Neuroeducación y Humanidades
Doctor Carlisle González Tapia
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Conocer el cerebro es el punto de partida para transformar la enseñanza

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Ibeth Guzmán abre su gestión al frente de la Escuela de Letras con una propuesta encabezada por Carlisle González Tapia, que conecta ciencia, enseñanza y raíces académicas.

“Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro”.
Santiago Ramón y Cajal

Por: Persilia Zijlstra

El primer encuentro de “Neuroeducación y Humanidades” tuvo también el sentido de un reencuentro. Alrededor de 300 personas respondimos a la convocatoria de la Escuela de Letras de la Universidad Autónoma de Santo Domingo para escuchar al doctor Carlisle González Tapia. Muchos tuvimos el privilegio de ser sus alumnos. Años después, su palabra volvió a reunirnos alrededor del conocimiento.

Neuroeducación y Humanidades
Ibeth Guzmán

En su magistral disertación el maestro Carlisle dejó claro que aprender modifica físicamente las conexiones entre las neuronas. La dopamina y la acetilcolina favorecen el fortalecimiento de las sinapsis. La atención responde también a procesos biológicos. El cerebro está hecho para aprender y funciona como un todo cuando hablamos, leemos, pensamos o realizamos cualquier actividad.

Neuroeducación y Humanidades: cerebro, emoción y aprendizaje

La sesión permitió aclarar “neuromitos”, entre ellos la creencia de que utilizamos apenas una parte del cerebro. El maestro explicó también cómo trabajan la amígdala, el hipocampo y la corteza prefrontal. Estas estructuras intervienen en las emociones, la memoria y la regulación de nuestras reacciones.

La emoción ocupó un lugar central en su exposición. El interés, la sorpresa y el vínculo afectivo preparan el cerebro para aprender. Cuando el estudiante se siente seguro, valorado e involucrado, aumenta su disposición para recibir y procesar información. La tensión y la desmotivación pueden dificultar ese proceso.

Esta idea lleva la neuroeducación directamente al aula. Nos obliga a pensar en la manera en que aprenden nuestros estudiantes y en las condiciones que creamos para ellos. A veces, sin darnos cuenta, apagamos su curiosidad o debilitamos su confianza. Enseñar implica reconocer el peso de nuestras palabras, nuestros gestos y los vínculos que construimos.

El maestro Carlisle abordó la emoción, la plasticidad, la atención, la individualidad y la memoria como pilares de la neuroeducación. Cada estudiante aprende de manera diferente. En el proceso del aprendizaje influyen enormemente la alimentación, el sueño (REM), el ambiente y las experiencias personales. Sin memoria no hay aprendizaje y cada aprendizaje transforma el cerebro.

La vinculación de la neuroeducación con las humanidades quedó claramente establecida. La literatura, la historia y la filosofía nos permiten comprender cómo el ser humano piensa, siente, aprende, se comunica y vive en sociedad. Las historias activan la empatía y favorecen la memoria. La lectura, la escritura, el diálogo y el debate socrático fortalecen la atención y las funciones ejecutivas.

Esta mirada también invita a revisar las prácticas de evaluación. La memorización pasiva ofrece una visión limitada de lo aprendido. Conviene observar los procesos, promover la autorreflexión y valorar la capacidad para interpretar, relacionar y aplicar el conocimiento.

Para quienes pasamos por las aulas de Carlisle, volver a escucharlo tuvo un significado especial. Reconocimos su humor, el rigor de su pensamiento y esa capacidad tan suya de volver comprensible lo complejo. Su retiro formal de las aulas no detuvo su trabajo intelectual. Continúa investigando y desarrolla un proyecto sobre esta temática que se encuentra próximo a concluir.

Carlisle González Tapia forma parte de nuestras raíces académicas. Es uno de los pioneros de la investigación lingüística y uno de los maestros que ayudaron a formar a varias generaciones de la Escuela de Letras. Su conocimiento sigue siendo una fuente para nosotros. Esa fuente continúa manando.

La actividad marcó, además, el inicio de la gestión de la doctora Ibeth Guzmán al frente de la Escuela de Letras y de su iniciativa “Por una República de Letras”, orientada a la formación y actualización de los docentes de la Escuela. Comenzar este proyecto con el maestro Carlisle González Tapia expresa una visión clara, busca abrir nuevos caminos para la enseñanza desde el conocimiento científico y, al mismo tiempo, volver a las fuentes académicas que han contribuido a formar a varias generaciones.

La acompañaron la decana de la Facultad de Humanidades, doctora Ana Jacqueline Ureña; el director de la Escuela de Filosofía, maestro William Mejía Chalas, y la directora de la Escuela de Psicología, maestra Zoraida de León Rosario. Su presencia respaldó una propuesta que promueve el diálogo entre distintas disciplinas y coloca la formación docente en el centro de esta nueva etapa.

La atención se mantuvo durante toda la sesión. Las preguntas fueron tantas que el tiempo resultó insuficiente para responderlas. Ese deseo de participar confirmó la pertinencia del tema y la necesidad de continuar estudiando la relación entre el cerebro, la educación y las humanidades, a través de la creación de un diplomado en Neuroeducación.

La elección de un tema tan pertinente como la neuroeducación, de la mano del doctor Carlisle González Tapia, uno de los pilares que ayudaron a construir la comunidad de Letras, reúne tradición, renovación y compromiso con la formación docente. Una manera sabia de avanzar, sin olvidar la fuente de la que todavía mana el conocimiento. Así comienza la gestión de la doctora Ibeth Guzmán; reconociendo la historia académica de la institución y manteniendo la mirada puesta en el futuro.

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