Laberinto de acíbar

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Sergio Reyes - Periodista

Por: Sergio Reyes II.

El hombre se arremolina en el incómodo taburete del cabaretucho y, por momentos, parecería que su razón de ser se concretiza en libar de manera repetitiva los sorbos del acre vino tinto que se enseñorea en la superficie de la mesa, como única compañía. Haciendo mutis a mis cansones reclamos de iniciar un diálogo para tratar de penetrar en el fondo de sus infidencias, el taimado bebedor se empecina en dejarse llevar por los traicioneros efluvios del alcohol que subyace en la elaboración de la rojo tinta bebida que mancha los bordes de la copa de dudoso cristal con la que se le distingue en el antiguo lupanar de Villas Agrícolas, al que acude de manera intermitente desde hace más de tres décadas y que, en los últimos años, se ha convertido en algo más que su segundo hogar.


No Te Olvides De Mi – Frank Reyes / Official Video

Por milésima vez y eligiendo con sumo cuidado las palabras para no caer en un yerro infantil intento convencer al  bebedor empedernido de que mis motivos son de tipo estrictamente intelectual y periodístico y que, en caso de lograrse, las confidencias que pudiese lograr en el curso de esta dificultosa entrevista siempre estarán cubiertas por la bruma de la clandestinidad,  a la manera del consabido secreto de confesión en el que tantas urdimbres y entretelones han quedado enterrados en el velo del misterio y el silencio de los años.

De repente, unos delicados acordes que llegaron como por encanto y ocuparon todo el entorno del apretujado salón con olor a lavanda, a alcohol barato y a sudor picante de féminas ensayando su papel de ‘chapiadoras’ y hombretones con ansias de desahogar en un santiamén las ansias contenidas en toda una semana a esperas del consabido salario a duras penas conquistado, ocuparon la atención del evasivo compañero de mesa al que durante tanto tiempo he estado persiguiendo en busca de algún indicio de los orígenes de aquel tan tórrido amor del que todo mundo se ha hecho eco durante casi dos décadas y que dio pie al desencadenamiento de tantas pasiones, algunas con pésimo resultado y otras con amargo sabor al acíbar que saborea todo aquel que se deja envolver en las corrientes del desamor, el desencanto y la incomprensión.

Cuerpos sudorosos, dominados por bruscas contorsiones en las que prima la sensualidad y las ganas por una furtiva posesión dominan el entorno de la pista en la que se apiña una cantidad creciente de parejas, afanosos, las unas, por despertar los demonios en sus parejas, y los otros, a la espera de descontar el trecho que les separa de la segura posesión de las ardientes carnes que se deslizan bajo sus pecaminosos dedos.

Sucesivos e impenetrables recuerdos, cuyo significado solo él puede entender, surcan la frente de Vito, mientras intento descubrir en el fulgor que relampaguea en sus ojos, el motivo de las cuitas y padecimientos que le embargan, mientras deletrea cada una de las letras de la canción que se enseñorea del ambiente, arrastrando, de manera literal a hombres y mujeres a lo más profundo de la pasión, el placer y la irracionalidad.

Acordes de bachata en su más profundo decir, de esas que cortan las venas y arrastran al mas incauto hasta los senderos más sinuosos del amor, el placer y, en ocasiones, hasta los desolados y agridulces túneles del desamor, enturbiaron, nueva vez, mis afanes por rescatar a aquel infeliz mortal del encierro a que había sido arrojado por tantos años a causa del sufrimiento por el desplome de una pasión que le fatalizó la vida hasta convertirle en algo menos que un guiñapo humano.

Definitivamente, éste no era mi día. Nueva vez los efluvios del licor y las melancólicas letras de una canción vocalizada por Frank Reyes y conectando oído, mente y corazón echaban estrepitosamente por el suelo mis intenciones de rescatar del olvido las interesantes facetas de aquel gran amor que tanta agua dió a beber en los predios de la frontera y que, por fuerza de la maledicencia, la envidia y la incomprensión hubo de finalizar en el más rotundo de los fracasos.

Algo me dice que en el subconsciente de Vito subyacen razones de peso que podrían trastocar aquel estrepitoso fracaso. El brillo que emerge de sus pupilas al escuchar las canciones de antaño y los repentinos pensamientos que traspasan su dislocado cerebro dan a entrever que aún quedan trozos de leños encendidos de aquel amor, en el fondo de las añosas cenizas que anidan en su corazón.

Persiguiendo esa difusa posibilidad he mantenido pendiente este afanoso interés de conseguir una entrevista con el amargado perseguidor de bachatas y evocador de viejos amores que en las noches de luna llena frecuenta el cabaret de Polín, donde aún levitan los fantasmas de viejas épocas y sazonadas pasiones que a muchos aun nos siguen atormentando.

Otro día lograré mi entrevista. Definitivamente, hoy no ha de ser. Dejaré a Vito con su letanía romanticona y sus añorados recuerdos, mientras intento ocuparme de perseguir alguna de las volutas de humo que flotan en el entorno del añejo salón, tratando de descifrar cuánto de fantasma y cuánto de mujer se aposenta en su difusa anatomía.

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