplir con esa tarea, son masacrados impunemente.

No sé cómo hacen y cómo harán los compañeros que en tantas zonas críticas del país se preparan para salir mañana a reportear sin seguridad ciudadana, policial, militar y los engreídos políticos.

Ellos saben que el asesinato de Orlando Martínez no agota la cuota de la muerte, porque el hecho no es insaciable y apenas ha comenzado la siega.

No hay lugar entonces para sentir alegría alguna por ser un sobreviviente.

La ley de plata o plomo parece tener un nuevo apartado: El silencio o la muerte.

Prometemos Orlando Martínez, que aquí estaremos hasta que lo permitan los narcotraficantes y los malos gobiernos, los desalmados políticos, los recalcitrantes militares y policías corruptos que matan por paga.

Estaremos honrando tu memoria, a pesar de las amenazas, cumpliendo su tarea con dignidad y valentía, corresponde a la autoridad garantizar su seguridad y a nosotros, como sociedad, arroparlos; hacerles sentir que no están solos y que quien los periodistas para silenciar su voz «nos toca a todos».

Orlando Martínez, tu asesinato aún hay partes que permanece impune, pero algún día estarán todos, aunque algunos no están ya físicamente.

Las hipótesis que se barajan relacionan su muerte a las críticas que hacía en tu sección Microscopio a la gestión del presidente Joaquín Balaguer.

Supiste trabajar con seriedad y es allí donde priva la vocación, la voluntad de afrontar dificultades, no existe el vedetismo y, a veces, ni siquiera una compensación económica para silenciar t u voz y apagar la pluma.

También es allí donde, al no existir la contención de una empresa, pueden correrse los mayores riesgos y tú Orlando la corriste.

De lo que estamos seguros es que ningún crimen debe permanecer impune en su totalidad, y menos aún el de este valiente periodista.

Que el de Orlando Martínez haya ocurrido en una calle y él integrara la sufrida y trabajadora lucha contra la corrupción del gobierno de Joaquín Balaguer se torna aún más perentorio su esclarecimiento.

El 23 de septiembre de 1975 Orlando Martínez cumpliría 31 años de edad, pero su asesinato se produjo el 17 de marzo del mismo año.

Con su muerte el país perdió a un brillante periodista en pleno ejercicio, que pese a su corta edad dirigía una revista semanal de importancia política extraordinaria, y producía una columna diaria en el periódico El Nacional.

Con el atentado contra Orlando Martínez se pretendió callar al conjunto de los periodistas dominicanos que batallaban por restaurar la libertad de expresión, que el país había reconquistado con el ajusticiamiento de Rafael Trujillo y la salida de los trujillistas del poder.

La imagen transmitida por Balaguer en los últimos 20 años, y la que sus seguidores han querido modelar después de su muerte, como un hombre manso y tierno, contrasta sobremanera con el político y presidente amenazante, que daba golpes en la mesa, y que frente a los militares que le acompañaban le increpaba al periodista Juan Bolívar Díaz, en 1968, que si con una pregunta estaba acusando a las Fuerzas Armadas y a sus jefes militares de actos terroristas.

Claro, después de eso el carro del joven reportero explotaba frente a su casa, por una bomba colocada para matarlo, y más tarde para salvar su vida se veía obligado a tomar un exilio forzoso a México.

Esas mismas fuerzas que operaban amenazando, impugnando, golpeando e intimidando a los periodistas, más tarde denominada por el propio Joaquín Balaguer como «Fuerzas Incontrolables», asesinaban al periodista Gregorio García Castro, jefe de redacción de Ultima Hora, y habían asesinado al periodista y abogado Guido Gil Díaz.

Orlando Martínez, comenzó su ejercicio periodístico al inicio de los años 70.

Su asesinato cinco años después, puso fin a una labor periodística de opinión, valiente, clara y decidida, en la que una de sus temáticas preferidas era precisamente el doctor Joaquín Balaguer.

El trabajo periodístico de Orlando inquietaba, tal vez irritaba, a Balaguer y a los balagueristas.

La claridad de sus exposiciones provocaba urticaria en la piel de los gobernantes, lo que habría llevado al doctor Joaquín Balaguer, delante de algunos de sus acólitos, a decir que ese periodista no lo dejaba gobernar tranquilo.

Tranquilidad nunca hubo en los gobiernos de Joaquín Balaguer.

La lista de muertos por razones políticas es demasiado larga.

La lista de presos y deportados por las mismas razones políticas fue también extensa.

La lista de personalidades silenciadas, por razones políticas, no dejó tranquilidad a nadie en el país.

