spot_img
InicioCulturaEl Barroco II

El Barroco II




POR: ESTEBAN A. TORRES MARTE – Escritor. Reside en Santiago Rodríguez.

Nos referimos a un movimiento de tipo cultural perteneciente al siglo XVII cuyo marco geográfico es Europa. Se origina en respuesta y confrontación al Renacimiento. Aliado al Barroco se encuentra la Contrarreforma protestante (en especial en Holanda). En realidad, su presencia es una evolución de lo clásico propiamente dicho (1).

En el ámbito español las obras Fábula de Polifemo y Galatea y sus Soledades (1612-1613 respectivamente), de la autoría de Luís de Góngora y Argote dieron la tónica a este movimiento, pues dichas obras se difundieron masivamente a través de manuscritos. La vigencia de las tradiciones del Renacimiento representadas por el poeta Garcilaso de la Vega fueron convulsionadas por estas obras. Se puede afirmar que un nuevo reinado del tropo-metáfora se elevó a la cúspide de lo imaginario paradigmático. Este movimiento entrañaba el uso extremo del vocabulario culterano y las expresiones eruditas de carácter esotérico marginadas del uso cotidiano. Esta poética abrió los espacios a los temas míticos y épicos (en especial las leyendas del entorno grecorromano). Pero además, unificaron las teorías y ciertas extrañezas de la historia natural, y sobre todo, algunos conflictos de índole filosófico con la cosmología ptolemaicas. Esta apreciación creadora la realizaron entre otros recursos con el uso de neologismos a través de imágenes exuberantes y deslumbrantes. La base semántica proviene del uso de terminologías que integran la flora y la fauna (con sentido mágico). Minerales, piedras exóticas y fragancias que se metamorfosean fantásticamente llegando a personificarse (2).

Una de las capacidades en el Barroco es el uso altamente ingenioso de la agudeza en el terreno de la poesía; pero también, en los conceptos que impulsan un tipo específico de sorpresa. Otra de las características consiste en un proceso asociativo de cualidades y términos que pertenecen a entornos diferentes, donde lo conocido se presenta como absolutamente no accesible a la aprehensión de lo concreto, (en esta configuración literaria aparecen las emociones y el criterio del límite en las vivencias cotidianas).

Realmente las obras de Góngora, El Polifemo y las Soledades se constituyen de pleno en un discurso-constitución de la nueva liberación de la metáfora, y de una corriente-estilo conocida como “gongorismo” (3).   Pertenece a Ovidio la referencia a Polifemo en su aspecto simbólico arcaico:  se trata de un cíclope que enfrenta al amante de Galatea y a quien convierte en un arroyo. En el caso de las Soledades, se ha interpretado que se trata de un naufragio, (tratándose de la Soledad primera), donde en un terrible naufragio ha quedado en una playa abandonado uno de los sobrevivientes. Este contempla una boda de los aldeanos de esta exótica tierra, mientras es atormentado por el recuerdo de su amada a la cual nunca volverá a ver.  El impacto de estos argumentos incomprensibles y de naturaleza oscura le enfrentó a la élite culta de su tiempo. No obstante, el contacto de sus textos en las Indias fue muy diferente (4). Durante el siglo XVII sus obras fueron muy bien recibidas por personalidades de la cultura y en especial por la poeta  Sor Juana Inés de la Cruz (quien glosó sus sonetos). El sacerdote de origen peruano, Juan de Espinosa Medrano (especialista en la historia literaria), realizó un estudio profundo sobre la obra de Góngora. En cuanto a la difusión y admiración apasionada, el escritor Carlos de Sigüenza y Góngora encontró un motivo de valoración exclusivo para propagar sus textos llegados de la península ibérica entre 1630 y 1640.

