Santiago Rodríguez y el arte de sentarse a diseñar el porvenir con el presente entre las manos
Por: Racso Morejón
Santiago Rodríguez, RD. – Con una visión de veinte años por delante y una provincia que se escucha a sí misma, se produjeron en días pasados tres encuentros a manera de consultas municipales para ir armando la arquitectura de lo que serán las mesas de trabajo para discutir el futuro inmediato en la provincia y la región. Mientras hay localidades que esperan a que el futuro les llegue “de arriba” o lo que es lo mismo “de las instancias superiores”, ya Santiago Rodríguez ha decidido ir por su tercera ocasión para crear el diseño de su propio Plan Estratégico para su desarrollo socioeconómico con miras a los próximos veinte años; gracias a la iniciativa, en esta ocasión, de la Fundación para el Desarrollo de la Provincia de Santiago Rodríguez (FUNDESER) que liderea Romeo Lantigua y un equipo de gestión comprometidos en colocar a la provincia en un sitial superior dentro de la economía y el desarrollo del país en colaboración con otras instancias y autoridades provinciales y ministeriales.

Los santiagorrodriguenses decidieron sentarse a conversar y visualizar su porvenir llamando a toda la sociedad civil, sus autoridades, gremios y asociaciones de productores y comerciantes, educadores, gestores, medios y prensa en general para socializar inquietudes, propuestas, situaciones comunes que inciden justamente en el desarrollo de sus jurisdicciones y conciudadanos.
Santiago Rodríguez construye su Plan Estratégico 2026–2046
Fueron realizadas tres consultas municipales, llevadas a cabo entre los días 29 de septiembre y 1 de octubre, que abrieron el camino para el Plan Estratégico Provincial 2026–2046. Veinte años por delante. ¡No es poca cosa! Y la consigna, repetida en cada encuentro, fue sencilla, casi elemental, pero sonaba determinante: participar, proponer, construir entre todos ese Santiago Rodríguez que ha decidido marcar un antes y un después en el desarrollo de la región norestana.
Durante estas consultas municipales se pudo corroborar que la propuesta de FUNDESER encontró resonancia y apoyo metodológico dentro del Ministerio de Hacienda y Economía y está siendo asistida por Roberto Verrier, encargado del Departamento de Planificación Territorial del Ministerio de Hacienda y Economía, y una comitiva ministerial y regional que lo acompaña en estos encuentros; Verrier comentó durante sus palabras de motivación y asesoría que hace apenas tres meses habían recibido la comunicación por parte de FUNDESER solicitando al ministerio este acompañamiento como “una voluntad de la provincia -y del estado- por unirse en la construcción de un Plan Estratégico propio”; el funcionario puntualizó además desde un inicio que se trata de un plan que es iniciativa, responsabilidad e interés de toda la provincia, que no es un plan que viene dictaminado desde Santo Dominigo, destacando tener presente las brechas, desafíos, proyectos prioritarios, necesidades del territorio a partir de la identificación de sus propias necesidades locales. Es interés del ministerio —enfatizaba— y de la provincia, antes de que finalice el año en curso, poder contar con un Plan Estratégico provincial donde estén recogidos los proyectos que los tres municipios consideren de mayor impacto económico para sus actores, así como aquellos que, desde el punto de vista social, sean indispensables para sus pobladores.

Confieso que llevo días con esas escenas dándome vueltas en la cabeza. Lo que sí me quedó claro fue que de tanto escuchar sobre aquellas jornadas, terminé reconstruyéndolas a mi manera, dándoles una mirada positiva, optimista —dice el refrán popular que a la tercera va la vencida—, observando las caras entusiasmadas de los participantes, escuchando y conminando a sustituir la palabra problemas por situaciones con el deseo de que prime el buen ánimo ante las necesidades y vicisitudes a vencer.
