Santiago Aguilera
Santiago Aguilera “Mamboy”: de Sabaneta al arbitraje internacional en España
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Santiago Aguilera “Mamboy”: de Sabaneta al arbitraje internacional en España

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El niño que comenzó jugando béisbol en los barrios de Sabaneta, intentó abrirse camino como pelotero, estudió Derecho y emigró a España en 2008. Años después, su conocimiento de las reglas y una pasión que nunca abandonó lo llevaron al arbitraje internacional.

Por: Juan Pablo Bourdierd

Sabaneta, Santiago Rodríguez, RD. – Cuando Santiago Aguilera, conocido por todos los tomineros como “Mamboy”, comenzó a jugar béisbol siendo niño en Sabaneta, difícilmente podía imaginar que aquellas tardes entre amigos terminarían abriéndole, muchos años después y a miles de kilómetros de su tierra, las puertas del arbitraje internacional.

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Su relación con la pelota nació prácticamente frente a su casa, influenciado por la familia Reyes, vecinos que vivían subiendo por la calle Sánchez y para quienes el béisbol formaba parte de la vida cotidiana.

Santiago Aguilera
Reconocimiento: Campeonato Absoluto Femenino Softbol 2025

Santiago Aguilera y una infancia marcada por la disciplina

“Conocí el béisbol gracias a mis vecinos del frente, los Reyes. Ahí jugaban béisbol; bueno, hasta el perro de la casa estaba metido en eso”, recuerda Aguilera.

Aquella influencia terminó llevándolo hasta la Liga del Peje, dirigida por Celso Vargas, uno de los espacios donde numerosos niños y jóvenes de Sabaneta comenzaron a desarrollar sus habilidades deportivas.

Mamboy no esconde que al principio estaba lejos de sobresalir.

“Era bien malo, pero la constancia hace que el ser humano mejore. Con el tiempo logré alcanzar el mismo nivel atlético de mis compañeritos”, relata.

Era apenas el comienzo de una relación con el béisbol que atravesaría diferentes etapas de su vida.

Santiago Aguilera
Reconocimiento: Mejor Arbitro Internacional de Softbol 2025

Una infancia marcada por la disciplina familiar

Santiago es hijo de Andrés Aguilera, oriundo de la comunidad de El Montazo, y Angelita Familia, procedente de La Descubierta, Bahoruco.

Su padre era guardia y su madre ama de casa. De ellos, asegura, recibió una formación fundamentada en la disciplina, el respeto y la responsabilidad.

“Tuve la suerte, gracias al Señor, de coincidir con muchas personas ejemplares. Una de las preocupaciones de mis padres era que nosotros no saliéramos fumadores. En mi casa fumar era una mala palabra”, recuerda.

Aquella educación terminaría influyendo también en su manera de comportarse dentro y fuera de los terrenos deportivos.

Mientras otros jóvenes se concentraban únicamente en jugar, Santiago comenzó a interesarse por un aspecto diferente del béisbol: las reglas.

Sentía curiosidad por entender cada jugada, las decisiones arbitrales y las situaciones que podían producirse dentro de un partido.

En aquel momento no podía saberlo, pero ese interés temprano por el reglamento terminaría convirtiéndose en una herramienta fundamental para su futuro.

Santiago Aguilera
Reconocimiento del Consulado de RD. en Barcelona España

El sueño de llegar como pelotero

Como muchos niños dominicanos, Mamboy soñó con alcanzar el béisbol profesional.

Su desarrollo como jugador le permitió avanzar hasta tener una oportunidad en una escuela vinculada a los Yankees en Santo Domingo, donde intentó continuar su trayectoria dentro de la pelota.

Sin embargo, el camino como jugador no terminó de abrirse.

Cuando quedó claro que aquel sueño no iba a concretarse, Santiago tuvo que cumplir un acuerdo que había establecido con su padre.

“Después de frustrarse la trayectoria como jugador, debía estudiar. Era un acuerdo con mi padre, innegociable”, explica.

Cambió entonces el terreno de béisbol por las aulas universitarias y logró graduarse como licenciado en Derecho en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

Pero la pelota nunca desapareció completamente de su vida.

Veinte pesos que nunca olvidó

Mucho antes de convertirse formalmente en árbitro, Santiago tuvo una experiencia que hoy recuerda como una de las primeras señales de lo que vendría después.