Los filólogos consideran que el primer escritor que integró el Barroco a los temas americanos (conocidos también como de las Indias) fue Bernardo de Balbuena (1562-1627). Posteriormente a su estancia en México se convirtió en el primer obispo de Puerto Rico.  Se considera como su obra cumbre, Grandeza Mexicana (1604). Imbuido de la tradición pastoril y con un culto extrapolado de la tradición renacentista que idealiza a la sibila Eritrea en su obra, Siglo de Oro en las selvas de Erífile (1608).  En su poema, El Bernardo o Victoria de Roncesvalles (1624), retoma la tradición épica contra Carlomagno, exaltando la voluntad de su pueblo (España) en dicha invasión. Inspirado en los restos arqueológicos de la capital azteca, Tenochtitlan, Balbuena pregona que México eclipsa a España y le supera. En lo referente a Góngora, su contribución se encuentra en el capítulo correspondiente a su obra, Grandeza Mexicana, (“Compendio apologético en alabanza de la poesía”).

Entre los iniciadores del Barroco en las Américas y apologista de Góngora se encuentra, Juan de Espinosa Medrano, (1632-1688). Se le nombraba “El lunarejo”, y sus íntimos, el “Sublime Doctor”. Fue un sacerdote de origen peruano que ante los ataques lanzados contra la poesía de Góngora por considerarse sospechosamente oscura por el escritor portugués, Manuel de Faria, publicó un estudio de rigor y bien   extenso en 1662, Apologético en favor de don Luis de Gongora príncipe de los poetas lyrics de España (5).  Dicho estudio pleno de erudición constituye hoy en día una pieza fundamental del Barroco hispánico.  En dicho estudio usando unos giros sintácticos desmesurados (como el hipérbaton) y una gama de frases aparentemente inconexas, Espinosa Medrano, reafirma la superioridad elocuente de Góngora frente a cualquier ancestro latino. Afirma que Faria se equivoca al situar a dicha poética como “carencia de alma”. Argumenta que en Góngora no se trata de poesía épica o heroica, sino de la lírica y el erotismo pleno ( y que por lo tanto no hace falta la alegoría).  La comparación que realiza al respecto es que la mitología de Polifemo fue usada en la Odisea de Homero, también por Virgilio en la Eneida y desde luego como habíamos afirmado por Ovidio en las Metamorfosis. Alega que ninguno alcanza la excelencia poética de Góngora. Ya en 1695, y de manera póstuma se publicaron en Valladolid sus sermones, La novena maravilla.  Sostiene que la esencia poética o la naturaleza de la poesía se revela en la forma donde está contenida. Para este autor la forma es además concepto, y donde el ingenio se manifiesta en toda su agudeza. Sin embargo, donde aplica sus concepciones barrocas es en la prosa, en especial en sus Centellas. Considera que el lenguaje en el Barroco es un terreno aparte de los usos comunes del lenguaje. Postula que ciertas formas como el hipérbaton no es un mero adorno o condicionante marginal, sino la pura naturaleza de lo poético. Critica severamente los usos del lenguaje durante el siglo XVI que se implantó en España a través del poeta Garcilaso. Aduce que esta tendencia creada por Dante, Petrarca y Bocaccio (y bien estimada en el Renacimiento), ha   tratado de ver en el lenguaje común la más excelsa naturalidad considerada por Medrano como pura ilusión.  Espinosa Medrano enfrenta la escuela del lenguaje de Juan Valdés (descrita en su obra, Diálogo de la lengua, 1535), y las doctrinas que sobre el mismo seguían autores y estudiosos como Hernán Pérez de Oliva, Francisco López de Gómara y Bernal Díaz del Castillo.

