Semana Santa sin tristezas ni lejanías

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Sergio Reyes - Periodista

Por: Sergio Reyes II.

Escribí, las glosas que transcribo mas adelante, en momentos en que la distancia, la soledad y la modorra del día a día en la Gran Ciudad apabullaban mi existencia y llenaban mi presente de un nosequé de existencialidades vacías, de sinrazones, de sentimientos indefinidos, flotando en el maremágnum de una vida que se debatía en el turbulento océano del ser o no ser, sin haber definido, aun, por cuál de ambas rotundas decisiones se decidía en el derrotero de los próximos días, o el cierre definitivo de los capítulos del tumultuoso Libro de la Vida.

Escribí, -repito-, aquellas glosas, mientras observaba en silencio los afanes de una hacendosa y solidaria hermana, dispuesta, como lo ha estado siempre, a ocuparse de mi y a hacer un poco mas llevaderos mis ditirambos, veleidades y ocurrencias, como toda hermana lo haría y lo ha hecho, por los siglos de los siglos.

Los efluvios embrujadores del delicioso postre que se enseñorea en la culinaria doméstica dominaban el entorno. La amplia olla, -que, a pesar de todo, no llegaba ni por asomo a ser un remedo de los calderos que atesoraba Vitalina, para ser usados en estos casos-, borboteaba a todo pulmón, en el amplio espacio de la cocina pulcramente acondicionada por Maritza, para la ocasión.

Sin embargo, muy ajeno a los apetecibles y acogedores aderezos puestos a mi alcance aquel lejano Viernes Santo de 2010, mi corazón y los aleteos del alma flotaban a su antojo, allende los mares, buscando en la penumbra del amplio océano el ulular de palmeras impulsadas por juguetones golpes de brisa y, por encima de todo ello, los destellos picarescos de reinas, luceros, estrellitas, luceros y cocuyos que forman parte de mi vida y me persiguen doquiera voy.

Ese día, en lo más encumbrado de Washington Heigths, oteando el horizonte en una dirección imprecisa, pero que apunta de manera inconsciente hacia el sureste, torrentes acuosos inundaron mis pupilas, mientras intentaba trasladar sentimientos y corazón hacia el lugar amado en que se encontraba esa parte tan importante de los míos. Entre otras cosas, mi descollante hija Bielka, haciendo pinitos en las labores periodísticas en las playas de Río San Juan y Cabrera, con el equipo de La Z101. Fueron dichas, mis palabras en la ocasión, para recordar a idolatrados amigos de las redes digitales: Miguel Ángel Paulino, Leongino, Cristino, Ricard y Pelanga, así como Papomena, fotógrafo estrella de la Línea Noroeste y del mundo, Ramon Helena, cibernauta montecristeño e Isaías Amaro, santiaguero que va por el mundo difundiendo las Vainas Dominicanas, entre otras muchas cosas que ocupaban mi atención, aquel día.

Y he aquí que, en pleno 2019 y habiendo transcurrido un largo trecho desde aquellos momentos de nostalgias y ausencias, colocado por azares de la vida en el idolatrado terruño dominicano, disfrutando del cariño de los hijos y dejándome llevar de los caprichos y veleidades del interminable ejército de nietos que pulula a mi lado y que crece cada día de más en más, no he tenido mas remedio que apelar a aquel viejo escrito que os comparto, para comparar, poniendo cada cosa encima de la mesa, cuánto me faltaba en aquella ocasión y cuánto ahora me sobra.

El solo hecho de saber que mejora la salud de Sandino, – ¡a pesar de los muchos berrinches en que nos enfrascamos, cada día! -, que fluye vida de Reyes por las venas de 2 nietas de nueva camada, y que mis otros hijos encaminan sus vidas por auspiciosos senderos, es más que plausible.

Unos días de lujo, con hijos, nietos, amigos y relacionados, fueron fijando las pautas pata una inolvidable Semana Santa 2019.

