SOBEIDA Y SU SOBERBIA

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Por: Leonel Martínez*

Es evidente que dos Sobeida Félix llegaron al tribunal, aunque en fechas diferentes. Cada una de ellas con características propias. La primera fue llevada cubierta de vergüenza, sin más fama que el escándalo. Temía dejar ver su rostro, razón por la que una camiseta cubría, por demás, una cara sin maquillaje ni expresión de alegría. Las cámaras eran su terror y los periodistas con las preguntas necias, la imagen del mismo demonio.

La segunda Sobeida arribó sonriente, con todo el oropel de las estrellas famosas, contenta con el enfoque de las cámaras, saludando a los reporteros gráficos y a su público que la contemplaba y aplaudía complacido de su regreso.

Qué podía explicar este doblaje de su personalidad?. ¿Cómo era posible que en tan sólo meses se haya transformado a ese nivel?. Ciertamente que la segunda Sobeida  no se parecía en nada a la primera. Su comportamiento último, ante la jueza, resultaba una muestra fiel de que en la sala de audiencia la que estaba sonriendo con inusual tranquilidad era otra Sobeida. Algunos tuvieron la sensación de que la persona con casco y esposa que enviaba su sonrisa a los televidentes recibiría alguna placa de reconocimiento por su éxito.

En verdad, otros también habían cambiado, sobretodo, quienes la custodiaban. Ahora mostraban sin disimulo el orgullo de proteger casi una actriz de cine en su entrada al Hollywood de Ciudad Nueva. Como sucede con los de la pantalla grande, la diva de la sonrisa daba la confusa impresión de que acudía a aquel lugar más que a una audiencia a colocar su estrella sobre la acera para estampar allí sus triunfos cinematográficos.

Sin embargo, no olvidemos que lo de la pantalla es pantalla. La realidad triste es otra. La espada de Temis tarde o temprano será desenvainada para atravesar el prestigio, la fama y la soberbia de quienes con prueba se demuestre que son culpables, entonces habrá lágrimas, no existirá espacio para la sonrisa, porque después de todo, la cárcel es la cárcel.

Y al decir de  Quevedo, “La soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió”. Retumbarán en el yo soberbio las palabras sabias de Santa Teresa de Jesús, “Cuando estuvieres alegre, no sea con risas demasiadas, sino con alegría humilde, modesta, afable y edificativa”. Por lo tanto, cuando se sabe reír con sobriedad, se ahorran explicaciones.

Panthein era una palabra griega que cortejó a quienes esperaban una sanción de los tribunales por haber cometido un delito. Significaba “lamentarse”, “afligirse”, “deplorar”, “llorar”, “estar de duelo”. Describía el dolor que no podía ser ocultado, la pena que trae padecimiento al corazón y lágrimas a los ojos. Aunque reír no es malo, aquel debió ser un momento para la aflicción y la lamentación, antes de darle cabida a la máscara de la indolencia, a esa sonrisa soberbia de Sobeida.

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