Reflexión filosófica

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Ruperto Torres Ejecutivo1Por: Ruperto Torres.

Sabaneta, Santiago Rodríguez. – A menudo solemos atribuirle facultades y valores a personas sin tomar en cuenta o sin antes percatarnos de su verdadera valía, eso no es nuevo, sucedió con los sofistas en la antigüedad y con aquellos que ejercieron como oficio la abogacía, porque dominaban el verbo o eran duchos y guruses en el histrionismo, sin embargo las virtudes más importantes son las virtudes del alma, principalmente las que se refieren a la parte racional del hombre, Aristóteles divide la parte  racional en dos:

El intelecto y la voluntad, cuando el intelecto está bien dispuesto para aquello a lo que su naturaleza apunta, es decir para el conocimiento o posesión de la verdad, decimos que dicho intelecto es virtuoso y bueno. Las virtudes intelectuales perfeccionan al hombre en relación al conocimiento y la verdad y se adquieren mediante la instrucción.

A través de las virtudes, el hombre domina su parte irracional.

Existen dos clases de virtudes: virtudes éticas y virtudes dianoéticas. Ambas expresan la excelencia del hombre y su consecución produce la felicidad, ya que esta última es “La actividad del hombre conforme a la virtud”.

Las virtudes éticas son adquiridas a través de la costumbre o el hábito y consisten, fundamentalmente, en el dominio de la parte irracional del alma (sensitiva) y regulan las relaciones entre los hombres. Las virtudes éticas más importantes son: la fortaleza, la templanza y la justicia, como planteaba nuestro patricio Juan Pablo Duarte.

Las virtudes dianoéticas se corresponden con la parte racional  del hombre, siendo, por esto propias del intelecto (nous) o del pensamiento (nٕóesis).

Su origen no es innato, sino que deben ser aprendidas a través de la educación o la enseñanza. Las principales virtudes dianoéticas son: la inteligencia (sabiduría), y la prudencia, como lo define Baltazar Gracian.

La templanza: es el punto medio entre el libertinaje y la insensibilidad. Que consiste en la moderación frente a los placeres y las penalidades.

La valentía: es el punto medio entre el miedo y la temeridad.

La generosidad: es el punto medio entre el uso y posesión de los bienes. La prodigalidad es su exceso y la avaricia su defecto.

Prudencia: el hombre prudente es aquel que puede reconocer el punto medio en cada situación. Cuando uno hace algo virtuoso, la acción es buena de por sí. La prudencia no es ni ciencia ni praxis, es una virtud, un arte.

La definición tradicional de justicia consiste en dar a cada uno lo que es debido. Existen tres clases de justicia: Las justicia distributiva que consiste en distribuir las ventajas y desventajas que corresponden a cada miembro de una sociedad, según su mérito.

La justicia conmutativa, que restaura la igualdad perdida, dañada o violada a través de una retribución o reparación regulada por un contrato.

La justicia divina que por nuestra fé a nuestro divino creador y su omnipotencia decimos: no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague, o, con la vara que mida serás medido.

Ni el hombre ni la mujer, aislados pueden ser buenos ni sabios, el hombre y la mujer virtuosos son aquellos que purifican su alma y la desprenden del cuerpo para poder acceder a las ideas de bien, justicia, valor y piedad que son su fundamento por excelencia.

Recordemos el pasaje de Jesucristo ante el César cuando le requirieron el pago de los impuestos y su frase lapidaria: Al César lo que es de César y a Jehová Dios lo que es de Dios.

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