Un pleito. . . ¿Una esperanza?

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Por: Melvin Mañón
Tras juramentarse y dejar prácticamente intacto el gabinete anterior, el país se hizo la idea de que Danilo Medina era sucesor, cómplice o subalterno de Leonel Fernández.

Se dijo que, cuando optó por castigarnos con nuevos impuestos, evitaba un enfrentamiento. Una parte del país concluyó que a Danilo le faltaba empuje, coraje, determinación, otros optaron por darle más tiempo. Pero si el cuerpo social se hace a la idea de que quién ostenta la primera magistratura de la nación no tiene, al decir de Pedro Mir, órbita entre las piernas, entonces, muchos temen que, al irrespeto rampante que ya existía, se añada otro: el desastre.

Danilo Medina, al margen de lo que, al respecto, pudieran ser sus convicciones parece haber escogido el tema de la Barrick como el escenario de una demostración: la de que él es un hombre de temple, buenas intenciones y que tiene los pantalones bien puestos. Primero, se dijo que el gobierno había detenido la exportación de un embarque de oro en aduanas y se relacionó la medida con el anuncio del 27 de febrero que virtualmente le declaraba la guerra a esa corporación. Más tarde, el Wall Street Journal informó que la retención del embarque era debida a un tecnicismo en aduanas. La prensa local también se hizo eco de la información. Luego, el lunes 18 de marzo nos enteramos de que la empresa fue multada por irregularidades o falsedad en la declaración aduanal. Preferimos creer que, tecnicismo o no, se trate de un enfrentamiento pero quizás no lo sea. Por ahora, hagamos el ejercicio de asumir que se trata del pleito anunciado.

La Barrick es odiosa y el contrato un fraude. Quienes se oponen a la exigencia del gobierno dicen que estamos violando la palabra empeñada, que crearemos desconfianza y que nadie creerá en los contratos firmados con nosotros. Disiento de esa opinión porque las corporaciones de hoy en día no negocian en buena fe, acuden impúdicas al soborno, la corrupción y la trampa y han traicionado y violado todas las normas. No son serias no merecen el respeto que reclaman ni tienen porque gozar de derechos adquiridos fraudulentamente. La Barrick renegoció cuando le convino, igual puede hacer el gobierno. Si por eso nos acusan de no tener palabra, no me preocupa. No conozco una sola corporación en cuya palabra pueda creerse. La gente confunde al antiguo empresario privado con el moderno ejecutivo corporativo. Son dos animales diferentes. Ambos persiguen el lucro, pero no de igual manera y de eso hablaremos en otra ocasión.

En 1986, me tocó ser parte de una comisión que acudió a Londres a investigar un préstamo de unos 20 millones de dólares que un banco había facilitado a Dominicana de Aviación, pagando comisiones indebidas a los contratantes y sabiendo que la empresa no generaba ingresos ni flujo de caja que le permitiera pagar esa deuda. Mis colegas de la comisión se sorprendieron cuando acusé de fraude a esos mismos banqueros, en su cara y en su oficina diciéndole que eran ellos los que debían ir a la cárcel porque, un banquero que presta a un cliente sabiendo que este no puede pagar traiciona a sus accionistas, viola la ley y engaña a su cliente. Pero veo que todavía nos dejamos impresionar por los sacos y corbatas caros, los modales amanerados, las sonrisas falsas y las oficinas suntuosas. Nunca tuve ni podría tener un ápice de respeto por aquellos tipejos.
La Barrick, grande y poderosa, con operaciones en más de 30 países, vinculará su respuesta aquí con el impacto posible frente a los demás gobiernos con los que hace negocios. Su respuesta, sopesará las implicaciones para esos otros contratos, de lo que hagan o dejen de hacer aquí.

