20 de agosto de 1863: el general Santiago Rodríguez derrota al general José Hungría
POR: MIGUEL DÍAZ Y GUILLERMO TORRES – educadores. Residen en Santo Domingo.
Apenas cuatro días después del Grito de Capotillo, el 20 de agosto de 1863, tuvo lugar una sucesión de enfrentamientos que resultó de considerable importancia para la expansión de la Revolución Restauradora: las fuerzas encabezadas por el general Santiago Rodríguez derrotaron y persiguieron a la columna del general José Hungría, gobernador de la Línea Noroeste, impidiendo que pudiera continuar oportunamente hacia Dajabón para auxiliar al brigadier Manuel Buceta.
El episodio adquiere mayor significado cuando se reconstruye como parte de un proceso iniciado meses antes.
Sabaneta se había sublevado el 21 de febrero de 1863. Después de varios días de operaciones, el movimiento fue derrotado el 5 de marzo por fuerzas gubernamentales entre cuyos principales jefes se encontraban José Hungría y Gaspar Polanco, entonces al servicio del Gobierno español. En aquella jornada murió el coronel José Mártir, comandante de armas interino de Sabaneta y uno de los principales comprometidos con la insurrección.
La derrota pudo haber significado el final del movimiento. No ocurrió así. Al día siguiente, 6 de marzo, los revolucionarios se reunieron en la Convención de Los Almácigos, evaluaron la situación y reorganizaron su estrategia. Santiago Rodríguez pasó posteriormente a Haití, desde donde continuó la preparación de la revolución, procurando hombres, armas, municiones y otros recursos, incluidos aportes de su patrimonio. Cinco meses después, el 16 de agosto, los restauradores regresaron por Capotillo.
Dos direcciones de guerra hacia Santiago
Desde la medianoche del 15 de agosto, las fuerzas restauradoras se desplegaron en dos direcciones principales de avance. Una columna, integrada por Benito Monción y otros jefes, marchó por el eje Dajabón–Guayubín–Santiago. La otra, encabezada por el general Santiago Rodríguez y acompañada, entre otros, por José Cabrera e Ignacio Reyes, avanzó por el eje Dajabón–Sabaneta–San José de las Matas–Santiago. En esta segunda dirección se produjo el nuevo enfrentamiento entre Rodríguez y Hungría.
Pedro María Archambault permite reconstruir con bastante detalle el movimiento de ambos contingentes. Después de pernoctar en el paso de Aminilla, camino de Sabaneta, Santiago Rodríguez avanzó hacia esta población mientras sus fuerzas aumentaban progresivamente con nuevas incorporaciones. Posteriormente acampó en Los Compos, en casa de Sesé Monción —Tomás Leclerc—. Allí sus espías le informaron que el general José Hungría había llegado el día 17 desde Dajabón a Sabaneta.
Poco después recibió una noticia todavía más importante: Hungría, enterado del levantamiento de Capotillo, marchaba hacia Dajabón para auxiliar al brigadier Buceta.
Aquella información convertía la interceptación de Hungría en un objetivo estratégico. Si conseguía continuar su marcha y unir sus fuerzas con las de Buceta, podía reforzar considerablemente la resistencia española sobre el otro eje de penetración restauradora.
El Fundo de Manuela: comienza la persecución
Santiago Rodríguez actuó sobre la información recibida. Envió a José Cándido Fanfán (a) Prudón, a reconocer las posiciones de Hungría en el Fundo de Manuela, próximo a El Pino. En esos momentos llegó también el general Ignacio Reyes con las fuerzas de Los Almácigos, aumentando el contingente restaurador.
Archambault relata que, al amanecer del 20 de agosto, advertido previamente por un espía llegado durante la noche, Rodríguez sorprendió la columna española en el Fundo de Manuela y logró desbandarla. Según el autor, las fuerzas bajo su dirección habían alcanzado ya más de mil hombres armados. Comenzó entonces una persecución que explica mejor la naturaleza de los acontecimientos de aquel día.
Parte de las fuerzas españolas, desconocedoras del terreno, se dispersaron y algunos de sus hombres fueron hechos prisioneros. Otros consiguieron un práctico y alcanzaron una altura próxima al arroyo Bánica, en el camino de Capotillo a Sabaneta. Allí se encontraba Hungría con parte de su columna.
Los restauradores no le concedieron tiempo suficiente para reorganizarse. Una vez conocida su posición, marcharon hacia el Alto de Bánica y volvieron a atacarlo. Hungría tuvo que combatir mientras se retiraba hacia Sabaneta.
De Sabaneta a Guaraguanó
La presión continuó. Según Archambault, Hungría no pudo entrar en Sabaneta porque era perseguido de cerca por los restauradores, mientras otros patriotas, todavía no incorporados formalmente a la columna dominicana, hostilizaban a los españoles desde los montes. La retirada puede seguirse geográficamente.
Hungría alcanzó el Guanal, próximo a Sabaneta. Conocedor de aquellos lugares, se internó por los montes y pasó rápidamente por Ojo de Agua y Los Cercadillos. Continuando hacia el este, consiguió alcanzar el camino de Sabaneta a Las Matas y finalmente buscó refugio en la Loma del Tabaco, en Guaraguanó —actual Monción—. Parecía haber logrado desprenderse de sus perseguidores.
Pero Santiago Rodríguez averiguó su posición y marchó personalmente contra Hungría al frente de una fuerte columna. Archambault utiliza una expresión terminante para describir el resultado: señala que Rodríguez le dio allí “el golpe de gracia”. Al mismo tiempo, reconoce las capacidades del jefe adversario y atribuye la salvación de Hungría a su conocimiento del terreno, serenidad, valor y formación militar.
