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Pedro Carreras Aguilera

Pedro Carreras Aguilera en Ecos de Personajes Poéticos

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Por: Sandra Fernández – Escritora. Reside en Santiago Rodríguez.

Feliz sábado mis queridos amigos, Las respuestas a 15 preguntas, de Ecos de Personajes Poéticos, nos llevaran a conocer a un escritor muy laureado  por sus múltiples obras literarias, entiendo que es un hombre  bienaventurado,  dice Carlyle:  Puede considerarse bienaventurado y no pedir mayor felicidad el hombre que ha encontrado su trabajo, Don Pedro Carreras Aguileras, es un escritor consumado, y nos honra tenerlo hoy en Ecos de Personajes Poéticos

Nestor Estevez 4ta Feria Libro SR 2021 Sandra
Sandra Fernández – Escritora

    Empezamos:     

EPP: ¿Podría decirnos su nombre completo y lugar de nacimiento?

              PCA: Mi nombre es Pedro Carreras Aguilera. Nací en el paraje Arroyo del Montazo, sección de Thomas, en los intramuros de la Cordillera Central, San Ignacio de Sabaneta, Santiago Rodríguez, el 18 de diciembre de 1954. En ese año se produjo la visita del dictador Trujillo y su esposa, María Martínez Alba a España. Una vez la pareja fue recibida por el dictador Francisco Franco, visitaron a un menudo pueblito español llamado Chiclana de la Frontera, donde nació doña Sebastiana Alba, la madre de María Martínez Alba. Allí la señora Martínez donó 10,000 dólares para los planes educativos de aquella comunidad. En tanto, la donante fue declarada Hija Adoptiva de Chiclana de la Frontera y una de sus calles fue bautizada con el nombre de Rafael Leónidas Trujillo. De España la pareja pasó a Roma, donde el pontífice romano y el sátrapa firmaron el Concordato entre el papado romano y la Iglesia Católica de la República Dominicana. Fue durante ese viaje que nació la idea de llevar a Ramfis Trujillo como vicepresidente de la República, para luego transbordar a la Presidencia y así, ir tejiendo la dinastía trujillista, la cual se prolongaría mientras al mundo le quedaran días.

 Para esa fecha al siglo II le quedaban 46 años y se montabas todo lo relativo a la Feria de la Paz y la Confraternidad del Mundo Libre, para en 1955 celebrar por todo lo alto un cuarto de siglo de la dictadura trujillista. Para entonces, la dictadura de Trujillo transitaba sus 24 años. Rafael Leónidas Trujillo tenía 62 años de edad, Joaquín Balaguer tenía 48 años; Juan Bosch poseía 45 años de edad y 16 años en el exilio y José Francisco Peña Gómez era un joven de 17 años. Y 7 años más tarde el jefe Moriría cocido a plomo, como mueren los tiranos. De manera que aquí los dictadores no mueren en su cama. 

        EPP: ¿Quiere contarnos un poco de su vida y actividad literaria?

        PCA:  He dedicado mi vida a la familia, al trabajo, a la investigación y a la publicación de algunos libros. En lo relativo a mi familia, me casé con una mujer excepcional, con ella he caminado por los caminos de la vida, en las buenas y en Las malas; nos hemos llevado bien. Procreamos cuatro hijos, dos de ellos mellizos. Dos médicos, uno ingeniero y el tercero contable y administrador de empresa. En lo pertinente a la investigación esta actividad ha ocupado gran parte de mi vida, y me ha llevado a publicar 15 libros. Poseo varios trabajos sin publicar. Pienso este nuevo año realizar por lo menos dos publicaciones. Mi vida ha sido una constante carrera para superarme. Desde mi adolescencia he vivido rodeado de libros y a los libros le he entregado mi carreta. El 18 de diciembre de 1964, yo cumplí mis primeros 10 años y mi madre viajó a Sabaneta en compañía de mi padre y me regalaron de cumpleaños La edad de oro de José Martí, una edición de lujo de la editora Kapelusz, adquirido en la Librería Ferdinand. Ese fue el inicio del mundo de la lectura para mí.