La proliferación del Barroco en tierras americanas se explaya en otra personalidad del entorno colonial hispánico. Se trata de Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695). De origen mexicano y ordenada monja de la congregación jerónima. Se codeó desde muy temprana edad con esclavos nahuas y de corte africano. De tal manera que usó giros idiomáticos en sus villancicos originados en esos contactos. Otra prueba de estas influencias es el fundamento de las danzas y composiciones que realizó de las cuales es la más alta representante de los denominados tocotines, (considerados los bailes y composiciones de naturaleza nahua), y que luego se identificó como literatura barroca.  Para Sor Juana Inés el amor se balancea entre la ironía y el frenesí.  Argumenta la irracionalidad del hombre y su imposibilidad para adentrarse en la belleza femenina debido a una falta innata de talento (6). Usa la forma poética del ovillejo para poder recrear la silva; cuya estructura se compone de versos heptasílabos y endecasílabos que conducen a su rima y a una mayor escala de expansión de los versos. Hay que tener en cuenta que el ovillejo es estrictamente riguroso y establece fronteras limitantes. El personaje poético que narra (en el caso de Sor Juana Inés) expone la belleza y sus atributos para describir en Lisarda lo que es su hermosura en los pies y su cabeza. En el terreno estructural el pie de arte mayor está identificado con el de la señora, (sin que el personaje poético pueda poseer conocimiento alguno). De esta manera el ovillejo (o bola de hilo) queda descubierto y desenmascarado.

En un terreno polémico y ensayístico, “Respuesta a Sor Filotea” describe su concepción estética y filosófica del arte: integra lo autobiográfico con pleno conocimiento de la literatura y el arte clásico; además de poseer un dominio intelectual del método escolástico. Estos argumentos eruditos se apoyan en un avanzado conocimiento de la literatura y la tradición occidental antigua. Este ensayo se origina en una respuesta al sermón del jesuita de origen portugués, Antonio de Viera.  La primera edición de dicho ensayo es de 1690. Aparece con el título de “Carta atenagórica”, y con una carta a modo de prefacio y amonestación firmado bajo el   seudónimo de “Sor Filotea”. En realidad, el autor era Manuel Fernández de Santa Cruz (obispo de Puebla). Dicho prefacio fue contestado por Sor Juana en 1691 (“Respuesta”). Se publicó ya fallecida la escritora en 1700. Constituye hoy en día una pieza del más alto nivel del Barroco hispanoamericano.

En el ámbito poético se valora su gran poema, “Primero sueño” (1692), dicho trabajo pertenece a la primera edición de sus textos. Este poema es una incursión en perpetua búsqueda del conocimiento. En ese insondable camino los sentidos poseen un afuera y un adentro. En la medida que se profundiza en dicho conocimiento los sentidos del afuera se apagan y los internos se incrementan. El resultado es una gama integrada de ensueños, memoria, fantasía y metáforas.  El poema alude a la mitología clásica en lo concerniente a la naturaleza, pero en vez de divinidades las convierte en animales conocidos.  La erudición del vocabulario del poema es de clara tendencia renacentista. Dicho poema abarca la majestuosidad de las pirámides egipcias y de manera exclusiva las mexicanas.  Los críticos aluden a la fuerte influencia sobre Sor Juana del estudioso jesuita de origen alemán,

Athanasius Kircher, en lo relativo a sus teorías sobre el origen del conocimiento humano, (quien sostenía que los ancestros mexicanos provenían de Egipto). En cuanto al tema del poema, el ascenso no es de carácter místico. La narración interna (omnisciente) nos proyecta a una búsqueda incansable. Existe en “Primero sueño” una dualidad de voces: la individualidad personificada y poética de Sor Juana, y una voz narradora enigmática como alter-ego. En su verso final: “el mundo iluminado, y yo despierta”, nos aproxima imaginativamente a ver su radical observación de “otra” personalidad en ascenso, para lo cual exclama que ella retornará al sueño para  alcanzar una plenitud de carácter meta- intelectivo.

Fue nombrada como la única poetisa, la décima Musa, en la portada de la primera edición de sus obras. Este acápite justificativo se debió a que la escritora posee una inigualable destreza intelectual, capacidad de incluir variados temas y especialmente una agudeza de signo lingüístico. Estos textos aparecieron compilados bajo el título, Inundación Castálida (1689). Se trata de un referente al manantial sagrado, Castalia, que se ubica a la entrada del Monte Parnaso y que se ha dedicado a las Musas.