José Francisco Peña Gómez y Pablo Rafael Casimiro Castro, durante muchos años fueron impedidos de tomar el micrófono de Tribuna Democrática, el programa radial del PRD, a través del cual Juan Bosch contribuyó extraordinariamente a crear una nueva lengua en la República Dominicana.

Orlando se atrevió a hurgar como nadie en la política y la personalidad de Balaguer, y desentrañó muchas de sus incógnitas y enigmas.

«¿Puede Balaguer hacer todo lo que quiera sin temor?», se preguntó en una ocasión, para responderse a sí mismo que el poder de Balaguer tenía su explicación «en los bandazos de la oposición, o de las oposiciones».

Orlando, tenía muchas cosas claras sobre Joaquín Balaguer, y llenó cientos de páginas para explicarle al país y a la oposición dónde radicaba el poder del caudillo reformista.

El apoyo de las Fuerzas Armadas a Balaguer, según Orlando, se debía «al temor y el respeto que sienten los jerarcas militares por el presidente de la República».

Balaguer escribió muchas páginas, y sus discursos llenaron otras, entre ellas las que exigían el esclarecimiento del crimen de Orlando Martínez.

Llegó incluso a ofrecer una recompensa en dinero a quien diera información que indujera a detectar a los asesinos.

Y luego no quiso escribir una página, la dejó en blanco, en su memoria temprana de 1988, admitiendo que tenía la información pero que la dejaría a alguien que le sobreviviría, para que muchos años después dijera quiénes mataron a Orlando Martínez.

Las consecuencias que se derivaron del asesinato del periodista Orlando Martínez dejaron claro al doctor Balaguer que no era posible «hacer todo lo que quiera sin temor», y desde entonces se dejó de matar a balazos y a palos a los periodistas para asesinar moralmente a los que flaquearan frente al poder.

Allí quedaron tantos cadáveres que el periodismo comenzó a morir moralmente, a doblegarse como en los tiempos del trujillismo, no tanto por la presión, la represión o la amenaza, sino por una parte –mínima- del pastel que se repartía, y que retomó bríos con el retorno del doctor Balaguer al poder en 1986, cuando ya el PRD había abierto las puertas de las cárceles a los presos y los aeropuertos del país a los exiliados.

Poco comunicativo, nunca dado a la espontaneidad y a la respuesta directa, el doctor Balaguer fue marcado por el ejercicio del periodismo, y probablemente sus momentos más difíciles como gobernante tuvieron que ver con los periodistas.

Plinio Díaz, Guido Gil Díaz, José Enrique Piera Puig, Gregorio García Castro, Orlando Martínez, Narciso González enlutaron el ejercicio periodístico, pero el gobernante que toleró esos crímenes sufrió las consecuencias de cargarlos sobre sus hombros.

La secuela judicial que siguió a esos crímenes intranquilizó siempre al doctor Joaquín Balaguer, a quien las sombras de Gregorio García Castro, Orlando Martínez y Narciso González no dejaron nunca en paz.

En sus memorias, publicadas en 1988, Balaguer relata que «una de las más grandes frustraciones que llevó hasta la tumba, es la de morir sin haber podido conocer a ciencia cierta el nombre del funcionario, militar o civil, que impartió la orden para que tres desalmados le arrebataran inicuamente la vida» a Gregorio García Castro.

Cuenta que en este caso «obró una confabulación de silencio que no me fue dable vencer, ni aún con la oferta de jugosas dádivas a los presuntos autores de esa infamia».

Sin embargo, en el caso del periodista Orlando Martínez sí se enteró Balaguer quiénes lo asesinaron y prefirió guardar silencio, dejando en blanco una página para que fuera llenada «algunos años después de su muerte» por una persona amiga, «que por razones de edad está supuesta a sobrevivirme y que ha sido encargada por mí de hacerlo público» relató e3l viejo caudillo.

La justicia ya identificó a los asesinos y el performance de Balaguer resultó inútil.

La víctima y el jefe de los victimarios se encontraron en una recepción, en el Palacio Nacional el 24 de julio de 1974, y lo que sigue es el relato de la víctima:

«Cuando el doctor Balaguer llegó donde me encontraba me dio la mano como había hecho con todos.

Cuando se disponía a seguir, Font Bernard le dijo: «Señor Presidente, éste es Orlando Martínez».

Entonces el mandatario se sonrió y expresó: «Una gran pluma; no me imaginaba que usted fuera tan joven».

Orlando Martínez murió asesinado antes de cumplir 31 años.

Hacen hoy jueves 36 años de su vil y cobarde asesinato ocurrido el día 17 de marzo del año 1975.

Hoy 17 de marzo del año 2011, Orlando Martínez aún permanece latente en los corazones de millones de dominicanos y dominicanas.

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