EPP: ¿Se ves más como escritor o como poeta?

    PCA: En 1974 me inicié en la literatura con la poesía, pero luego me di cuenta de que ese no era mi camino. Un día del cual creí lograr su olvido absoluto, castigué mis malas poesías con el incendio. Ahora me doy cuenta de que en mi olvido no hay olvido para olvidar esa atrocidad, semejante al incendio de la Biblioteca de Alejandría y al incendio de la Biblioteca de Emilio García Godoy en la Vega en 1924. Así que con toda mi mala poesía vuelta ceniza, busqué otro camino como quien a distancia avizora otro mundo y me escudé en el cuento, de ese esfuerzo salió una propuesta cuentística que titulé El galipote bellaco y otros asombros. Este trabajo todavía permanece durmiendo en mi biblioteca. Ese esfuerzo es el hijo que nunca quise, pero nunca me he atrevido a someterlo al tormento del fuego como hice con la poesía, aunque advierto que estos cuentos son tan malos como mis versos incendiados. 

Con esos dos fracasos acuesta me decanté por la novela y aunque realicé tres publicaciones y gustaron a mis lectores, no creo que con ellas conseguí lo que buscaba. Con esas dos derrotas a cuesta, me involucre en la investigación y  en el cultivo del ensayo, que es lo que hago actualmente, y es por demás, el género que domino con más facilidad.

EPP: ¿Cuáles son los temas que más le gusta desarrollar en sus poemas?

     PCA: Aunque, ya como he dicho no cultivo la poesía, soy un asiduo lector de poesía, prefiero consumir la que aborda temas sociales. Me parece pertinente que la poesía le cante a los humildes, a los olvidados, a los del montón, la poesía es una espada cargada de futuro. Ella tiene el sagrado deber de pelear la buena batalla a favor de los descamisados. Si la poesía no sirve para humanizar a un mundo cargado de impiedades, entonces, la poesía habrá cantado en vano.

EPP: ¿Cuál es su autor o autora favorito-a?

PCA: Aunque tal y como he dicho anteriormente, abdiqué al cultivo de la poesía, pero reitero, me gusta mucho la poesía, la consumo diario. Tengo una larga lista de poetas favoritos: Miguel Hernández, poeta valiente y humano; Pablo Neruda, la voz de la América morena; Octavio Paz, el culto a la presencia del hoy; Federico García Lorca, palabras de azúcar, de diamante y de dolor; Domingo Moreno Jimenes, siempre poeta, y su empeño en cantarle a nuestra América; René del Rico Bermúdez y el remedo de El viento Frío, Manuel del Cabral y su Compadre Mon, entre otros. Ya fuera de la poesía mis autores favoritos son en el plano nacional, Pedro Henríquez Ureña, Juan Bosch, Camila Henríquez Ureña, Emilio Rodríguez Demorizi, Francisco Ulises Espaillat. Me fascinan novelas como Don Quijote de la Mancha de Miguel Cervantes y Saavedra, Los Miserables de Víctor Hugo, El retrato de Dorian Gray y La importancia de llamase Ernesto de Oscar Wilde. En busca de los tiempos perdidos de Marcel Proust, Narraciones extraordinarias de Edgar Allan Poe, El Mundo es ancho y ajeno de Ciro Alegría, Doña Bárbara de Rómulo Gallegos, Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, Cuentos de amor, de locura y de muerte de Horacio Quiroga, Fedor Dostoievski, Crimen y castigo, la narrativa de Juan Rulfo, entre otros. 

EPP: ¿Cómo definiría su poesía?

