Síntesis de un verso fabulista
Por: Sergio H. Lantígua
Hurgando datos para estructurarle una euritmia apropiada a la obertura de la oblación adjunta; nos tropezamos con la siguiente historia de Isótopo, un genio de la fábula griega, que aunque disonante con la genética de nuestra prosa, no pudimos substraernos a la dramaturgia fabulesca del recuento, claudicando a nuestro instinto sugestivo. Por considerarle congruente, acordamos compartirla con vosotros.
En concordancia con el relato sugerido, revisores de la antigua literatura griega, realizaron un hallazgo retórico, antagonista a las estructuras de la antigua filosofía helénica. Mediante estudios realizados a viejos escritos de distintos autores, arribaron a la inferencia de que el otrora renombrado filósofo Esopo, nunca existió. Más aún, descubrieron una enigmática confabulación de un grupo de moralistas, quienes idearon éste personaje y por ende, le adjudicaron la creación de ciertas fábulas, que en realidad, no eran otra cosa que adulterados y pacatos glosarios, plagiados de las directas y truculentas versiones originarias.
Dichas suspicacias emergen de los antecedentes errátiles en su biografía. Algunos autores, daban como lugar de su nacimiento a la ciudad de Tracia, otros, a Frigia. Hay sindicadores de su oriundez en la isla de Samos.
Otra controversia manifiesta era en cuanto a la época en la que supuestamente vivió. Lo cierto es que todos estos datos dudosos, hicieron que los investigadores, se condensaran a un análisis más escrupuloso del referido personaje y la coartada empleada por los celadores de la moral griega; llegando a la indubitable conclusión de su inexistencia.
Durante el transcurso de dichas averiguaciones, convinieron, que sí, hubo un engendrador de fábulas; un joven brillante que a través de sus relatos, intentaba despertar las conciencias aletargadas del pueblo ateniense y que para evitar la censura del estado, eran presentadas como cuentos para niños (fábulas) con animales como protagonistas.
Platica la historia que cuatro jóvenes amigos, se encontraban en una taberna de la ciudad de Argos, escanciando kykeon (licor griego similar al anis del mono) y que Empédocles, un asiduo parroquiano a dicho tugurio, los puso al corriente de que treinta magistrados oficialistas, habían conformado un gobierno oligárquico en reemplazo del democrático vigente.
La noticia caldeó el ánimo de los compinches, decidiendo, conspirar activamente en contra del nuevo gobierno. Dos de ellos, Protio y Tritio, viajaron a la ciudad de Atenas, para enrolarse en las milicias de la resistencia recién iniciada. Deuterio, el mayor de los cuatro y con habilidad para el discurso politico, decidió recorrer el país, y arengar a la población en contra de las nuevas autoridades. Por último, Isótopo, que era poseedor de un gran talento para la diatribe fabulista, se propuso aglutinar gente en las demás ciudades y criticar al régimen, recitando arengas oposicionistas.
Las fábulas de Isótopo, obtuvieron un éxito inesperado, tanto que en las plazas, asambleas y gimnasios solo se debatía sobre ellas. Las epopeyas más divulgadas fueron: «Los cerdos del gobierno», «el mando en manos de las bestias», y «los débiles no importan». En ellas se enfatizaba siempre en las injusticias que cometían los animales poderosos (políticos), como una alegoría a la situación en que vivía el pueblo bajo el vasallaje de la clase dominante.
Los comentarios que generaron sus obras, eran tan profusos que llegaron a oídos de los regentes, quienes ordenaron acallar la voz opositora del fabulista. Para ello, designaron un grupo de intelectuales notables, lacayos del gobierno, conformando un clan conocido como «epístola expedita» el que se dedicó, exclusivamente a buscar una solución plausible que diera al traste con el engorroso asunto. Coincidiendo, en que lo mejor sería, ensamblar varias compañías de recitadores de fábulas que recorrieran el país, difundiendo hasta la saturación, historias que fuesen inocuas al sistema y que pudiesen ser fácilmente confundidas con las que contaba Isótopo; adjudicando la autoría de las obras a un personaje ficticio que acordaron llamar «Esopo», porque se asemejaba al nombre del joven contestador.
En acciones adjuntas, se ordenó la detención de Isótopo y se le condenó a muerte por conjurar en contra del régimen. Algunos historiadores dicen que similar a Sócrates, fué atosigado con cicuta. Empero, los referidos practicantes de la investigación, descreen la versión, asegurando, que para no darle igual jerarquía a la del conocido filósofo, los verdugos obligaron a Isótopo a ingerir trozos de sandía (patilla o melón de agua) con sorbos de vino; convirtiéndolo así en la primera víctima de esta mortífera amalgama.
Síntesis de un verso fabulista
Mi verso, engloba pruritos pueriles, bocetos semánticos. Es cantero de ideas isotrópicas
Simboliza el rayo tonificante del sol naciente, crepúsculos apacibles, noches de pleniluio
Embrionario de sapiencias deformes. Sordo al eco antiestético. Pletórico de anfibologías
Obcecado. Infructuoso, prosigue su encomienda en procura de la utopista inmortalidad
Absorto en el arrebol de los atardeceres. Propagando, aunque no deje canto ni estelas
Al barlovento, cual golondrina trashumante, siempre en pesquiza del verano eterno
Mi verso, travieso, se arremolinará en la alameda para remontar su papalote al infinito
Abdicado a su destino de que será sepultado, bajo la nieve de inviernos hiperbóreos
Mi verso, es gólgota indulgente, absolvente de culpas a sus inexistentes detractores
Siembra en emelgas de suelo fértil y otras veces hace incapié en charcos disecados
Hostil a los herméticos laberintos ontológicos, prostituídos en un falso postín idealísta
Vulnerable, satirizado, magullado por juicios desatinados, impropios de su altruísmo
Mi verso, se perderá en lontananza, confinado a un albergue de sueños y ambiciónes
Más, lo que habrá de omitirse, será su evolución de mariposa, no su prolija parición
Mi verso, habrá de partir desnudo, si esa fuere su suerte, pués así, vinimos al mundo