Puede ver salas prácticamente llenas a media mañana. Alcaldes, productores, comerciantes, líderes comunitarios, maestros, miembros de la prensa local y representantes de distintos sectores hablando de lo que tienen, pero también —y esto es quizá lo más importante— de lo que todavía les falta. Nadie parece tener demasiada prisa por marcharse. Pero todos tienen algo que aportar, cada quien desde sus perspectivas y prioridades. Las salas de los tres ayuntamientos se convirtieron por esos días en un torrente de ideas, propuestas, necesidades y voces por ser incluidas en las futuras mesas de trabajo.
Así suena un pueblo cuando comienza a hablar de sí mismo con seriedad, pero también con la ansiedad por desarrollarse.
Las consultas comenzaron el 29 de septiembre en Villa Los Almácigos, en el Salón de Actos Don Neno Crisóstomo. Al día siguiente llegaron a San Ignacio de Sabaneta, donde el encuentro tuvo lugar en el Salón de Actos Ambrosio Echavarría. Finalmente, el 1 de octubre, la consulta llegó a Monción, al Salón de Actos Vicente Castro. Tres municipios, tres espacios vitales diferentes, tres realidades sociales concretas, pero una única preocupación los enlaza como una pregunta recurrente —y no son sus caminos vecinales y carreteras, obras de las que también se ha dialogado en estos contactos como una de las necesidades más imperiosas de la provincia—: ¿Qué Santiago Rodríguez queremos dejarles como legado a nuestros descendientes para su futuro?
Pero que los tres ayuntamientos hayan abierto sus puertas para discutir ese futuro es, por sí mismo, una buena noticia; primero, hace valer el liderazgo de las partes convocantes en sintonía con sus munícipes y, segundo, un gesto indiscutible para zanjar las fisuras en cada uno de los municipios.

Con más o menos participación, se vio a los alcaldes de los tres municipios: Miguel Ángel Mercado, de Villa Los Almácigos; Félix Marte, de Sabaneta; y José Espinal, de Monción. A ellos se sumaron el senador Antonio Marte, la diputada Juana Castillo y el diputado Nicolás López, en diferentes momentos, representados en el encuentro por sus asistentes en algunos casos, así como la gobernadora de la provincia. También estuvieron la Cámara de Comercio y Producción, INDENOR, la UASD, INFOTEP y otras instituciones de la provincia, con el acompañamiento técnico y la asesoría metodológica del Ministerio de Hacienda y Economía.
Y me gustaría hacer una pausa, porque hay algo que vale la pena mirar un poco más detenidamente.
Cuando las autoridades, la universidad, los empresarios, los productores y la comunidad consiguen sentarse alrededor de una misma mesa, la palabra «plan» deja de parecer otro documento que alimenta el burocratismo y es condenado a pernoctar años en un archivo. Porque este propósito de desarrollo no puede nacer únicamente entre cuatro paredes, dentro de un ministerio que, como acotaba Roberto Verrier, poco o nada conoce de las demandas, situaciones y necesidades concretas de la provincia, ni elaborarse desde un escritorio para después ser presentado a la gente como una tarea terminada que «de las instancias superiores». Esta nueva oportunidad se torna un compromiso que se engendra desde la propia visión de sus pobladores.
En virtud de la verdad, tiene que alimentarse de la gente común en la calle, del campesino, del comerciante, de aquellos productores que merecen más y mejores beneficios por el valor de sus productos, de las comunidades más desfavorecidas históricamente, de las necesidades concretas de toda la población y también de los sueños de quienes viven aquí, porque soñar con los pies -y las manos- en la tierra es tan legítimo como el mismísimo interés general por sacar a Santiago Rodríguez de ese limbo de desarrollo económico al que hacía referencia Verrier cuando se refería al estatus de desarrollo obtenido hasta ahora por la provincia y cito: «Santiago Rodríguez está ligeramente inferior al promedio del indicador económico del país, y está en una lucha por pasar a ser considerada una provincia dinámica».
A veces bastaba con mirar los rostros expectantes de los participantes para entender la importancia de esta nueva oportunidad de crecimiento y desarrollo que se plantea a largo plazo la provincia. Cada municipio habló desde su propia realidad. Villa Los Almácigos dijo sí. Allí, los representantes de los distintos sectores pusieron sobre la mesa necesidades, prioridades, propuestas y recursos. Hablaron desde lo que cada cual conoce, desde lo que sus coterráneos viven cada día, aportando ideas a la construcción de ese «Santiago Rodríguez que todos queremos»; frase que se dejaba escuchar con frecuencia en todos los grupos de debate.
