Integridad

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Sergio Lantígua - Poeta

Por: Sergio H. Lantígua – Poeta y Escritor.

En estos días he escuchado tantas veces el tema de la integridad, que ello me animó a pulular por los ámbitos de este tema, cimentado en que la realidad actual de nuestra sociedad anda deficiente de personas que antepongan la angurria de conseguir dinero al decoro personal.

Esta debilidad avariciosa, inducida por el soborno, cuya definición en el diccionario de la Real Academia Española la enuncia como: “La total o amplia gama de aptitudes poseídas por una persona y la capacidad del ser humano para decidir sobre su comportamiento por sí mismo.”

Quise abundar en el argumento, porque en la actualidad cotidiana es un encargo un poco arduo encontrar personas en la que se pueda confiar ciegamente; ya que existen muchos elementos que proclaman a los cuatro vientos su honra intachable, mientras sus actos los contradicen.

Cada día al levantarnos, y salir a la calle a enfrentarnos con los desafíos del diario vivir, tenemos que tomar todo tipo de decisiones. Algunas nos benefician, otras puede que nos perjudiquen…mientras que hay otras que serán dictadas entre lo que queremos hacer, lo que debemos hacer, y por último lo que nos indiquen que hagamos o pagar las consecuencias.

Esta fuerza de voluntad se evidencia cuando logramos de alguna manera controlar las pequeñas resoluciones con probidad, desoyendo estas insinuaciones tentadoras, logrando prevalecer las que acatemos cimentadas en los principios de integridad y rectitud. 

Así aprendemos que para el individuo poder aplicar este precepto tiene que comprometerse a ser honesto consigo mismo y confiable a los demás. Y no esperar a que arribe el momento crítico para asumir la determinación pertinente.

Una forma viable para afrontar esta contingencia o momento crítico sería establecer prioridades entre ellas: determinar con antelación cuales valores deben prevalecer una vez encarado el conflicto. Como, por ejemplo: diciéndose a sí mismo, que usted no tiene precio, debido a que resulta fácil para muchos subastar su complicidad por una fuerte suma de dinero sin medir las consecuencias carcelarias. 

Un procedimiento como preámbulo al arrepentimiento sería entablar un soliloquio con Dios y decirle: Padre no somos perfectos. Por ende, sabemos que venimos arrastrando errores de los que quizás tengamos que avergonzarnos, escudados detrás de tu infinita misericordia. Por eso hoy te pido Señor, que Tú a través de tu Santo Espíritu y tu Gracia Divina nos ayude a mantener una conciencia libre de pecados y tentaciones. Amén.

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