El próximo referente del Barroco hispano fue Carlos de Sigüenza y Góngora (1645-1700). De origen mexicano (en ese tiempo de Nueva España). Perteneciente a la orden de los jesuitas (1662), y que luego fue expulsado en 1668. Fue un autor de una alta inteligencia intelectual y de un gran virtuosismo lingüístico. Fue un gran estudioso de los pensadores como Descartes, Copérnico, Kepler y Galileo. Fue docente en la Real y Pontificia Universidad de México. Se interesó en establecer la metodología científica en los estudios de las ciencias positivas bajo el criterio de la observación crítica (7). Junto a otros especialistas cartografió la costa del Golfo de México. Parte de su experiencia marítima se revela en su obra, Infortunios de Alonso Ramírez (1690). Fue un apasionado crítico de los desmanes cometidos en la colonización. Cuando supo que la obra de Bartolomé de las Casas, (Brevísima relación de la destrucción de las Indias), se había traducido al inglés con el propósito de desprestigiar a los españoles, inició un enfrentamiento contra la impronta inglesa en su espacio colonizador.

En 1683, publica una compilación de sus poemas titulado, Triunfo parténico que en glorias de María Santísima inmaculadamente concebida, celebró la pontificia, Imperial y Regia  academia Mexicana.  En un acto de homenaje justificativo a un poema en la obra de Bernardo de Balbuena, (“Primavera inmortal” de Grandeza Mexicana), publica en 1662, Primavera Indiana. Dicho poema alude a ciertos motivos de carácter histórico y de contenido religioso. Sin embargo, su mayor logro se ubica en la obra, Teatro de virtudes políticas que constituyen a un príncipe (1680). En dicha obra el príncipe está representado por una alegoría a la dinastía azteca precolombina.  La temática de la obra sigue el hilo conductor de las teorías de Athanasius Kircher expuestas en su voluminoso tratado, Oedipus Aegyptiacus (1652- 1654).

La concepción expuesta en esta obra trata de unificar el campo filosófico esotérico con el instrumental empírico de la investigación. Para Sigüenza (que sigue la visión de Kircher), la ascendencia mexicana proviene de Naphtuhim (fundador y creador gobernante del antiguo Egipto). En este mito antropológico este gobernante era hijo de Misraim, quien fue también hijo de Ham (nieto de Noé), de donde partió el origen de la civilización, cuya descendencia final fue México. Su interés fundamental fue identificar en una unidad dual las culturas y leyendas azteca con la fe cristiana. Una de sus aventuras barrocas de mayor interés fue la metamorfosis que realizó al considerar al dios mexicano de la guerra (Huitzilopochtli) que los cristianos consideraban un demonio,  como un “caudillo y conductor de los mexicanos en el viaje que por su disposición emprendieron en demanda de las provincias de Anáhuac  que habitaron los toltecas”.  El transcurrir mítico-barroco prosigue al identificar este autor en la leyenda del dios mexicano Quetzalcoatl con un apóstol cristiano de los primeros tiempos (8). Esta prospectiva también fue también descrita por algunos historiadores del Perú en relación a ciertas “visitas misteriosas” de apóstoles que se relacionaban con leyendas del Inca Garcilaso y Guaman Poma, de la llegada del apóstol cristiano de los primeros tiempos del cristianismo San Bartolomé  a lo profundo de los Andes.

El Barroco europeo:  una cierta teoría admite que el arte del Barroco  potencia la exageración en el adorno, además de irrumpir en un movimiento de desequilibrio frente al humanismo de la modernidad (9). Sin embargo, este movimiento también es potencialmente proporción, medida y altamente cultivador de la belleza (así lo prueban las obras de Velázquez y otros artistas).