Entre 1992 y 1993, José Vicente, conocido como “Che”, debía arbitrar un partido, pero aparentemente no llegó a un acuerdo económico para trabajar el encuentro.

La oportunidad cayó inesperadamente en manos de Mamboy.

Santiago aceptó.

El partido salió bien y al terminar recibió 20 pesos.

Aquella cantidad, pequeña vista desde el presente, representó mucho para un muchacho de la época.

“Le di 15 pesos a mi abuela y me quedé con cinco. Eso fue una fortuna para mí”, recuerda.

Era su primer pago como árbitro.

Una decepción que lo alejó del arbitraje

Animado por aquella primera experiencia, Santiago acudió posteriormente al Estadio de Sóftbol Federico Thomas para trabajar en otro partido.

Fue el primero en llegar y nuevamente consideró que había realizado un buen trabajo.

Pero al terminar ocurrió algo que lo marcó.

Según relata, cuando fue a cobrar el encuentro, un hombre de apellido Marte, conocido como mecánico, se negó a pagarle porque consideraba que Santiago era todavía un niño y debía aprender a hacer las cosas por amor al deporte.

Mamboy guardó silencio.

“La educación que tenía me hacía incapaz de faltarle el respeto a un adulto. Me sentí muy triste”, recuerda.

Aquella experiencia fue suficiente para que decidiera abandonar momentáneamente el arbitraje.

El día que no duró ni un minuto

Su siguiente experiencia tampoco fue precisamente gloriosa.

Un día acudió al estadio de sóftbol y encontró jugando a Las Estrellas de Don Adolfo Báez.

En aquel partido estaba Manuel Reyes, el pelotero que Santiago admiraba y que, según recuerda, representaba el jugador que él siempre había querido llegar a ser.

También se encontraba lanzando Nelson Toribio + “Barba de Oro”.

Durante una jugada en primera base, Santiago terminó entrando a arbitrar. El lanzador realizó una acción hacia la inicial y Mamboy tomó una decisión equivocada.

La reacción fue inmediata.

“Así como entré rápido a ampayar, así mismo me sacaron. No duré ni un minuto”, recuerda.

Para él fue una vergüenza: había fallado frente al público y precisamente con Manuel Reyes, su jugador favorito, dentro del terreno.

Años después, aquellas equivocaciones formarían parte del aprendizaje de quien llegaría a trabajar en importantes escenarios internacionales.

César Saint-Hilaire, el árbitro que llamó su atención

Entre las figuras que influyeron en su interés por el arbitraje aparece César Saint-Hilaire.
Mamboy recuerda haberlo observado durante un partido entre Monción y Los Macarecios.
Su presencia dentro del terreno lo impresionó.

“Nunca había visto un árbitro con tanta autoridad, tanto respeto y tan profesional dentro del juego. Eso me llamó mucho la atención”, expresa.
Aquella imagen de autoridad y conocimiento quedó guardada en su memoria durante años.

Del Derecho a una carrera profesional

Tras graduarse de Derecho, Santiago comenzó a trabajar en la Oficina Nacional de la Propiedad Industrial (ONAPI).

Ese empleo abrió una etapa completamente diferente.

A través de su trabajo tuvo la oportunidad de viajar por numerosos países de América Latina y conocer naciones con mayor desarrollo en materia de propiedad industrial.

Su experiencia profesional también facilitó que obtuviera visados para otros destinos, incluidos Suiza y España.

Mientras desarrollaba su carrera en República Dominicana surgió, sin embargo, una preocupación relacionada con la estabilidad laboral dentro del Estado ante los cambios políticos.

Con unas elecciones próximas y temiendo perder el espacio profesional que había construido, comenzó a considerar la posibilidad de emigrar.

España ofrecía una alternativa.

Su madre y otros familiares residían allí y Santiago tenía visa.

En 2008 tomó finalmente una de las decisiones más importantes de su vida: trasladarse a España.

España y el reencuentro con la pelota

La llegada a Europa representó comenzar nuevamente.

Para despejar la mente, combatir el estrés y mantenerse vinculado al deporte, buscó una liga de sóftbol y volvió a jugar.