PCA: Mire, un joven exquisito poeta nacido de un lugar de la Mancha de cuyo lugar no quiero acordarme, que me hizo un escándalo a través de Facebook porque yo definí el soneto como la conjunción de dos cuartetos y dos tercetos, y sigo pensando eso. Esa fue una jocosa definición de Don pedro Mir cuando era mi profesor de Estética. Eso no le gustó al culto aeda, quien está atento por si un día un soneto al mandan a ser violante. Ahora, con el permiso de ese distinguido Marco Porcio Catón, de ese respetado Catón de Utica, me voy a atrever a darle una definición un poco mostrenca, al estilo canto de hacha, a modo de esos merengues que bailaba Trujillo en la Línea Noroeste, como amenazando a la dama con su bragueta, como se cantaba en la sierra, creo que la poesía es música, magia y misterio. Creo que toda retórica poética cabe en esa precaria definición. La poesía es el inequívoco triunfo de la palabra, la palabra dura como el diamante y eterna como los tiempos. La poesía nos hiere el alma o no quiebra la vida, pero de toda manera, ella sirve para avizorarme que una sábana blanca serán nuestros días.

EPP: ¿En qué se inspira a la hora de escribir?

PCA: Yo comencé a escribir artículos para un periódico político y también para una revista política. Era entonces un hombre joven de apenas veinte años. Pero no vaya  usted a creer eso de que veinte no es nada, veinte años es tiempo suficiente como para que se nos fermente el guarapo y se nos envejezcan las ganas. Yo soñaba con cambiar el mundo. Era entonces un hombre lleno de sueños. El campo donde nací no parecía un escenario prudente para darle rienda a tantos sueños que me roían el alma. Partir tras en pos de conocimientos, saberes e informaciones se convirtió en mi más anhelada meta. Eran los tiempos de cantar a coro: “Habrá un nuevo mundo/inmenso y melodioso/ donde las noches serán tan claras/ como la luz del día. / Ahí está nuestro mundo”. O de ese: Ven que contigo quiero comenzar un sueño/ que no acabará. / No, no temas al tiempo/ que la luz del cielo no se apagará”. En tanto, yo seguía intentado ser poeta y escribiendo artículos. No tardó mucho tiempo en que mis artículos comenzaran a producir algunos elogios en mis lectores y compañeros.  No pocos de ellos me estimularon a que me dedicara a escribir. Eso me obligó a aprender a manejar la lengua y el oficio de escribir. Llegó un momento en que pensé que podía servir más a mi patria con las letras que con la política, entonces llegó ese momento mágico en que me fui  comprometiendo con las letras. Fue así como dejé atrás las bregas partidarias y a partir de entonces, lo que fuera mi suerte la cambié por la literatura. Así se fue gestando mi mundo de escritor. 

EPP: ¿Cómo le gustaría que le recordaran?

PCA: No aspiro que mi recuerdo se extienda más allá de mi novenario. Después de mi viaje, de mi viaje infinito es preciso el olvido. Yo me iré un día cualquiera y los pinos que cubren el campo donde nací seguirán creciendo en mi ausencia. Las frondas se vestirán de un frac nuevo cada primavera y mi nombre se irá borrando raudamente como se degastan las nubes en un cielo tachonado de azul. Y con el transcurrir de los días, mi nombre se borrará definitivamente de la memoria de los hombres. No busco que mi nombre embadurne una pared, con el olvido es suficiente. Tampoco busco que mi nombre sea colocado en una tarja, solo aspiro merecer un ataúd de pino verde y que me lleven a descansar en una fosa cavada tierra adentro al lado de mi madre. Allí en el descanso eterno, mis huesos sonreirán cada vez que Sabaneta crezca y se desarrolle. Yo me iré y el pueblo se hará nuevo cada día. Y eso es suficiente.

EPP: ¿cuál sería una de las formas más antigua de la literatura y cuál es la que más le gusta leer?

