Juegos Olímpicos de la antigüedad

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No muy alejados de la filosofía olímpica actual, los Juegos Olímpicos -llamados así por celebrarse en la ciudad de Olimpia – representaban un momento de unión entre las diferentes colonias griegas del Mediterráneo.

Nacieron como enormes festivales en los que la religión, las prácticas atléticas y la música se unían para honrar a los dioses y esclarecer quiénes podían asumir el título de mejores deportistas de la época.

Los primeros datos que se tienen de los Juegos en honor de los Dioses celebrados en Olimpia pertenecen a escritos de Hipias de Elis, y datan del 776 antes de Cristo. La base más fundada de su invención correspondería a la tradición que adjudica a Hercúles si creación como celebración de la victoria de Zeus, su padre, ante Chronos, en la Titanomaquia.

Las primeras ediciones duraban apenas un día y se reducían a festejar a los dioses, pero poco a poco fue tomando cuerpo la competición, alimentada por el espíritu guerrero de los griegos clásicos.

El primer ganador documentado es Corebus de Elis, que venció en una de las carreras a pie en honor a Zeus. Su nombre quedó grabado en el Estadio, ya que la «inmortalidad» que eso suponía era el premio del vencedor.

La fama de los Juegos de Olimpia consiguió que griegos de todas las ciudades conquistadas por la civilización llegaran a la península del Peloponeso para competir. Entre las ciudades que más y mejores atletas trajeron -y por ello lás más gloriosas- se encuentran Atenas, la ciudad del sur de Italia de Cortón, Miletos, en el Ásia Menor y la isla de Naxos.

Las pruebas que se disputaban en los Juegos Olímpicos griegos eran las siguientes (se fueron incorporando en el paso de las ediciones): Pankration (lucha a muerte), Lucha (prácticamente tal como la conocemos actualmente), Boxeo (mucho más cruel que el actual, sin apenas reglas), Carreras de Carros, Carreras a pie, Pentatlón (consistente en lanzamiento de disco, jabalina, salto de longitud, lucha y carrera a pie), Música (considerada una competición más).

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