Ricardo González Quiñones y «El vuelo de las cuyayas»

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El vuelo de las cuyayas

POR: WILLIAN YAMIL ESTÉVEZ PERALTA.

En el prólogo de «Navarijo», de Francisco Moscoso Puello, el Dr. Bruno Rosario Candelier señala que si una narración «(…) se funda en la realidad objetiva es una narración histórica (…)». (Navarijo, 2015 pág. 15). Por su naturaleza «El vuelo de las cuyayas» se inscribe en este renglón, debido a su riqueza testimonial y anecdótica. En los primeros capítulos de la obra Ricardo bordea los hitos de su Sabaneta adorada, revelándonos con aguda precisión datos arquitectónicos del entorno de este rincón del Noroeste, así como el desenvolvimiento cultural y artístico de la época. La novela evoca recuerdos y vivencias del pueblo que vio nacer al autor, siendo este uno de sus personajes principales.

De manera parsimoniosa, Ricardo transita por la Sabaneta romántica de los años setenta; nos pasea por sus calles y nos presenta su gente, afable y hospitalaria. El relato está cargado de realismo; su autor, junto a sus amigos de infancia, se embarca en aventuras propias de la cotidianidad de los niños y adolescente de antaño, cuya generación no había sido afectada por el hedonismo y la inmoralidad. Este grupo de adolescentes: Ricardo, Rafael, Quico, Blanquito, Simón, Mingo son partícipes de correrías fascinantes por «El Guanal», la finca de «Crucito», el charco «El Vale Cruz» y otros rincones sabaneteros. Los viajes al río y la cacería son las actividades que brindan mayor goce a estos muchachos.

El sosiego llega su fin, y es que la muerte no descansa, y con sus afiladas garras corta de un tajo la vida de uno de los jóvenes en medio de una cacería de cuyayas, episodio dramático que desencadena un halo de misterio en el pueblo, culminando con el entierro de la víctima.

Con un lenguaje fresco y economía de palabras, el autor de esta magnífica novela nos sumerge en una travesía literaria de singular deleite.

El estilo costumbrista de «El vuelo de las cuyayas» destila esa fragancia que encontramos en textos como «Bani o Engracia y Antoñita», de Francisco Gregorio Billini o «Cosas Añejas», de Cesar Nicolás Penson.

Su lectura nos asegura un reencuentro con estampas pueblerinas y tradiciones que se han ido diluyendo con el devenir de los tiempos, por lo que se hace necesario que esta obra sea leída y analizada por niños y jóvenes de nuestras escuelas, de igual modo por los estudiosos y amantes de la buena literatura.

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