Eleanor Roosevelt
Eleanor Roosevelt. Foto: FDR Presidential Library & Museum / Wikimedia Commons, CC BY 2.0.
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Eleanor Roosevelt: de una infancia solitaria a voz universal de los derechos humanos

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Huérfana desde niña y sin estudios universitarios, transformó el papel de primera dama de Estados Unidos y terminó desempeñando una función decisiva en la construcción del sistema moderno de derechos humanos.

Por: Juan Pablo Bourdierd.

Nueva York, Estados Unidos. – Antes de convertirse en una de las mujeres más influyentes del siglo XX, Eleanor Roosevelt conoció la pérdida, la inseguridad y la soledad. Nació como Anna Eleanor Roosevelt el 11 de octubre de 1884 en Nueva York, hija de Elliott Roosevelt y Anna Hall Roosevelt. Su padre era hermano menor de Theodore Roosevelt, quien años después sería presidente de Estados Unidos.

La posición económica de la familia no evitó una infancia difícil. Su madre murió de difteria en 1892 y su padre falleció en 1894, cuando Eleanor tenía diez años. Pasó entonces al cuidado de su abuela materna. El National Park Service confirma que recibió educación mediante tutores privados durante sus primeros años.

Eleanor Roosevelt y su legado universal en los derechos humanos

Una pequeña anécdota revela parte de aquellas inseguridades. De acuerdo con el Eleanor Roosevelt Papers Project de George Washington University, Eleanor recordaba que su madre la llamaba “Granny”, o “abuelita”, por considerar que tenía maneras serias y anticuadas. Aquella niña tímida, que durante años tuvo una imagen poco favorable de sí misma, terminaría hablando ante presidentes, diplomáticos y multitudes.

Una educación que cambió su manera de mirar el mundo

A los 15 años fue enviada a Allenswood Academy, una escuela para jóvenes situada cerca de Londres, Inglaterra, donde permaneció entre 1899 y 1902. Allí ocurrió una de las transformaciones fundamentales de su vida.

Su maestra y directora, la francesa Marie Souvestre, defendía el pensamiento independiente, el análisis de la historia y las causas liberales. Eleanor estudió idiomas, literatura e historia y aprendió a debatir asuntos políticos desde diferentes perspectivas. Durante algunos veranos acompañó a Souvestre por Europa, donde no solo conoció monumentos y grandes ciudades, sino también las desigualdades sociales de la época, según documenta el Eleanor Roosevelt Papers Project.

Conviene aclarar un dato que con frecuencia genera confusión: Eleanor Roosevelt no realizó estudios universitarios ni obtuvo un título de educación superior. La Franklin D. Roosevelt Presidential Library and Museum registra como su educación formal la enseñanza privada y sus años en Allenswood. Aquella escuela constituyó la etapa académica formal más avanzada de su juventud, pero no era una universidad.

Cuando regresó a Nueva York en 1902 no se limitó a la vida social que correspondía a una joven de su posición. Se vinculó a la National Consumers League, participó en organizaciones de servicio comunitario y enseñó a niños en un centro social de Rivington Street, entrando en contacto directo con inmigrantes y familias pobres. Aquellas experiencias comenzaron a orientar su vida hacia el servicio público.

De esposa de un político a figura pública

En 1905 se casó con Franklin Delano Roosevelt, su pariente lejano, quien décadas después llegaría a la Presidencia de Estados Unidos. Tuvieron seis hijos, aunque uno murió durante la infancia.

Otro momento decisivo llegó en 1921, cuando Franklin sufrió la enfermedad paralizante que históricamente fue diagnosticada como poliomielitis. Eleanor participó intensamente en sus cuidados y apoyó su decisión de continuar en la política. La biblioteca presidencial de Franklin D. Roosevelt destaca que su respaldo, junto al del asesor Louis Howe, fue importante para el regreso de Roosevelt a la actividad política.

Cuando Franklin D. Roosevelt asumió la Presidencia en 1933, Eleanor empezó a transformar lo que significaba ser primera dama. En lugar de limitarse al protocolo, viajó por Estados Unidos, visitó programas de asistencia social, observó las condiciones de trabajadores y comunidades empobrecidas y transmitió al presidente aquello que encontraba. El National Park Service recuerda que llegó a ser descrita como los “ojos, oídos y piernas” del presidente.

