Sergio Reyes II Esas mujeres Abril
Ésas otras Mujeres De Abril
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Ésas otras Mujeres De Abril – 3-5

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-III- ¡Lo que el tiempo nos dejó!

POR: SERGIO REYES II – Periodista. Reside en USA.

Por entre callejas estrechas, en forma desafiante y emitiendo espantosos rugidos, se abre paso un reluciente camión atiborrado de paquetes de comestibles destinados a paliar el hambre que asedia a las famélicas familias de las barriadas de la parte alta de la ciudad de Santo Domingo.

A través de los intersticios y por encima de los tablones que componen el cuadro de la ‘cama’ del sólido vehículo de transporte, puede avizorarse que, para la ocasión, los arteros cerebros de los directivos de la ‘Cruzada de Amor’ no han escatimado recursos, al tiempo de desplegar sus más refinadas mañas en aras de doblegar o, por lo menos, aplacar, por medio de la distribución de dádivas, las ansias libertarias y el espíritu levantisco de las gentes de este sector territorial que, desde siempre, ha dado mucha agua a beber a las instancias de poder, tanto a las del mamotreto de gobierno llamado ‘De Reconstrucción Nacional’, que,  con el apoyo de los gringos y en el curso de la Revolución de Abril de 1965 -finalizada unos años atrás-  impuso a sangre y fuego en la ‘Zona Norte’ el tristemente recordado ‘Cordón de Seguridad’, como también al de la mal llamada Paz, epíteto con el que, indebidamente, se  ha denominado al que rige los destinos de la Nación, en estos días.

Sergio Reyes II escritor
Sergio Reyes II – Escritor costumbrista, investigador histórico y comunicador

Entre la abigarrada muchedumbre que espera con ansias la llegada del imponente armatoste, se destaca la espigada figura de ‘La Jabá’, una hembra de armas tomar, quien arrastra un historial de larga data en asuntos de refriegas, escaramuzas, enredos de índole política y, por encima de todo, regodeos libertinos en asuntos del amor. Y, como tal, fiel conocedora de las enmarañadas pasiones que, por lo general, arropan a cualquier miembro del denominado ‘sexo fuerte’ que se ponga al alcance de su férula.

Como es usual en ella, sin respetar filas, ordenanzas ni jerarquías, tan pronto se estaciona el vehículo, a fuerza de coraje más que por efecto de su anatomía, se abre paso entre el gentío; En breve, se encuentra ubicada en el tope de la línea, demandando para sí y para otros que no pueden -ni deben- estar en este escenario, la cuota del clientelismo y apaciguamiento político que, por efecto de la política de la entrega de las ominosas ‘funditas’, viene aplicando el régimen de Joaquín Balaguer entre los sectores humildes, como forma de mitigar, por un lado, el hambre en el seno de la población, y por el otro, disolver o disminuir los ánimos peleoneros y de rebeldía que tantos sobresaltos le han dado al gobernante, desde sus tiempos de corifeo y continuador del Trujillato.

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Sin dejarse presionar por los vocingleros que reclaman y maldicen a sus espaldas, la mujer recibe, como siempre, una generosa y bien equipada ración, además de otras más que, por efecto de la insinuación de sus encabritados encantos, pudo arrancar de manos de los alelados repartidores de las fundas de comida.

Y haciendo mutis a las insinuaciones procaces y los encendidos comentarios con que se dirigen a ella los libidinosos militares que custodian el camión, más empeñados en intentar manosearle las túrgidas y aún provocativas carnes que en cumplir su cometido, se aleja del escenario a paso doble, satisfecha del botín obtenido y guardando en sus adentros el recato por las acciones que debe encaminar, en la actualidad, en aras de subsistir, con ciertos niveles de dignidad, sin abandonar, en lo fundamental, los principios que tanto ella como otras congéneres y ‘colegas del oficio’ han sabido mantener en alto, desde aquellos álgidos días de la Guerra Patria.

De más en más, los pasos le alejan del ruidoso enjambre humano que medra en las múltiples filas en busca de alimentos. ‘Le cogemos las funditas y no somos reformistas’, fue la ‘línea’, sotto voce, que bajó el Partido, a lo interno de su militancia. Y, obediente a ella, La Jabá encamina su misión sin inmutarse ante las recriminaciones de quienes le miran con la rabiza del ojo y desdicen a sus espaldas, catalogándola de tránsfuga, traicionera y come comía.

Ella, más que nadie sabe que, en esta ocasión como en otras muchas que la gente ni se imagina, sobre sus hombros ha descansado la enjundiosa tarea de echar mano a la mayor cantidad posible de las dádivas que ofrece el Estado -y que, en definitiva son sufragadas con los recursos del pueblo-, para aligerar las penurias de su gente, de antiguos participantes en la contienda y de aguerridos dirigentes políticos y estudiantiles del presente que se baten, día a día, en las calles, los clubes culturales y progresistas, los sindicatos, liceos, la universidad y la dirección partidaria, en un frente común contra el opresivo régimen balaguerista, que corrompe, asesina y mata a la población militante.

Al tiempo en que cavila en estas reflexiones, con decididas pisadas se encamina por una discreta calleja del Ensanche Espaillat, en donde le espera un reducido pero dinámico grupo de activistas políticos de la barriada, para dar curso, con todo el sigilo que las circunstancias permitan, a la distribución equitativa, entre la gente humilde del sector, de las raciones alimenticias arrancadas, en el buen decir de las circunstancias, al sistema de oprobio que rige en la Nación.

Intensas bocanadas del cigarrillo que mantiene terciado entre sus labios dan vida a errantes volutas de humo, que se elevan por encima de su cabeza, cubriéndole el rostro de caprichosas expresiones en las que influye más el recuerdo de años idos que la simple y, en cierto modo, acomodaticia pincelada, que caracteriza el presente.

Y deja divagar sus pensamientos hacia épocas pasadas, esfuerzos y heroísmos, basados en el logro de un ideal.

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