De esta manera, lo ocurrido el 20 de agosto no aparece como un choque aislado en un punto determinado, sino como una sucesión de contactos, retirada, persecución y nuevos enfrentamientos, desde las inmediaciones de El Pino hasta la Loma del Tabaco en Guaraguanó.
Los españoles lo clasificaron como “escaramuza”
Aquí aparece una cuestión historiográfica que merece atención. El registro español reproducido en Diarios de la Guerra Dominico-Española de 1863-1865 clasificó estos hechos como “escaramuza”. La denominación debe entenderse dentro del sistema utilizado por el Ejército español para clasificar administrativamente sus hechos de armas, cuyas bases y reglas aparecen recogidas en las pp. 633-637 de la misma obra.
Resulta particularmente significativo que el propio registro español, aunque rebaja el acontecimiento a la categoría de escaramuza, no pudiera determinar con precisión sus propias bajas. La p. 43 constituye, por tanto, una fuente particularmente importante para contrastar la apreciación española con la narración de Archambault.
Esto obliga a distinguir dos cuestiones: la clasificación militar que recibió el enfrentamiento y su consecuencia estratégica. Que las autoridades españolas lo registraran como escaramuza no significa necesariamente que careciera de importancia para el desarrollo de la revolución. La clasificación atendía a determinados criterios militares y administrativos; la valoración histórica debe considerar también qué pretendía hacer cada fuerza y qué consecuencias produjo el resultado.
Y en ese aspecto la pregunta fundamental es otra: ¿hacia dónde se dirigía Hungría y qué ocurrió como consecuencia de su derrota?
Un resultado de importancia estratégica
Hungría marchaba hacia Dajabón para auxiliar a Buceta. Después de los enfrentamientos del 20 de agosto no pudo cumplir oportunamente ese propósito. Esto convierte el resultado en algo más significativo que la denominación formal de escaramuza.
Además, existe una circunstancia histórica difícil de ignorar. El general Hungría había participado apenas cinco meses antes en la derrota del movimiento encabezado por Santiago Rodríguez. El 5 de marzo, Rodríguez había sido vencido; el 6 de marzo, el movimiento se reorganizó en Los Almácigos; después vino la preparación desde Haití; el 16 de agosto, el regreso por Capotillo; y cuatro días después, Rodríguez volvía a encontrarse militarmente con el mismo general que había contribuido a derrotarlo. Esta vez, el resultado se invirtió. ¿Qué habría ocurrido si Hungría hubiese derrotado nuevamente a Santiago Rodríguez?
La historia no permite afirmar como hecho aquello que nunca sucedió. Pero el análisis militar sí permite valorar las alternativas existentes. Una nueva victoria de Hungría habría dejado abierta la posibilidad de continuar hacia Dajabón y reforzar a Buceta, concentrando fuerzas contra una revolución que apenas llevaba cuatro días desde su reaparición en Capotillo.
Por eso, aun aceptando rigurosamente la clasificación española de “escaramuza”, consideramos que su trascendencia estratégica fue mayor que la importancia aparentemente concedida por esa denominación. El resultado impidió el movimiento previsto de una fuerza enemiga, protegió indirectamente el otro eje restaurador y permitió que continuara la expansión de la revolución hacia el interior. El artículo original ya identificaba precisamente esa consecuencia operacional.
De la derrota de marzo a la victoria de agosto
La reconstrucción geográfica permite ahora apreciar mejor la continuidad del proceso: Fundo de Manuela–El Pino → Alto de Bánica → Guanal → Ojo de Agua → Los Cercadillos → camino de Sabaneta a Las Matas → Loma del Tabaco, Guaraguanó.
Sobre ese territorio se desarrolló una persecución en la que Santiago Rodríguez no solamente logró desbandar inicialmente a la columna adversaria, sino que continuó presionándola hasta volver a enfrentar personalmente a Hungría en Guaraguanó.
La secuencia histórica resulta igualmente reveladora: Sabaneta, 21 de febrero; derrota, 5 de marzo; Los Almácigos, 6 de marzo; reorganización desde Haití; Capotillo, 16 de agosto; derrota de Hungría, 20 de agosto; avance hacia Santiago. No son episodios independientes. Constituyen fases sucesivas de un mismo proceso revolucionario.
Reconocer esta realidad no disminuye los méritos de los demás protagonistas de la Restauración. La historia no necesita quitar méritos a unos para devolverlos a otros. Lo que exige es establecer, mediante la documentación, qué hizo cada protagonista, cuándo lo hizo y qué consecuencias tuvieron sus actuaciones.
Vista desde esa perspectiva, la jornada del 20 de agosto de 1863 merece ocupar un lugar más visible en la historia de la Restauración: aquel día, cinco meses después de haber sido derrotado, el general Santiago Rodríguez venció al general José Hungría e impidió que su columna cumpliera la misión de acudir en auxilio de Buceta.
Fuentes consultadas
Archambault, Pedro María. Historia de la Restauración. 3.ª ed. Santo Domingo: Sociedad Dominicana de Bibliófilos, 1983. Publicado originalmente en 1938, pp. 73–74.
Rodríguez, Casimiro. “Carta de D. Casimiro Rodríguez a su hijo Buenaventura Bueno y Rodríguez.” Sabaneta, 1 de julio de 1897. En Diarios de la Guerra Dominico-Española de 1863-1865, editado por Emilio Rodríguez Demorizi. Santo Domingo: Editora del Caribe, 1963, p. 26.
Rodríguez Demorizi, Emilio, ed. Diarios de la Guerra Dominico-Española de 1863-1865. Santo Domingo: Editora del Caribe, 1963, pp. 43, 633–637.
Carta del general Hungría del 20 de agosto de 1863 solicitando refuerzos (AGI, Cuba 1019 C, doc. 81 [673], p. 159).




Leído hasta el final ¡Excelente!