Este movimiento cultural es un arte de lo religioso, primando lo fastuoso y los elementos de la nueva catequesis. Otros consideran que es un arte de la monarquía y el absolutismo. Pero en Holanda se desarrolló como  arte de la Reforma protestante, aliado a los nuevos estamentos de los nuevos ricos. Su extensión en el tiempo abarca los siglos XVII y XVIII. No es exclusivamente artístico como estilo; hay todo un entramado de vida, filosofía y literatura imbricados en su proyección.  En el aspecto del pensamiento científico fue la época de los tratados de las  matemáticas (cuyo referente es  el pensador Renato Descartes). En 1620, el inglés Francis Bacon publica la obra,  Novum organum, donde  se establecen las bases del método experimental, como necesidad especial en la investigación científica y el conocimiento como tal (10).

Las universidades dominadas por el pensamiento escolástico se resisten a los nuevos fundamentos de la metodología científica generando así una corriente de ideas y conceptos alejados de la nueva academia. Entre los científicos de prestigio sobresalen Galileo Galilei (en 1632, corroboró la teoría de Copérnico; es decir, el heliocentrismo). Para la misma época,  el médico de origen inglés apellidado Harvey, descubrió la circulación de la sangre (11).

Algunos de estos descubrimientos dieron paso a una inventiva posterior:  el caso de Torricelli (inventor del barómetro), y el de Pascal (quien destacó en el terreno de lo hidráulico). Esta línea de la actividad científica se agiganta con Newton (quien descubrió el cálculo infinitesimal y las leyes de la gravedad).

En el terreno filosófico, el puesto cumbre le corresponde a Renato Descartes (a pesar de ser matemático formuló su principio de la duda en la búsqueda de la verdad que lo llevó a la base de su epistemología filosófica: “pienso luego existo”). Actuó en sus investigaciones con los principios de la lógica deductiva y a priori. Fundó el racionalismo moderno desarrollado en su obra, Discurso del Método (1637).

La fundamentación culta se cimentó en lo literario: a pesar de considerarlos como Manieristas, Shakespeare y Cervantes pertenecen también al Barroco. Del primero tenemos obras distintivas que lo revelan:  Enrique V y Ricardo III, además de Hamlet, Macbeth y Otelo.

En España destaca el teatro con el genial Lope de Vega (entre sus ingentes obras cobran máximo interés,  El caballero de Olmedo); además de Tirso de Molina (con su obra representativa, El burlador de Sevilla); de Calderón de la Barca (entre sus obras su genial texto, La vida es sueño). En el género de la novela picaresca, el autor Mateo Alemán destaca con su creación literaria, Guzmán de Alfarache; y del gran Quevedo, el Buscón.  El Barroco representó una respuesta pesimista frente a la decadencia social y la deshumanización (12).

En el terreno poético (concerniente a España), destaca la figura de Luís de Góngora (su obra más representativa es el Polifemo). Este autor es el cultor de la tendencia literaria conocida como el culteranismo.

En Francia se cultiva un apoyo oficial a los proyectos de los autores del Barroco desde la Corte de Luis XIV. Destaca en la oratoria su máxima representación, Bossuet; en poesía, Boileau; en la dramaturgia, Corneille, Racine y Moliere. Cercano a Francia, y en el occidente europeo anglo (la Inglaterra de la época), destaca John Milton (con su obra representativa, El paraíso perdido, de una expresión mística y de arraigo bíblico).

La tendencia musical en el Barroco fue la ópera. Dicha tendencia florece en contraposición al clasicismo del órgano y de la música polifónica (13). Los máximos representantes son Jean-Baptiste Lully (de origen francés), los italianos Scarlatti, Monteverdi y Antonio Vivaldi (éste último es el autor de Las cuatro estaciones).

La manifestación arquitectural se desarrolla en Roma, en especial en la iglesia de Jesús de Roma (de la autoría de Vignola donde se hace uso de las columnas de fuste retorcido, conocidas como las salomónicas); dicho arte se expresa en la fachada como en el interior. Es de factura barroca la basílica de San Pedro de Roma realizada por Maderno y Bermini (14).