También rompió barreras en el periodismo. Desde 1933 comenzó a ofrecer conferencias de prensa reservadas a mujeres periodistas, una práctica inédita para una primera dama. La White House Historical Association señala que realizó más de 300 encuentros con la prensa durante sus doce años en la Casa Blanca. Aquella decisión ayudó a crear oportunidades profesionales para reporteras en un momento en que las mujeres tenían un acceso limitado a la cobertura política de alto nivel.

Marian Anderson: una decisión que desafió la segregación

Uno de los episodios culturales más recordados ocurrió en 1939. Las Daughters of the American Revolution se negaron a permitir que la extraordinaria contralto afroamericana Marian Anderson actuara en Constitution Hall, en Washington, bajo las políticas discriminatorias existentes.

Eleanor Roosevelt renunció públicamente a la organización. Posteriormente, Anderson ofreció un histórico concierto frente al Lincoln Memorial el 9 de abril de 1939, ante unas 75,000 personas y una audiencia aún mayor por radio. El National Park Service considera aquel concierto un símbolo nacional de la lucha por los derechos civiles.

No fue un gesto menor. En una época de segregación institucionalizada, una primera dama había utilizado públicamente su posición para enfrentarse a una política racial excluyente.

Un vuelo que hizo historia en la aviación

Eleanor Roosevelt tampoco fue científica ni desarrolló tecnologías, pero existe un episodio particularmente importante en la historia de la aviación estadounidense.

Durante una visita al Instituto Tuskegee en 1941, decidió subir a un pequeño avión pilotado por el afroamericano Charles Alfred “Chief” Anderson, uno de los grandes pioneros de la formación de aviadores negros. El vuelo ocurrió cuando todavía existían prejuicios que cuestionaban incluso la capacidad de los afroamericanos para convertirse en pilotos militares.

El Smithsonian Institution sostiene que su disposición a volar con Anderson tuvo un enorme valor simbólico y dio visibilidad y respaldo al programa de entrenamiento de pilotos de Tuskegee. El National Air and Space Museum añade que Roosevelt también ayudó a conseguir apoyo para las instalaciones del programa.

Por esa razón, su relación con la ciencia y la tecnología debe entenderse correctamente: no fue investigadora ni inventora, pero utilizó su influencia para combatir barreras raciales en un campo tecnológico tan estratégico como la aviación.

Hospitales, soldados y el derecho a la salud

Su actividad humanitaria comenzó mucho antes de Naciones Unidas. Durante la Primera Guerra Mundial trabajó con la Cruz Roja estadounidense y hospitales de la Marina para atender las necesidades de militares, según la FDR Presidential Library.

Durante la Segunda Guerra Mundial llevó esa labor mucho más lejos. En 1943 viajó como representante de la Cruz Roja por el Pacífico, visitando tropas, hospitales e instalaciones militares. La White House Historical Association señala que se convirtió en la primera primera dama estadounidense en viajar a una zona de guerra activa.

Años después, el documento internacional cuya elaboración ayudó a conducir incluiría también la salud entre los derechos fundamentales. El artículo 25 de la Declaración Universal de Derechos Humanos reconoce el derecho a un nivel de vida adecuado para la salud y el bienestar, incluida la asistencia médica y los servicios sociales. El texto completo puede consultarse directamente en Naciones Unidas.

La mujer que ayudó a llevar los derechos humanos al mundo

Tras la muerte de Franklin D. Roosevelt en 1945, Eleanor pensó por un momento que su vida pública había terminado. Ocurrió exactamente lo contrario.

El presidente Harry S. Truman la designó integrante de la delegación estadounidense ante las recién creadas Naciones Unidas. Una curiosidad recogida por la propia ONU es que inicialmente Eleanor dudó en aceptar porque no se consideraba suficientemente preparada para aquella responsabilidad.

Terminó convirtiéndose en la primera presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas y encabezó el Comité de Redacción de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Hay que hacer aquí otra precisión histórica: Eleanor Roosevelt no escribió sola la Declaración. El proceso fue colectivo e internacional. Participaron figuras como Peng-chun Chang, Charles Malik, René Cassin y John Humphrey, además de representantes de diversas culturas y sistemas políticos. Naciones Unidas reconoce, sin embargo, que Roosevelt desempeñó un papel fundamental para conducir las negociaciones hasta su aprobación. La historia oficial de la Declaración puede consultarse aquí.

La Declaración fue proclamada en París el 10 de diciembre de 1948. Con el paso de las décadas se convirtió en fundamento de buena parte del sistema internacional contemporáneo de derechos humanos y, según la ONU, abrió camino a más de 70 tratados internacionales posteriores.