Y es que escuchar a la gente no debería ser un gesto protocolar. Es, sencillamente, el primer paso para saber cuáles son y dónde están las oportunidades reales para crear y fomentar empleos sostenibles en aquellas ramas de la economía y los servicios que potencien índices de crecimiento verdaderamente en consonancia con la realidad del territorio; por eso eran recurrentes palabras e ideas como carreteras o caminos vecinales, producción de yuca, elaboración del casabe, provincia madre de las aguas, deforestación indiscriminada, abastecimiento de agua para la población dentro de sus casas y la agroindustria, el ecoturismo sostenible, el aumento de la base empresarial generadora de empleo para la juventud de la provincia, la capacitación y educación de su potencial humano enfocados en las verdaderas necesidades de la provincia, el eje medioambiental y la reforestación de las cuencas acuíferas y otras tantas necesidades aun por contemplar de manera más eficiente en este plan; miradas todas ellas capaces de ver dónde están verdaderamente las situaciones más acuciantes de cada territorio.
La Primera Consulta Municipal abrió un espacio para que distintos sectores compartieran ideas, preocupaciones y expectativas. De aquel intercambio quedó una frase que bien podría colocarse en la pared de cualquier oficina donde se hable de planificación: «El futuro que queremos no se diseña desde un escritorio». Se construye escuchando a la sociedad. Se construye participando. Y, sobre todo, se construye trabajando juntos.
Monción también dijo sí, pero aportó otro elemento imprescindible: la necesidad de conocernos a partir de diagnósticos que aporten datos y estadísticas reales. ¿Qué tenemos? ¿Qué hacemos bien? ¿Dónde están nuestras fortalezas? ¿En qué puntos se nos atasca el desarrollo? Y, claro está, qué oportunidades todavía no hemos sabido aprovechar. Porque para planificar el futuro primero hay que mirar de frente y desafiar el presente. Conocernos. Escucharnos. Y luego, entre todos, decidir hacia dónde queremos caminar. De ahí que las necesidades de cada municipio terminaran pareciéndose unas a otras, como esas voces diferentes que, sin ponerse de acuerdo, terminan entonando la misma canción: Villa Los Almácigos participa. Villa Los Almácigos propone. Villa Los Almácigos construye. Monción participa. Monción propone. Monción construye. Y Sabaneta con su propio sí, haciendo lo mismo desde su territorio.
¿Casualidad? No lo sé, pero no lo creo. La realidad de cara a los tiempos que se nos avecinan marcará la pauta, el ritmo y el compás que la provincia necesita y merece para desarrollarse en los próximos 20 años. Yo prefiero pensar que es un coro. Un coro con un director que no es otro que el pueblo de la provincia de Santiago Rodríguez.
Santiago Rodríguez no llegó a estas conversaciones con las manos vacías. Todo lo contrario. Hay un potencial natural y humano que la privilegia.
En Villa Los Almácigos se cultiva la yuca amarga; en Monción esa materia prima encuentra una tradición productiva que la convierte en casabe y ya se sabe que es su patrimonio más preciado a nivel mundial; y en Sabaneta la ganadería lechera continúa siendo un componente importante de la economía rural, pero que bien podría convertirse en otra locomotora para el desarrollo de la región fomentando, en paralelo a la producción de leche sus disímiles derivados.
Hay trabajo. Hay conocimientos y tradición acumulados durante generaciones. Hay productores que saben hacer lo suyo y comunidades que han aprendido a sobrevivir, crear y producir incluso cuando las circunstancias no siempre han sido las más favorables. Todo eso se ha sabido reconocer al amparo de estos encuentros y eso dice mucho de la resiliencia de una provincia y de sus mujeres y hombres. Esa cadena de valores se pudo hacer sentir como colofón de estas consultas y eso anima a creer en el futuro, sobre todo si se tiene conciencia de que «el futuro es ahora». La materia prima, entonces, está ahí entre sus pobladores.
