Ensayo sobre la patria (2 de 3)

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Víctor M. Peralta - Escritor y comunicador.

Por: Víctor M. Peralta.

Casos y cosas del mundo.
Mientras la política no sea ejercida por personas de accionar pulcro, leal, transparente, vamos a seguir siendo un país terriblemente mal conducido. Cómo tener una patria dinámica, pujante, que nos invite a llenarnos de esperanza, de fe en el porvenir inmediato. Cómo.

Tal vez cuando los hombres y mujeres de probada solvencia moral, que les duela el estado de cosas existente, se decidan a incursionar en la política. Cuando sepan del rol que les corresponde jugar como buenos y verdaderos dominicanos; cuando graven en su mente que si no asumen sus deberes, los sinvergüenzas seguirán repartiéndose el país a su antojo; cual desmirriada piñata de golosinas y bisuterías de poca monta.

¿Cuándo volveremos a tener la patria que concibieron en sus mentes los prohombres de nuestra nacionalidad? Tal vez cuando tengamos soluciones creíbles, que dé al traste con la delincuencia que arropa al país, con la corrupción generalizada, con las insuficiencias del sector salud. Cuando el sistema educativo tenga naturaleza de portentosa y bienhechora características, cuando los profesores de las escuelas y universidades sean convertidos en probos y legítimos maestros de la enseñanza.

Tendremos la patria que soñó Duarte; cuando la desigualdad social, cual tumor cancerígeno, sea extirpada para siempre del estómago de millones de infelices dominicanos. Cuando la justicia sea aplicada en igualdad de condiciones, indefectiblemente. Cuando los jueces dejen de ser mercantes de fallos insípidos a favor de confesos criminales, traficantes de drogas y canallas de la más baja ralea que no merecen andar por las calles, burlándose y sacándole la lengua a todo el que le pase por el lado.

Volveremos a tener la patria por la cual luchó, hasta lo inimaginable, el general Santiago Rodríguez, cuando haya un control absoluto de la calidad de los productos que se venden en los sitios de expendios, que no se comercialicen efectos falsificados o con fechas ya vencidas. Cuando a muchos desalmados comerciantes se les meta en cintura por su mala práctica de estafar al consumidor, poniendo los precios que a ellos les dé la gana de su ácida y perversa voracidad. Cuando hayan inspectores o veedores que defiendan a los consumidores, y que no se vendan por batata, que no se arrodillen a la agresión “cruel y salvaje” del dueño del establecimiento.

Volveremos a soñar con la patria de Manolo y Caamaño, cuando los sueldos de los guardias y policías, de los servidores públicos, de los empleados privados, sean ajustados de acuerdo al valor de lo que gasta una familia promedio para vivir con dignidad y decoro; como Dios manda. Que la única diferencia de los sueldos y salarios sean conforme a la profesión o especialidades de cada individuo. Como manda la Constitución de la Republica.

¿Quién dijo patria? Triste es decirlo: Patria es solo una utopía que se nos murió de tristeza por la falta de justicia, de decoro, de solvencia moral, por la falta de transparencia en todo lo concerniente a la vida institucional del país. ¿Lograremos resucitarla algún día? Tal vez. La esperanza es lo último que se pierde.

Victor.escritor@hotmail.com

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