La inocencia del primer amor

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La inocencia del primer amor (foto: FE)

POR: SERGIO H. LANTIGUA – Escritor Reside en Pennsylvania.

Dicen que “El primer amor nunca se olvida” una frase muy cierta pues independiente de la experiencia acontecida esta nos sirve como referencia básica para futuras relaciones.

Pero antes de adentrarnos en este tema de la inocencia del primer amor. Es primario, establecer la diferencia entre este y el primer amor ya sobrepasada esa primera etapa de bisoñería para entrar en esa otra que marca el punto de partida de la adolescencia, ya crecidos, plenos y totalmente vulnerables a las consecuencias ignotas de una relación amorosa.

Porque, es aquí donde saboreamos las sensaciones que produce el primer beso, la primera caricia que nos hacen estremecer y sentir ese cosquilleo por todo el cuerpo. Por demás, vemos las cosas con humor, sonreímos, somos más accesibles hasta nos volvemos amables si no lo éramos; nuestra autoestima se eleva, ya que nos sentimos más seguros pues de alguna forma a través de nuestra pareja nos vamos conociendo y aceptando a medida que esta asiduidad prospera. Y es a partir de esta práctica, que generalmente, los jóvenes encuentran un sentido lógico de apreciación que los hace sentir completamente diferentes y por ende aptos para la vida conyugal.

Como este verso cimenta su narrativa en esa párvula vivencia creo plausible dar a conocer el nombre de aquella niña que fuera la causante de que después de transcurridos alrededor de sesenta y nueve años todavía la recuerde como un estigma indeleble: Rebeca Castellanos, hija de don José y doña Matilde Castellanos, quien, a propósito, fuera mi maestra del cuarto año (1952). Ojalá – si aún vive – que alguien pueda decirle de esta desusada confesión similar a una promesa.

LA INOCENCIA DEL PRIMER AMOR

A esa dulce novia de mi infancia
De cuyo amor un día fui preso
Travesura de niños que aún recuerdo
Entre suspiros y lapsos de añoranza

Aquel idilio ahora en lontananza
Todo era sonrisas…jamás un beso
Jugando a las botellas…juego travieso
Entre la muchachada…púdica inocencia

De ese virgíneo romance ya nada queda
Cual perfume con el tiempo se esfumó
Solo vislumbro sus labios de fruta fresca
A la que mi párvula boca nunca mordió

Hoy desconozco si aquella niña aún sigue viva
O si en cambio ella piense que ya estoy yerto
Pero yo habré de soñarla así para toda la vida
Aunque ella ya no me recuerde en sus sueños

Autor: Sergio H. Lantigua
Escritor y Poeta

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