Y junto a ello, el terreno fértil de la frontera dominicana señaló el camino de auspiciosos reencuentros en los que, nueva vez, se comienza a definir lo que ha de ser la impronta de los próximos años y, tal vez, el resto de la vida del suscrito.

¡¡Y les juro que la alegría que hoy siento, no la cambio por nada!!

Bienvenidos los hijos, los nietos y los quereres,  ¡…Bienvenida la vida!

Sto. Dgo., abril 19. 2019.

CUÁNTO DUELE ESTAR LEJOS EN SEMANA SANTA!!

Habichuela con dulce (foto: FE).

Me sentaré, dócilmente, a la mesa solitaria. Llevaré con desgano a la boca los alimentos que con tanto amor preparó mi hermana para mí. Apuraré ávidamente los tragos de Frontera (Chileno, pero me encanta el nombre!). Frank Reyes martillea desde hace rato mis oídos con “Te Pienso” y “Sigo Vivo” y la absurda soledad de este cuarto termina por derrumbar mi resistencia cuando, con Rita Indiana, canto a gritos “La Hora de Volvé”. 

      Y en este Sábado Santo, vuelo, nueva vez, como lo hago siempre que estoy solo –yo que allá nunca lo estuve-, al terruño de palmeras y de emociones que no caben en el alma, a mi casa, a mi gente, a Reinas, Cielos, Estrellitas y Luceros. 

      Sé que Leongino, en el Bronx, Miguel Ángel en Ohio, Ricard en Illinois, Cristino en las tupidas selvas de Costa Rica y Oscar Pelanga, convaleciente en la Patria Chica, coincidirán solidariamente con mis nostálgicos sollozos. Papomena en Coral Gables, -cámara al ristre, pero melancólico-, y Ramón Helena, monitoreando el mundo desde su aldea virtual en el laboratorio digital de Monte Cristi, también entenderán mis motivos. 

      Triculí y LaXclusiva estarán dándose vida, siguiendo las incidencias playeras, los ‘ron conciertos’ artísticos y los más recientes bochinches del mundillo musical. Amaro estará atrapando voluptuosas curvas de lo mejor de nuestro patio para agradarnos –a todos- la vista. Y, de paso, estará tomando notas de las andanzas del ‘mondonguero’ o cualquier otra sabrosa infidencia cultural para sorprendernos más adelante con su ingeniosidad y picardía. 

      Lo demás: operativos de auxilio, estadísticas de Semana Santa, Las Siete Palabras y campaña política proselitista solapada, se la repartirán los jerarcas de la comunicación –esa es su misión!-; Todo ello junto a los denodados esfuerzos del COE, los abnegados muchachos de la Defensa Civil y la Cruz Roja y los operativos de la Z-101, por llevar salud, seguridad y sana diversión a la ciudadanía que abarrota las playas,  balnearios y sitios de goce y descanso y transita por caminos y carreteras del país en estos días. 

      Mientras, yo sigo aquí, oteando hacia el sureste, en donde están mis múltiples quereres, añorando yaniqueques de los que hacen en Boca Chica y Najayo, pesca ‘o con coco de Samaná y un jarro bien grande de habichuelas con dulce, con batata, casabe y galletitas con crucecitas, pa’afincá. Y claro, la procesión hasta el Cristo del Perdón, tempranito en la madrugada, en Dajabón, para expiar pecados y aplacar veleidades. 

      Aquí, no se ve nada d’eso: tiendas abiertas, un bullicio infernal, gentes persiguiendo sueños con un pie aquí y el otro allá. Y todas, deambulando, con el alma contrita y una huella de nostalgia impresa en el triste rostro. 

      Es la vida; es NUESTRA vida. 

      Por mi parte, con el ánimo lleno de dominicanidad, miraré desde lo alto de la ventana de mi cuarto piso y transportaréme hacia mi terruño, al cielo inmenso y cálido de la Patria mientras veo el último video de Santo Domingo Invita; Sólo así seré feliz. El momento llegará, del reencuentro. ¡¡Siempre llega!! 

      ¡¡Que Dios bendiga y cuide a mi pueblo en esta Semana Santa que finaliza!!  

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