El probe yo, aquel triste que no tiene na
POR: JUAN PABLO BOURDIERD – Periodista. Reside en Santiago Rodríguez.
El probe yo, aquel triste que no tiene na se ha convertido en el reflejo más crudo de la impunidad, la desigualdad y el cansancio ciudadano frente a una institucionalidad corroída en la República Dominicana.
En uno de los medios digitales más importantes de la República Dominicana apareció recientemente un titular que resume la descomposición institucional del país: “Tribunal: Alexis Medina financió campañas del PLD con fondos ilícitos, pero la ley impide condenarlo”. Difícil no sentir indignación.
El expediente detalla cómo Medina construyó un entramado empresarial para estafar al Estado y lavar activos entre 2012 y 2020, sustentado con evidencia presentada durante el juicio. Nada de esto sorprende; lo que sí sorprende —y duele— es la impunidad que sigue marcando la vida pública dominicana.
La realidad dominicana resulta deprimente para quienes aún conservan un mínimo de responsabilidad, dignidad y respeto por lo correcto. Es estresante, bochornoso y asqueante ver cómo, una y otra vez, se reproducen las mismas prácticas corruptas que parecen eternas.
El Estado dominicano sigue siendo la misma estructura deformada de siempre: nuevos representantes que solo se representan a sí mismos. Bandidos reciclados ocupando la cima del poder, aprovechando el espacio que se les concede para seguir depredando lo que es de todos.
Una vez más, República Dominicana envía un mensaje de oro: “El probe yo, aquel triste que no tiene na”. El mensaje oficial es claro: si llegas a un puesto desde donde puedas robar, hazlo; no caerás preso. Las oportunidades —dicen ellos— no se desperdician. ¿Cuántas personas honestas seguirán esperando un cambio real después de este nuevo engaño? Yo mismo caí en el gancho.
“El probe yo, aquel triste que no tiene na” es el infeliz que para comer debe trabajar como un animal, mendigando un salario de miseria. Es el que, cuando enferma, debe morirse antes de tiempo porque no puede costear una receta de 800 o 1,000 pesos. Ese es el verdadero rostro de nuestro país.
También es “El probe yo, aquel triste que no tiene na” ese don nadie que baja del campo, sucio del conuco, a resolver una diligencia, y termina siendo humillado por un agente que parece pedirle hasta el ADN familiar. Mientras tanto, el verdadero delincuente pasa sin problemas camino a su cocina. ¿Cuál es, entonces, el mensaje educativo del Estado? ¿Seguiremos viviendo en un país con todos los ministerios del mundo y aun así con más delincuentes y menos orden?
El Segundo Tribunal Colegiado de la Cámara Penal del Distrito Nacional concluyó que Juan Alexis Medina Sánchez financió campañas políticas del PLD con recursos ilícitos. Pero el mismo tribunal establece que la ley vigente —esa Ley 33-18 mal redactada, ambigua y complaciente— impide sancionarlo penalmente. Una burla jurídica de proporciones nacionales.
Según el fallo, solo se admitió acusación por financiamiento ilegal contra Alexis Medina y Wacal Vernabel Méndez, quienes aportaron dinero sucio proveniente de su entramado societario y que jamás fue registrado ante la Junta Central Electoral. El tribunal calificó este esquema como una «grave vulneración» a la transparencia, la equidad electoral y la legalidad, tal como reseñó Diario Libre. Una violación que, aun siendo grave, queda sin consecuencias.
Los dominicanos hemos sido tratados nuevamente como menores de edad: nos dicen que hubo delito, pero que no hay forma de castigarlo. Pareciera cierto aquello de que “Dios se lavó los pies aquí en RD”. Somos un país donde se defalca el Estado a plena luz del día y aun así nadie paga. Un país que clama por respeto, pero recibe impunidad.
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Y mientras tanto, nos anuncian que pronto tendremos “otro cambio”. Otro más. Otro discurso maquillado para volver a engañar al “El probe yo, aquel triste que no tiene na”, que siempre paga los platos rotos. Esta vez, que no nos agarren dormidos.





