“Nox”, representación de la poesía como puente hacia la ausencia
“Transportado a través de muchas naciones y muchos mares,
llego, hermano, a estas tristes exequias,
para entregarte el último tributo de la muerte
y hablar en vano a tus mudas cenizas.
Ya que la fortuna me te ha arrebatado a ti mismo,
¡ay, infeliz hermano, arrebatado injustamente de mí! (…)”
“Poema 101” de Cayo Valerio Catulo, (Año 57 a. C.)
POR: PERSILIA ZIJLSTRA PÉREZ – educadora. Reside en Santo Domingo.
Hoy, el nombre de Anne Carson es tendencia, su reconocimiento como la ganadora del Premio Nobel de Literatura 2026 le ha dado visibilidad mundial. Yo, sin embargo, la recuerdo como la autora que, al darle palabras a su propio dolor, me ayudó a aliviar el mío cuando ni siquiera sabía cómo sentirme ante una pérdida irreparable.
El libro “NOX” llegó a mí en un momento muy triste de mi vida, llevaba años arrastrando un duelo no tratado por la muerte de mi primo, quien para mí fue como un hermano. Teníamos tantos planes juntos, tantas cosas por delante, y de repente él ya no estaba. Intenté esconderme del dolor; decidí no pensar en lo ocurrido. Mi negación era tan fuerte al punto de que ni siquiera tuve el valor de mirar su ataúd. Pasaron los años, y su ausencia, sin embargo, seguía allí y cambió para siempre mi manera de ver la vida.

Nox: una elegía para honrar a su hermano
En el año 2013, entre mis obsequios de boda, en una bolsa de rayas encontré el libro que cambiaría mi vida, “NOX” En sus páginas conocí a una hermana que extrañaba a mares lo que pudo haber vivido con su hermano y que recurrió a las palabras para trabajar su duelo. Por eso hoy, mientras se celebra su trayectoria, quiero compartir este libro íntimo y recordar lo que significó para mí.
Su trabajo como poeta y traductora, su ardua labor con los poemas de Safo y sus reconocimientos pueden hacer que la veamos como una figura distante, casi etérea. Pero en “NOX” se muestra como una mujer que sufre, que se cuestiona y que intenta comprender la vida de alguien a quien amó. Esa humanidad es la que permanece en mi recuerdo de aquella lectura.
Honró a su hermano de la mejor manera que sabía
Carson dedica el libro a su hermano Michael. Por cuestiones de la vida, que derivaron en la distancia y los largos silencios familiares dejaron muchos huecos vacíos en su relación. Y ante el dolor e impotencia que le provocaba su muerte, ella reunió fotografías, fragmentos de cartas, recuerdos y reflexiones. Buscó sanar acercándose a él mediante las huellas que conservaba en su memoria y lo que otras personas pudieron contarle.
Una de las frases que se impregna en el alma es “Quería llenar mi elegía con luz de toda clase” pues ante la falta de vivencias para llenar el vacío de su hermano, recurrió a lo que mas sabía hacer: honrarlo por medio de la historia. Para ello Carson parte de un poema antiguo donde el poeta rinde honores a su hermano fallecido hacia el 57 a. C.
Al leerla, reconocí ese dolor ante lo que queda inconcluso, pendiente. Con mi primo había vivido la cercanía, pero también me había quedado con un futuro lleno de planes que ya no podríamos cumplir, como nuestra aventura en la gran ciudad, misma que tuve que vivir sola.
Su muerte me hizo comprender cuánto puede cambiar la vida en un instante y lo que significa quedarse esperando a alguien con quien habías quedado en verte. Tú recuerdas el encuentro y conservas los planes, pero esa persona ya no llegará. Y debes seguir adelante porque aunque apartes la mirada, aunque evites pensar en ello, la ausencia sigue latente. La poesía le ofreció a Carson un camino para acercarse a la historia que pudo haber sido con su hermano.
Un libro diferente en fondo y en forma
Anne Carson inicia el libro con el poema 101 de Catulo, dedicado también a un hermano muerto, y va palabra por palabra descifrando y relacionando ese pasado con este presente inquietante. Cada entrada que aparenta un pasaje de lexicografía; aparecen imágenes, recuerdos y preguntas. A diferencia de sus anteriores trabajos de traducción, este adquiere un sentido íntimo. Mientras traslada una lengua a otra, a lo largo del libro también busca cómo expresar su pérdida. Es allí donde encuentra refugio, en la voz de un poeta antiguo que le ofrece compañía.
Aunque Michael dejó este plano en el 2005, “NOX” no fue publicado hasta 2010, convirtiéndose en su primer libro de poesía; estructuralmente, tiene una forma particular. La obra está presentada en un formato de una hoja continua, plegada en acordeón que viene guardada en una caja. Al desplegarla, aparecen fotografías, cartas, palabras y espacios vacíos. Ese formato me hace pensar en la memoria, en cómo un recuerdo abre paso a otro. Es una provocación que nos invita a detenernos sobre las huellas de quien amamos. Ella tomó esos fragmentos y construyó con ellos una memoria que conserva sus preguntas y sus silencios. Así encontró una manera de sanar para ella y sus lectores. Más que sumirnos en el dolor por lo que no fue o será, nos invita a dedicar tiempo a los recuerdos, permitirnos sentir lo que despiertan y reconocer cuánto amor permanece en ellos. En medio de su impotencia, convirtió la poesía en un puente hacia Michael. A mí, como lectora, me ofreció un espacio para acercarme al dolor del que había intentado esconderme.
La noche oscura y el amanecer de un duelo
“NOX” significa noche. Entre las palabras del libro aparece una pregunta que me acompaña: “¿Hemos logrado atravesar la vasta llanura de la noche?”. Así puede sentirse el duelo, como una noche oscura en la que cuesta dormir, entender lo ocurrido y encontrar cómo seguir. Yo atravesé por esas noches oscuras; por eso me conmueve el gesto de Carson de mirar las huellas de su hermano y darles palabras.
Para mí, el aprendizaje más profundo que nos deja este libro es “el amanecer” que significó aprender a vivir con los recuerdos que nos quedan, por pocos o fragmentados que sean; en valorar la esencia de quienes hemos perdimos y guardar en el alma los momentos que compartimos con nuestros seres amados, estando conscientes de que nada nos devolverá a esa persona. Quizás sanar tenga que ver con encontrar en esos recuerdos, junto al dolor, una compañía para seguir viviendo.
Hoy vuelvo a “NOX” y pienso en mi primo, en nuestros planes y en los momentos que sí tuvimos, en la idea de conquistar la gran ciudad y el sueño que se vio truncado el 26 de octubre de 2003. Quise compartir este libro porque esa es también la Anne Carson que recuerdo: la mujer que, al trabajar su propia pérdida, me ayudó a mirar la mía. En sus palabras encontré un poco de aquella luz que ella nos regaló en su elegía.
