¿Cuál es la prisa por inaugurar el Centro UASD Santiago Rodríguez si aún no está listo para operar?
La provincia merece una obra concluida, equipada y lista para servir a los estudiantes desde el primer día.
POR: JUAN GABRIEL MARTÍNEZ – abogado. Reside en Santiago Rodríguez.
La educación superior constituye uno de los pilares esenciales para el desarrollo de los pueblos. Por eso, cuando una comunidad lucha durante años por una casa de altos estudios, no espera simplemente una inauguración: espera una obra terminada, equipada y lista para servir a sus estudiantes.

El Centro UASD Santiago Rodríguez representa mucho más que una edificación. Es una conquista de jóvenes, docentes, familias y sectores sociales que por largo tiempo reclamaron una oportunidad académica cercana, digna y posible. Esa lucha no puede reducirse a una fotografía, a un acto protocolar o a un corte de cinta si todavía faltan condiciones esenciales para su funcionamiento.
Es justo reconocer que se está trabajando y que la obra constituye un avance importante para la provincia y la región noroeste. Pero también es legítimo preguntarse: ¿cuál es la prisa por inaugurarla si aún no está lista para operar? Una cosa es mostrar progreso; otra muy distinta es entregar oficialmente una infraestructura universitaria que todavía necesita mobiliario, equipos, libros, áreas funcionales y terminaciones adecuadas.
Una universidad no se mide únicamente por sus paredes. Se mide por la capacidad real de recibir estudiantes, impartir docencia, ofrecer servicios, garantizar seguridad y crear un ambiente académico digno. Aulas sin condiciones completas, bibliotecas sin libros, espacios sin equipamiento y áreas administrativas sin funcionalidad suficiente no constituyen una entrega verdadera al pueblo.

Desde una visión institucional, la obra pública debe responder a una finalidad útil. En el caso de un centro universitario, esa finalidad no es inaugurar; es educar. La administración tiene el deber de procurar que lo que se entregue al pueblo pueda servir de inmediato al propósito para el cual fue construido. Lo contrario debilita la confianza ciudadana y desnaturaliza el sentido de una inversión pública.
La razón de ser de la UASD son sus estudiantes. Muchos de ellos han cargado con traslados, gastos, sacrificios y limitaciones para poder formarse. Precisamente por esa realidad, la apertura del Centro UASD Santiago Rodríguez debe honrar su lucha y no convertirla en una ceremonia apresurada. Los estudiantes no merecen una obra a medias; merecen una institución preparada para recibirlos con respeto.
Este planteamiento no es contra la obra ni contra quienes han contribuido a su avance. Es, por el contrario, una defensa de la obra misma, de su valor social y de la dignidad de quienes la reclamaron. La mejor manera de celebrar esta conquista es entregarla bien: concluida, equipada, organizada y en condiciones reales de iniciar sus labores académicas.
Sabaneta, Santiago Rodríguez y toda la región merecen una inauguración seria, no una apertura incompleta. La educación superior no debe presentarse como logro si todavía no está en capacidad plena de servir a quienes esperan beneficiarse de ella.
El Centro UASD Santiago Rodríguez debe abrir sus puertas cuando pueda hacerlo con dignidad. Solo así se honrará la lucha estudiantil, el esfuerzo de la comunidad y la esperanza de una provincia que no pide privilegios, sino respeto.
Una universidad no se inaugura con promesas pendientes; se inaugura cuando está lista para enseñar, servir y transformar.