Ese regreso al terreno terminó convirtiéndose en el punto de partida de una segunda vida deportiva.

Su antigua curiosidad por las reglas seguía intacta.

Con el objetivo inicial de ampliar sus conocimientos, realizó un curso de béisbol y sóftbol en la Federación Catalana de Béisbol y Sóftbol.

No había llegado allí pensando en convertirse en uno de los árbitros destacados del país.

Simplemente quería aprender más.

Pero sus conocimientos, disciplina y pasión comenzaron a abrirle espacios.

De estudiante de reglas a árbitro internacional

Con los años, Santiago Aguilera fue avanzando dentro del sistema arbitral español.

Participó en talleres y programas de formación vinculados a organizaciones como la WBSC, USSSA y la Real Federación Española de Béisbol y Sóftbol (RFEBS).

También trabajó en el proyecto MLB Europa y en diferentes torneos organizados por Major League Baseball y Perfect Game.

Su crecimiento le permitió formar parte del cuerpo arbitral en encuentros entre las selecciones de España e Italia, así como participar en importantes competiciones internacionales.

Entre las experiencias de Santiago Aguilera figuran el Torneo Superior Absoluto Europeo, competencias internacionales disputadas en Orlando, Florida, Estados Unidos, y la final del Campeonato Europeo Absoluto de Sóftbol Femenino.

En España alcanzó la categoría Absoluta, mientras que dentro del ámbito europeo posee nivel Internacional.

Lo que había comenzado décadas atrás como una curiosidad por conocer las reglas se había convertido en una carrera.

Los reconocimientos comenzaron a llegar

El trabajo de Mamboy dentro de los terrenos no pasó inadvertido.

En 2023, la Federación Catalana de Béisbol y Sóftbol lo distinguió como mejor árbitro.

Dos años después, en 2025, llegó uno de los mayores reconocimientos de su carrera al ser seleccionado como mejor árbitro de la Real Federación Española de Béisbol y Sóftbol.

Ese mismo año recibió además la distinción de mejor árbitro internacional de la Federación Catalana de Béisbol y Sóftbol.

Su trayectoria también ha sido reconocida fuera de las organizaciones deportivas.

El Consulado General de la República Dominicana en Barcelona, España, le entregó un reconocimiento por su desempeño y trayectoria.

Para aquel muchacho que alguna vez salió triste de un estadio porque no quisieron pagarle un partido, el recorrido había dado una vuelta extraordinaria.

La pasión como principal herramienta

Cuando Santiago Aguilera mira hacia atrás, no atribuye su crecimiento a una fórmula secreta.

Habla fundamentalmente de pasión.

Santiago Aguilera atribuye su crecimiento dentro del arbitraje internacional a la pasión, disciplina y entrega que ha mantenido durante años en cada etapa de su carrera.

“Mi crecimiento como árbitro internacional ha sido por la pasión que le he puesto. Jamás pensé que podía llegar al nivel al que he llegado. Tal vez, si mi visión hubiese sido otra, quizás podía haber llegado más lejos, porque soy muy apasionado con lo que hago”, reflexiona.

La vida terminó llevándolo hacia un lugar distinto al que había imaginado cuando era niño.

No llegó al béisbol profesional como jugador. Se convirtió en abogado, trabajó en la administración pública dominicana, viajó por América Latina y en 2008 dejó su país para iniciar una nueva etapa en España.

Pero aquella pelota que conoció gracias a los Reyes, sus vecinos de Sabaneta, nunca lo abandonó.

Las reglas que Santiago Aguilera aprendía por curiosidad terminaron siendo parte de su profesión deportiva; las primeras equivocaciones se convirtieron en experiencia y aquellos 20 pesos recibidos por su primer partido quedaron como el recuerdo lejano de una carrera que después cruzaría fronteras.

Hoy Santiago Aguilera “Mamboy” arbitra en la categoría absoluta española y posee nivel internacional en Europa.

Su historia comenzó en los terrenos de Sabaneta, pero encontró en España el escenario donde pudo demostrar que algunos sueños no desaparecen cuando cambia el camino.

Simplemente encuentran otra manera de llegar.

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Un comentario

  1. Tú impecable disciplina y tú pasión por este deporte te ha llevado a dónde estás hoy en día y no tengo duda que aún llegarás más lejos

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