En España la arquitectura barroca adquiere gran resonancia con la temática religiosa (en especial la clerecía de Salamanca, la fachada de la catedral de Granada, el Palacio del Buen Retiro (de carácter no religioso), y la Plaza Mayor de Madrid.

Existe un prototipo de influencia del absolutismo monárquico en Francia que paraliza en la rigidez la obra. La expresión de este rasgo arquitectural es el palacio de Versalles (se conocen en este proyecto los arquitectos Le Vau y Hardouin-Mausart, el  escultor Girardon, y los pintores Le Brun y Le Nôtre.

El valor relevante en la escultura española es el movimiento ondulante. El escultor representativo es Bermini, y las obras más destacadas son las de Apolo y Dafne; así como el Éxtasis de Santa Teresa. También la escultura española barroca adoptó la tendencia religiosa, usando la técnica de madera policromada, destacando Gregorio Hernández (de la escuela de Valladolid), Martínez Montañés y Pedro de Mena (de la escuela de Andalucía).

La expresión figurativa en la pintura tiene a su más alto exponente en el Greco (Domenicos theotocopoulos); además de los representantes de diferentes escuelas como la Valenciana (con Ribera y Ribalta); la Andaluza (con Murillo y Zurbarán); y la Madrileña (con Diego Velázquez). De este último cabe nombrar las obras, La Venus del espejo, Las Meninas y Las Hilanderas (15).

Notas

1.-  Francisco Camino: Barroco, (Ollero y Ramos Editores SL., Madrid, 2002). ISBN 84-7895-172-5.

2.-  Eugeni d’Ors: Lo barroco, (Tecnos/Alianza, Madrid, 2002). ISBN 84-309-3764-1.

3.- Frederick A. de Armas: “Embracing Hercules/Enjoying Ganymede:  The Homoerotics of Humanism in Góngora‘s   ‘Soledad primera‘.” Caliope, Journal of the Society for Renaissance and Baroque Hispanic Poetry, vol. 8, no.1, 2002, pags. 120-145.

4.- Pedro Henríquez Ureña: Las corrientes literarias en la América Hispánica, (Fondo de Cultura Económica, México, 1969).

5.- Irving A. Leonard: La época barroca en el México colonial, (Fondo de Cultura Económica, México, 1995).

6.- Octavio Paz: Sor Juana o las trampas de la fe, (Fondo de Cultura Económica, México, 1995),

7.- Irving A. Leonard: Don Carlos de Sigüenza y Góngora: un sabio mexicano del siglo XVII, (Fondo de Cultura Económica, México, 1984).

8.- Mircea Eliade: El Chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis, (Ed. Fondo de Cultura Económica, México, 2000).

9.- Didier Anzieu: Crear, Destruir, (Ed. Biblioteca Nueva, Madrid, 1997).

10.- Jacques Le Goff: Pensar la historia, (Ed. Paidos, Barcelona, 1991).

11.- Mario Bunge: La ciencia. Su método y su filosofía, (Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1997).

12.- Rosa Giorgi: El siglo XVII, (Ed. Electa, Barcelona, 2007). ISBN 978-84-8156-420-4.

13.- Pierre Boulez: Hacia una estética musical, (Ed. Monte Ávila, Caracas, 1992).

14.- Manfredo Tafuri: Teorías e historia de la arquitectura. Hacia una nueva concepción del espacio arquitectónico, (Ed. Laia, Barcelona, 1973).

15.- Cennini Cennino: Tratado de la pintura (El libro del arte), (Ed. Meseguer, Barcelona, 1979).




ARTICULOS RELACIOANADOS

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Coopsano

809-580-2378spot_img

Supermercado Doble A

809-580-2204spot_img

ISM

spot_img

Ferreteria Genere

809-580-2929spot_img

Santiago Rodríguez Corre: 5K

spot_img

De estos precandidatos a concejales por el PRM.

KERUBANDA – 15 oct

OASIS Don Chuchospot_img