PCA: Bueno, la lectura de Las mil y unja noche y la Odisea, me dejaron la impresión de que la narrativa es el género más antiguo de la literatura. Por otro lado, el libro que más me impresiona es Don Quijote de la Mancha. De esta impresionante novela se ha dicho que está escrita para que el joven ría cuando la lea, el hombre maduro la contemple y el anciano luego de su lectura llore, porque es un texto escrito para apuñalar la psicología humana. De ahí que todo buen escritor ha de leer, por lo menos, tres veces este texto sin par y singularísimo.

EPP: – ¿Cuáles son los escritores/as o poetas que recomienda leer?

PCA: Recomiendo a todo dominicano que se interese en la literatura, que lea los clásicos dominicanos: Pedro Henríquez Ureña, Camila Enríquez Ureña, Juan Bosch, Américo Lugo, Emilio Rodríguez Demorizi, Ulises Francisco Espaillat, Pedro Francisco Bonó. Que se lea la poesía dominicana, tales como Salomé Henríquez Ureña, Pedro Mir, Manuel del Cabral, Domingo Moreno Jimenes, René del Risco Bermúdez, entre otros. Luego que se lea la novelística latinoamericana. Terminado ese periplo de lectura, debe de iniciar la lectura de los clásicos globales. Al terminar la lectura de ese amasijo de libros se habrá construido un mundo estético y teórico, y se habrá cimentado una plena capacidad para hilvanar ideas; será entonces dueño de un mundo, su propio mundo. La lectura es el germen de todo escritor. Empero, hay lecturas imprescindibles para todo aspirante a cultor dominicano. Cito algunos títulos: La edad de oro de José Martí, Camino Real de Juan Bosch, Ahora que vuelvo Ton, de René del Risco y Bermúdez, Invitación a la lectura de Camila Henríquez Ureña, la cuentística de Fabio Fiallo, Obra completa de René del Risco Bermúdez, la poética de Domingo Moreno Jimenes, entre otros. Ningún dominicano debería morir sin probar esos bocadillos. Y es que la lectura nos hace culto, y ser culto es la única manera de ser libre. Libre de los celos, libre de los resentimientos, libres de los rencores, libre de las miserias humanas.

EPP: ¿Qué considera que hace falta para que un poema sea buena poesía?

PCA: Bueno, para serle honesto no podría tenerle una respuesta apropiada, ya que como le he reiterado no cultivo la poesía, y sabido que para quien no cultiva la poesía le he muy cuesta arriba filosofar sobre la creación del poema. No obstante, pienso que un buen poema es algo impresionante, tan esplendente que al leerlo debe hacernos temblar las alas del alma. Un buen poema puede desnudarnos de cuerpo entero y robarnos de un tirón todas nuestras ansiedades. Un buen poema es el alfa y omega de todas nuestras emociones, un buen poema puede hacernos temblar las carnes. Eso se nota al leer poemas como Al porta aviones intrépidos o Hay un país en el mundo, ambos de la autoría de nuestro Pedro Mir. Lo mismo sucede cuando se lee El viento frío de René del Risco y Bermúdez, Compadre Mon de Manuel del Cabral.

Una tarde de 1981, oí a Bosch proponerle a don Pedro Mir, cambiarle todos sus libros por el poema Hay un país en el mundo. Fíjese usted cuánto vale un buen poema. Bosch escribió una cincuentena de libros y tiene libros traducidos a todos los idiomas cultos del mundo. Y varios de ellos son libro de texto en universidades europea. Ese cambio que ofrecía Bosch a Pedro Mir, aunque fuera a manera de chanza, nos pone de Manifiesto que tanto valor tiene un buen poema. 

EPP: ¿Qué considera que  es lo más difícil de ser escritor?

PCA: Manejar la lengua en la que escribe, manejar el oficio de escritor, construir un buen hábito de lectura, investigación, interpretación y capacidad de crear mundos posibles. Si un escritor domina esas herramientas, posee todo lo que necesita para ser un buen escritor. Escribir es un compromiso de toda la vida, el tiempo y la ganada experiencia lo va construyendo y vistiéndolo con el camisón de escritor. El soldado tiene un fusil para defender la patria, el escritor una pluma, para elevar su patria, pero cuando la pluma no surte el efecto esperado, el escritor debe cambiar su pluma por un fusil. Ser poeta y patriota como lo fueron Miguel Hernández y José Martí, que en un pretil de su patria encontró la muerte con un fusil en mano. Porque muchas veces, hay ruiseñores que cantan encima de los fusiles. Deseo agregar que la lectura es la que va a construir al buen escritor. 