Por otro lado, se percibe que hay gestión y liderazgo comprometidos, vocación de producir y servir, experiencia y memoria como para no tropezar de nuevo con la misma piedra. Lo que hacía falta era encontrar la manera de conectar nueva vez esas piezas, fortalecerlas y proyectarlas con nuevos ímpetus. Y ahí es donde el Plan Estratégico que está impulsando FUNDESER puede convertirse en algo más que un documento gris y ser ese hilo capaz de unir lo que ya existe más allá de cualquier mínima diferencia. Porque veinte años, señores, no se improvisan. Santiago Rodríguez amerita salir del atolladero de las improvisaciones porque potencial —y potencia— tiene para conseguirlo con todos los actores «jalando la carreta para el mismo laó» —como dice el refranero popular.
El horizonte 2026–2046 obliga a pensar más allá de la coyuntura, más allá del período de una administración o de los intereses particulares y/o partidarios de un momento determinado. Los aportes recogidos durante estas consultas servirán como insumo para el diagnóstico provincial y para definir las propuestas, estrategias y acciones que deberán darle cuerpo al plan en las diferentes mesas de trabajo donde la provincia toda se podrá sentar a mirarle la cara a su futuro.
La aspiración es que esa hoja de ruta recoja la realidad de los tres municipios y, sobre todo, las expectativas de quienes viven y trabajan en ellos. Ahora comienza una parte todavía más difícil: convertir todas estas palabras en decisiones y las decisiones en resultados concretos. Una responsabilidad de todos y cada uno. Porque participar en una consulta, dos, tres, es importante, pero no es suficiente. Lo verdaderamente complicado viene después, cuando toca priorizar, buscar recursos, coordinar voluntades, aunar intereses dispersos, corregir errores y mantener el rumbo cuando aparezcan las inevitables dificultades, incluso los escépticos.
De lo que sí no nos debería caber una sola duda es que algo cambia la manera de ver, comprender y acometer nuestros destinos cuando una provincia comienza a escucharse a sí misma. El comerciante comprende que su voz cuenta. El productor descubre que no está aislado, sino que forma parte de una cadena mucho mayor. El joven que levanta la mano para cuestionar su destino comprende que interesarse por el futuro también es una forma de empezar a construirlo. Eso, queridos lectores, es quizá lo más valioso que dejaron estas tres jornadas.
Falta camino. Mucho, probablemente.
Pero toda siembra comienza de la misma manera: con una semilla y una tierra bien roturada dispuesta a recibirla. Santiago Rodríguez, con la iniciativa de FUNDESER por rescatar de la desidia dos intentos anteriores de planes estratégicos, ya puso ambas. Ahora toca cuidar la siembra. Y después, claro, cosecharla; para entonces habrá que velar porque dé buenos frutos. Es también una responsabilidad de todos.
No quiero terminar estas primeras impresiones sin dejar de compartirles uno de los momentos de mayor integración que notábamos al calor de estos encuentros. Se estableció una dinámica para que interiorizáramos, de cara a la concepción de un Plan Estratégico, hacia dónde queremos llegar como provincia. Para ello, el ejercicio consistió en aportar cada cual una palabra que enmarcara el objetivo y el destino simultáneamente; la pregunta era simple: ¿Qué debemos preservar de la provincia no obstante? Reto que mostró la mayor identificación de intereses comunes entre todos los participantes. Y las respuestas no se hicieron esperar, y acaso formen parte indispensable del diagnóstico que dejan estas primeras «tormentas de ideas», como a mí me gusta llamarles, de modo que aglutinaron en una misma visión Cultura, Naturaleza, Tradiciones, Agua, Medioambiente, La gente, Historia, Ecoturismo, Solidaridad, Sentido de pertenencia, Seguridad, Calidad de vida, Comercio, Unión provincial, Ganadería…
Quedemos pues pendientes para cuando sean servidas las mesas de trabajo.
