👁️ Visitas: ...
Por: J.R. Orlando Reyes
Mis andanzas en busca de turismo ecológico y aventuras, programadas o espontaneas, han sido numerosas, en mi país y fuera de éste. He atravesado Parques Nacionales donde abundan tupidos bosques, colinas, montañas, picos, llanuras, valles, lagos, ríos y arroyos, cavernas y hasta volcanes. He visto lugares encantadores, raros, extraños, impresionantes, inolvidables… entre ellos quiero incluir y contarles un poco del último que visité recientemente: El Parque Ecológico La Noria.
Se trata de una porción de terreno de unos 600,000 Mt2 o lo que es lo mismo 1 Km más 620 Mts lineales, ubicado en el extremo Norte de la ciudad de Monción, provincia Santiago Rodríguez, en la República Dominicana.
Atendiendo a una invitación hecha por la Directora municipal de Medio Ambiente de Monción, Rosagna Gómez, salí de Sabaneta en las primeras horas de la mañana, equipado con las herramientas básicas de mi labor periodística para estos fines, rumbo a Monción. La joven funcionaria me esperaba en su oficina desde donde nos dirigimos a La Noria. Tres minutos después de dejar atrás la sordidez del asfalto, el ruido de las bocinas y la descarga nauseabunda de los mufflers, arribábamos a un lugar fuera de lo común.
Estación de descanso en el Parque Ecológico La Noria
Mi primera grata impresión se produjo en la puerta de entrada a este pequeño paraíso ecológico, con una caseta de madera, techada de cana que da la bienvenida al visitante. Inmediatamente se tendió a nuestros pies un estrecho sendero con escalinata y flanqueado a ambos lados por pasamanos hechos con gruesos tallos de bambúes, sostenidos por horcones de pinos y atados con sogas o fibras también de bambú, lo que da plena seguridad al caminante.
Este primer sendero, inclinado, desciende hasta una pequeña rotonda bordeada de bancos rústicos de madera con espaldar y una especie de área de jardín que sirve de descanso y esparcimiento. Allí nos encontramos con la brigada que vela por la integridad del parque, los miembros de la Sociedad Ecológica de Monción, SOEMO, encabezada por su presidente, Saturnino Núñez, quien me confesó la alegría y el entusiasmo que sienten de trabajar en conjunto con la Dirección Municipal de Medio Ambiente por la preservación de La Noria. Me contó que lo que hoy es el parque ecológico, era un espacio visitado por personas que habitaban las periferias de Monción. De allí extraían agua para uso humano, lavaban ropa y llevaban animales a saciar la sed. Siempre fue un lugar público.
Aproveché la parada para enterarme sobre el origen del proyecto. Rosagna reseñó que todo comenzó luego de una visita hecha por el Ministro de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Jaime David Fernández a la provincia Santiago Rodríguez, en septiembre de 2008. A su paso por Monción hizo un recorrido por este lugar, que al parecer le causó mucha impresión y vio que era necesario protegerlo. Establece contacto con los ecologistas y luego ordena a la Directora Mpal. de Medio Ambiente iniciar, junto a SOEMO, el proyecto Parque Ecológico La Noria en el 2009, que incluye en un primer momento, conversaciones con los campesinos que habían cercado porciones de terreno para la crianza de animales, retiro de alambradas y saneamiento ambiental; en un segundo momento se inicia la infraestructura del parque, que aún no ha concluido, según me informó Rosagna.
Después de diez minutos de conversación, continuamos la ruta de exploración por los estrechos pero acogedores senderos bajo la sombra de una exuberante vegetación. La funcionaria medioambientalista respondía con propiedad cada pregunta o inquietud mía. Estaba impresionado con aquel lugar; a cada instante me detenía para mirar el techo de verdes hojas que casi impide la entrada del sol. Palmeras, samán, copey, jazmín, guano, caimito y algunas plantas trepadoras, entre ellas una denominada Niño Perdido, adornan los senderos y las nueve estaciones para el descanso que posee el parque.
Rosagna Gómez, Directora Municipal de Medio Ambiente, Monción |  |  |
Mi anfitriona me había hablado del balneario La Trocha y tenia deseo de llegar a él.
A pocos metros de donde concluye el sendero principal está ese remanso acuático, acurrucado entre una profunda vertiente que asemeja un desfiladero. El agua, como un parto forzoso de la madre tierra, se abre paso y fluye de un pequeño promontorio de rocas que haciendo burbujas rientes nos regala, un poco más abajo, un caudal fresco y cristalino.
La intimidad que brinda el balneario La Trocha, y las otras fuentes, el rayo de luz que se filtra entre el tejido del abundante follaje y el vértigo que nace del asombro de mirar al cielo, cuando nos sorprenden gotas de lluvia, que extrañamente no proceden del cielo (de las nubes), sino de un árbol desconocido hasta ahora, que permanentemente deja caer de sus hojas una garúa limpia como lagrimas divinas, produce una sensación de lejanía en aquel lugar que apenas está a 200 metros de la ciudad de Monción.
 |  |  |
| El árbol lluvioso | Balneario La Trocha | |
Esa breve excursión a este pedazo de paraíso que procrea silencio y paz, en un recorrido a pie de casi una hora por los senderos cuidadosamente trazados, descubriendo en cada paso un árbol nuevo, una nueva estación para echarse al descanso o a la reflexión, hace nacer la plenitud de un diálogo interior que se complementa con el gorjeo de cada manantial que aparece inadvertido ante nuestros ojos o con el silbido de algún ave receloso de que le invadan su hábitat. Todos esos regalos convierten a La Noria en una tentadora opción ecoturística, que los invito a descubrir en este verano.
[email protected]
J.R. Orlando Reyes entrevistando a la Directora Municipal de Medio Ambiente de Monción