EPP: – ¿Cuál ha sido su mayor logro a nivel literario?

PCA: Pienso que mi mayor logro en la literatura es haber alcanzado el Premio Nacional de Historia Vetilio Alfa Durán. Archivo General de la Nación. Obtener por tres años el Permio Nacional de ensayo Pedro Francisco Bonó; el Premio Nacional de Ensayo Rufino Martínez; el Premio Nacional de Ensayo FUNDACOM y el Premio Nacional Sobre Historia y Desarrollo de Provincias. Anoto otros logros como, por ejemplo, el hecho de que mi novela Confecciones a Claudia fue el libro más vendido en el Pabellón de Autores Nacionales en la Feria del Libro 2011 y el reconocimiento que recibí por parte de la Academia Dominicana de la Lengua.

EPP: ¿Cuál considera que  es su mejor frase o alguna palabra, que le defina como persona?

    PCA:  Un lector bastante curioso recogió algunas frases de mi narrativa y me las hizo llegar.  Me gustaría compartirla con usted: “El amor no cabe en una cama, no se hace en una noche; el amor es abrazo solidario y perpetuo por la sabana de la vida”. “El hombre es lo que piensa, lo que busca, lo que espera, y, en definitiva, lo que conquista”. “El olvido es un buen tónico para  poder vivir. En ausencia del hombre a la mujer la nacen cojones”. Empero, hay una frase que siempre que construí y que me ha acompañado durante toda mi vida de escritor: “Dios no ha cambiado de dirección y el mundo está en orden”

EPP: Y Por último a su juicio: ¿Para qué  sirve la literatura?

PCA: La literatura tiene el sagrado papel de construir el enriquecimiento cultural de un país. Una sociedad sin literatura muere infestada de envilecimiento. La literatura es la mejor embajadora para promover a un pueblo. Por ejemplo, Los miserables de Víctor Hugo tiene más valor que todo el buen queso y el afamado vino que produce Francia. Los versos de Pablo Neruda son más embriagantes y seductores que toda la uva que produce Chile. La publicación de Don Quijote de la Mancha le proporcionó a España más grandeza cultural y espiritual que el Descubrimiento de América. Colombia se dio a conocer a nivel planetario cuando García Márquez ganó el Premio Nobel de Literatura. De manera, que la literatura tiene una importancia inconmensurable para promover, difundir y dar a conocer a un país y hacer crecer culturalmente a los pueblos. Un pueblo puede vivir sin yuca, sin batata, sin carne de cerdo, sin carne de res, hasta puede vivir sin una gran mina de diamante, pero no puede prescindir de la literatura, porque muere de asfixia moral, una enfermedad que se contagia hasta con los ladridos de los perros.

Gracias del alma, fue un placer realizarle esta pequeña entrevista, donde nos deja conocer su forma de pensar  sobre la literatura, estoy de verdad complacida y muy agradecida de que un gran escritor, consagrado como usted, haya aceptado ser parte de este segmento cultural. Y nos deleite dejando nuestro espíritu impregnado de sus conocimientos y experiencias de buen escritor.

Algo que no le conto   a nuestros lectores, y que aprovechare para decirlo en este momento final, es que a usted se le dedico la primera feria del libro de nuestra provincia, Santiago Rodríguez, que fue reconocido por el Recital Voces en Vuelo Sobre Melopea del Riachuelo, y que tengo el orgullo de ser su prima.

 A ustedes amigos lectores les dejamos un fuerte abrazo y hasta el próximo sábado, que tendremos un segmento similar.

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