Un vínculo dominicano en aquella historia

Para la República Dominicana existe un detalle especialmente significativo. Eleanor Roosevelt no estuvo sola entre las mujeres que lucharon para que la igualdad quedara reflejada en el nuevo orden internacional.

La diplomática dominicana Minerva Bernardino fue una de las mujeres que influyeron en ese proceso. Naciones Unidas le atribuye un papel fundamental en la defensa de la expresión sobre la igualdad de derechos entre hombres y mujeres incorporada al preámbulo de la Declaración y recuerda también su participación en las luchas por la igualdad dentro de la propia Carta de la ONU. Naciones Unidas conserva la historia de Bernardino y otras mujeres que dieron forma a la Declaración.

Ciencia, cultura y educación convertidas en derechos

La influencia de Eleanor Roosevelt sobre la humanidad tampoco debe reducirse únicamente a libertades políticas. La Declaración que ella ayudó a conducir aborda dimensiones extraordinariamente modernas.

El artículo 26 reconoce el derecho a la educación. El artículo 27 establece que toda persona tiene derecho a participar de la vida cultural, disfrutar de las artes y participar del progreso científico y beneficiarse de él. El texto oficial de Naciones Unidas puede consultarse aquí.

Eso permite ubicar con mayor precisión su legado en ciencia y tecnología. Roosevelt no produjo descubrimientos científicos, pero presidió el proceso político internacional que ayudó a reconocer que los beneficios del conocimiento científico también pertenecen al terreno de los derechos humanos.

Escritora, comunicadora y mujer de medios

Su aporte cultural fue igualmente extraordinario. Desde finales de 1935 publicó “My Day”, una columna periodística distribuida nacionalmente que mantuvo hasta septiembre de 1962. Durante la mayor parte de su existencia aparecía seis días por semana.

El Eleanor Roosevelt Papers Project conserva digitalmente esta obra y explica que sus textos permiten seguir desde dentro acontecimientos del New Deal, los derechos civiles, Naciones Unidas y numerosos debates sociales del siglo XX.

La colección académica de George Washington University contabiliza alrededor de 8,000 columnas, 27 libros y cerca de 1,000 discursos dentro de su enorme legado documental. Además utilizó la radio y, posteriormente, la naciente televisión como instrumentos para conversar sobre política, cultura, mujeres y asuntos internacionales. El archivo del Eleanor Roosevelt Papers Project reúne buena parte de ese material.

En 1961, el presidente John F. Kennedy volvió a confiarle una responsabilidad importante al nombrarla presidenta de la President’s Commission on the Status of Women, creada para estudiar y promover mejores oportunidades para las mujeres estadounidenses. A pesar del deterioro de su salud, continuó defendiendo derechos civiles, igualdad laboral, paz y participación femenina prácticamente hasta sus últimos meses.

Un camino que comenzó con una niña insegura

Eleanor Roosevelt murió en Nueva York el 7 de noviembre de 1962, a los 78 años. La Franklin D. Roosevelt Presidential Library registra como causas de muerte anemia aplásica, tuberculosis diseminada e insuficiencia cardíaca. Fue sepultada junto a Franklin Roosevelt en Hyde Park. Los datos biográficos oficiales están disponibles en la FDR Presidential Library.

Eleanor Roosevelt
Eleanor Roosevelt a los 14 años. Foto: National Archives and Records Administration / Wikimedia Commons. Dominio público.

Su trayectoria adquiere otra dimensión cuando se mira desde el principio: una niña huérfana y tímida, sin estudios universitarios, terminó sentándose frente a representantes de naciones enfrentadas por profundas diferencias políticas, culturales y religiosas para ayudarles a encontrar principios comunes sobre la dignidad humana.

Harry Truman terminó llamándola “First Lady of the World” —Primera Dama del Mundo—, una denominación que el National Park Service conserva al explicar su legado.

Eleanor Roosevelt no dejó una fórmula científica, una patente ni una máquina. Dejó algo diferente: ayudó a construir una idea según la cual la dignidad, la educación, la salud, la cultura, la igualdad y hasta el derecho a beneficiarse del progreso científico no deberían depender del sexo, la raza, la riqueza o el lugar donde una persona haya nacido.

Ese probablemente sea el camino que mejor explica por qué, más de seis décadas después de su muerte, su nombre continúa formando parte de la conversación universal sobre lo que significa ser humano.

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