LAS TRADICIONES SE VAN PERDIENDO COMO EL AGUA DULCE PARA LOS HUMANOS
Por: Marcelo Peralta y Juan Pablo Bourdierd
SANTIAGO RODRIGUEZ, R.D. Las tradiciones se van perdiendo como el agua dulce para los seres humanos.
Unas de esas costumbres eran las caminatas y rosarios que se hacían en los campos para que lloviera cuando hacía mucha sequía.
Recorría hasta kilómetros a pie y descalzos cantando, con cruces en el hombre, vela encendidas y arrodillándose en distintas paradas durante todo el trayecto.
La trocha para jugar béisbol, es otra que ha desaparecida y sustituida por el guante.
El uso de la zoleta que consistía en dos pedazos de gomas de vehículos sujetadas con dos correas de telas de cueros.
Uso de la tusa de maíz que servía para limpiarse después de realizar una necesidad fisiológica.
El lienzo de tela junto a un alambre dulce era usado para colar café.
La letrina era construida a mucha distancia de la casa y para neutralizar el mal ambiente de usaba cenizas del fogón a su alrededor.
Los fogones han sido reemplazados por la estufa a fin de evitar la degradación del medio ambiente con el corte de árboles.
Sin embargo, en los fervores del siglo XXI, también se usa el anafe y su uso creía inexistente.
Pero hay barrios en ciudades como Santiago se mantiene el uso de letrinas, anafes, el carbón y la leña para preparar alimentos.
No obstante, algunas de las tradiciones visibles durante el siglo no existen hoy día.
Para ejercitarse en el patio de las casas se hacían pesadas con latas de aceite, centro y un pedazo de tubo de hierro.
Las gomas de vehículos y motocicletas desechables eran usadas para correr, con dos palos de escobas y engrasadas.
Las patinetas eran tablas de madera, una como plataforma y en sus puntas una caja de bola, otra usada de forma perpendicular y una pequeña como timón para poder correr.
Las carreras se hacían por los contenes y las aceras ya que muchas de las calles no tenían asfalto.
Jugar al «caballito» era tradicional y emocionante.
«La minga, «las escondidas», el topao, la plancha y la venda para jugar a la localización de la botella». Eso se perdió.
El funfún con tapas machacadas de cervezas y refrescos, las beyugas, los trompos, ir al río a asar semillas de cajuiles.
Los nombres y refranes que se les daban antes a los pesos, un tolete, un Duarte, entre otros.
La venta de maíz dulce, el asopado en las calles.
Los tirapiedras con gomas rojas y negras y la orquesta para matar ciguas, tolas, tórtolas, barracolí y su mayor uso era en tiempos de huelgas y protestas estudiantiles.
El gofio (maíz tostado y molido) que se vendía por las calles y las escuelas.
¡Ha! y que nos dicen de «los paquitos de Archy«.
Los rostros de los peloteros que venían en cajas de avena.
Y las fotos de los peloteros famosos que venían en los caramelitos envueltos
«Las novelas de Casan el Cazador»
Las novelistas de «Santo el Macarado de Plata».
Las chancletas, las cretonas, el almidón para endurecer las ropas, las planchas de carbón y la cera dentro de un trapo para quitarle las cenizas.
En torno a la cédula y en tiempos del dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina, los tres golpes.
Eso era la cédula, la Palmita y el carnet del Partido Dominicano.
Ahora es la cedula biométrica y antes tenias que mostrar la Palmita.
El uso de la calabaza y los bangaños que después de lleno había que ponerle un trapito en la boca para que el agua no se botara.
La alforja para echar alimentos cuando iba de un lugar lejano a otro.



