Por Arismendy Rodríguez
      (Profesor de Filosofía y Lógica Jurídica, UAPA)
En la República Dominicana, y en la mayoría de los países cuya principal credencial es el subdesarrollo, es muy común escuchar hablar de “operativo de limpieza”, “operativo de salud”, “operativo de tránsito” y un largo etcétera que da cuenta más de nuestras carencias que de nuestro espíritu altruista.

Los “operativos” debieran demandar la movilización de autoridades, instituciones o ciudadanos voluntarios para acometer una acción en procura de paliar los embates de situaciones que desborden los esquemas y la capacidad de respuestas regulares. Visto así, los “operativos” se tornarían factibles y hasta necesarios, sólo como medidas de emergencia para superar situaciones insólitas.

Sin embargo, ¿qué decir de una sociedad en la que se pasa de un “operativo” a otro sin ningún reparo, como parte de la cotidianidad y el día a día? Sin dudas que lo que nos deja dicho esto es que estamos ante una sociedad fallida o, más bien, donde han fallado sus instituciones. Una sociedad donde los ciudadanos son dejados a su suerte, careciendo de todo y disponiendo de nada; por lo que se ven precisados a demandar permanentemente “operativos” para sobrellevar su insoportable existencia.

Ante el desborde de la delincuencia, a un gracioso se le ocurre montar un “operativo de patrullaje”. Ante la dejadez de los ayuntamientos que provoca el recurrente cúmulo de basura, las autoridades municipales se inventan un “operativo de recogida de basura”, así hacen parecer que están haciendo un favor a la ciudadanía, cuando en verdad no es más que el resultado de su inoperancia. Ante una gripe o insalubridad bucal, aparecen los “operativos médicos” u “operativos odontológicos”. Ante las constantes violaciones o irrespeto de las leyes de tránsito y la falta de prestancia por parte de las autoridades, surge el cuco de los “operativos de tránsito”… Lo peor es que apoyamos esto, es más, lo anhelamos y exigimos, sin percatarnos de que eso lo que muestra es la incapacidad de nuestras instituciones para enfrentar los problemas sociales dentro de un marco de “normalidad” perdurable.

La pregunta obligada sería: ¿harían falta los “operativos” si las autoridades cumplieran con su deber de manera cotidiana? Sin dudas que no. Los “operativos” constituyen una especie de autoincriminación por parte de las autoridades que las promueven, pues, son el resultado de su propia desidia y negligencia. Aunque, cuando son promovidos por la buena fe de algunas organizaciones de la sociedad civil, se transforman en denuncia.

La denominación del Estado dominicano como un Estado Social y Democrático de Derecho, según la Constitución de 2010, deberá significar para nosotros un salto cualitativo en cuanto a la satisfacción de las necesidades básicas y el subsiguiente respeto de la dignidad humana.

En esencia, para que la asunción del Estado Social y Democrático de Derecho en la República Dominicana, sea algo más que una mera proclama, se debe desterrar la práctica de los “operativos”, no por lo que son en sí, sino por lo que representan, que no es más que el testimonio vivo de la inobservancia del deber y la cultura del “aparataje”.

Aspiramos a una sociedad que prescinda de los “operativos” porque sus autoridades cumplen con el sagrado deber de garantizar las condiciones mínimas de dignidad a sus ciudadanos.
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