Ricardo González - Escritor.

Por: El Arq. Ricardo González Quiñones
Cuando las patronales eran una semana cultural, con poesías coreadas, obras de teatro, charlas educativas, Batón Ballet, etc.

Y para cerrar con broche de oro, aquella gran fiesta la noche del 23 de septiembre, en saco y corbata los hombres, y vestidos largos las mujeres, en el Club Francisco Bueno, al día siguiente en el parque Las Corridas Sortija y el Palo “encebao“, y Yovanni el de Emilio Kilómetro y Julio el de Tobías, en unas bicicletas grandotas tratando de “enganchar” el premio con un lápiz de carbón.

Cuando la matinée en el Cine Edda, era la única diversión dominical, ora una película de vaqueros, de Karate, ora un corrido mejicano, y afuera, en la acera, aquella bocina con las canciones de Sandro, Leonardo Fabio y Leo Dan, antes de comenzar la función.

Cuando la orquesta “Constelación“, era nuestro 4:40, con una orquestación mejor que muchas orquestas de la capital en ese entonces. Boleros, Merengues, Baladas, Salsas, etc.
Hoy entre Reggaetón, Teke Teke y música urbana, solo podemos decir que Dios nos agarre confesados.

Cuando “Los Macaraos“, sólo eran Senei de la Joya y Mimín de Cambelén, y se paseaban por todo el pueblo, tras ellos, un grupo de niños y adolescentes vociferando “ese diablo está pintao de amarillo y colorao“.

Cuando íbamos a bañarnos a Yaguajay, a jugar “el rey de la peña“, o “buzo, que te busco, en la puerta del conuco“, en el Charco El Vale Cruz, en la Chorrera de Mingo Marte, en el Camarón, o en Tanita, no sin antes pasar por la “carrera” de la cerca de Rodolfo Scheaffler, frente a la laguna, a buscar mangos vizcaínos o tablitas.

Cuando en las calles, jugábamos “el pañuelo“, “guataco“, “la cantarita“, “pelota de trapos“, etc. Ah, no habían motores ni pasolas cruzando, que felicidad.

Cuando los domingo, nos íbamos de “bola“, al balneario de Guayubín por Arroyo Blanco, y muchas veces no había en que regresar, teniendo que hacerlo en el carrito de Don Fernando, “un ratito a pies y otro caminando“. Son once kilómetros.

Cuando íbamos al play, a volar capuchines y chichiguas, hechas por nosotros, el “papel de chichiguas” lo comprábamos donde Doña Argelia y el almidón para pegar, lo hacíamos en una lata de salsa y en un fogón en el patio.

Ese Sabaneta se fue, se esfumó entre espacio y tiempo, y creo que no volverá, sólo está en nuestros recuerdos imborrables y en nuestro corazón.
Aún así queridos amigos lectores QUE GRAN ORGULLO ES SER SABANETERO.

Hasta pronto, Dios lo querrá.

Ricardo González Quiñones
Sabanetero

1 Comentario

  1. Ricardo algo que no mencionas y que no puedo olvidar, fueron aquellos meses de ensayos y luego la presentacion de la Obra Edipo Rey. Le envie a Jose Andres una fotografia de las pocas que aparecen del dia del estreno de la Obra en el Liceo. Ahora estoy por conseguir una de la presentacion en el Politecnico Nuestra Senora de Las Mercedes en Santiago, la cual fue publicada en el periodico La Informacion. Son tantas las anecdotas que surgieron tanto en los ensayos, los cuales tenian lugar en las madrugadas, como en las presentaciones en diferentes ciudades del area. Tu cunado Iniguez, forma parte de una de ellas, pues por mala suerte el dia del estreno, las avispas lo atacaron, pero pudo mas su valor y deseo de participacion y asi hinchado se presento, sin importarle la desfiguracion que presentaba.

    Algo que hay que recordar era la manera responsable de los estudiantes de la epoca durante los tiempos de examenes, fueran trimestrales o finales. No habia un estudiante que no se levantara a las tres de la manana a estudiar. Hacen eso los estudiantes de hoy? Quizas. Pero si te puedo decir, que el pueblo de ayer, ese que recordamos, desaparecio completamente.

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