Pero hay un curso de acción predecible. La Barrick empleará toda la influencia política que tiene para presionar y, de ser posible, tramitar sanciones contra el gobierno dominicano. A no dudarlo, irá a la embajada de su país (las corporaciones multinacionales no tienen país, pero, como los barcos, se acogen a una bandera de conveniencia en busca de beneficios sin obligaciones); irán a la de Estados Unidos, a la Organización Mundial del Comercio, al Banco Mundial, al FMI y otras. Todas estas instituciones y empresas tienen un vínculo natural entre sí. Sus jefes juegan al golf en los mismos campos, beben en las mismas mesas, con los mismos amigos, comen en los mismos restaurantes, duermen en los mismos hoteles y con frecuencia usan las mismas mujeres que rentan como taxis. Tan cierto es lo que digo que, Manuel Rocha, presidente de la Barrick RD es un ex embajador de los EEUU en Bolivia y diplomático en varios países incluyendo el nuestro y está según un comentario en el Wall Street Journal acostumbrado «a bregar con regímenes corruptos» . Su designación, desde septiembre 2012, se hizo porque ellos anticipaban que los privilegios de ese contrato estallarían en un escándalo político. Era solo cuestión de tiempo.

El gobierno ha creado ahora una situación de hecho al paralizar un embarque de oro y ha desatado una de derecho para forzar, con esa medida, una negociación que la otra parte ha rehusado, si es que en verdad, con tecnicismos o no, se mantendrá la prohibición de exportar oro y otros metales y se lanzará un programa de actividades y de acoso legítimo para obligarlos a negociar.

Vendrán amenazas y denuncias contra el gobierno. La más manida de todas será: «el grave daño infligido al clima de inversiones y a la credibilidad del país». Mentiras. No hay tal daño. Lo que si hay es una posible lección: Que quienes presiden estas multinacionales, casi todos forajidos con corbata, sepan que contratos fraudulentos que ellos sabían perfectamente bien que eran fraudulentos pueden ser forzados a revisión, modificación y de ser el caso, rescisión.

Muchos dudan de las intenciones de Medina quién ha rehusado enfrentar a Leonel por corrupción, pero amenaza a una corporación beneficiaria de sus larguezas. A Danilo Medina, pensamos, no le conviene echar para atrás en su primera gran demostración de autoridad y de que sí se atreve. Es parte de la legitimidad que debe buscar para su presidencia. Eso no quiere decir, que a la hora de renegociar no vaya a transarse por una bagatela. Aunque un pleito podría mejorar la posición política de Danilo Medina en las clases medias urbanas, no lo libera de su obligación constitucional y ciudadana de perseguir la corrupción; su accionar contra la Barrick incrimina a Leonel. Danilo, quiéralo o no, será siempre perseguido por este tema y no podrá hacer gobierno ni dejar legado sin que esto salga a relucir una y otra vez. Perseguir la corrupción pasada y presente no es un reclamo inspirado en la venganza sino lo que otorga credibilidad a toda su gestión. Ya sé que él no piensa así, sé que él se cree más listo que eso y también que está convencido de que no está hecho de la misma madera (si a eso puede llamársele madera) que Leonel a quien íntimamente desprecia. De todos modos, el tema lo perseguirá igual, aunque, repito, él no lo crea. Además de esa obligación insoslayable, Danilo Medina tiene el deber de desmontar la reforma tributaria y como atinadamente señalara Eduardo Estrella en carta pública el 22 de octubre del año pasado, está pendiente la renegociación de los contratos eléctricos, otro fraude descomunal perpetrado por ese canalla inigualable de Leonel Fernández.

El país gana, incluso si no gana económicamente nada porque, el mero enfrentamiento, reverdece una fibra dormida en muchos y desconocida entre los jóvenes que en casi 20 años no han tenido una sola experiencia nacionalista y ni siquiera saben lo que es patriotismo y con que carajo se come eso.
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1 Comentario

  1. Sr. Melvin Mañón: Hace tiempo no sentía la satisfacción de leer un artículo escrito con la conciencia y abundancia de datos como el suyo. Hecho con palabras desapasionadas pero con una clara intención nacionalista.
    Eso es periodismo sensato y

¿Y tú, que opinas?

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