Quico Durán es un maestro de vocación y humilde
SANTIAGO RODRIGUEZ, R.D. No hay mejor regalo de los dioses que encontrar un maestro.
Dergis de Jesús Durán, es un maestro dotado de equidad, dinámico, eficiencia, capacidad.
Nació en el sector Cambelén, el día 20 de abril del año 1959.
Sus primeros años de infancia vivió en la casa del sastre Papa Durán.
Inició el magisterio de forma gratuita y luego fue nombrado el 21 de enero de 1981 en el liceo de la comunidad Arroyo Blanco.
Ya cuenta con 31 años brindando servicio de forma oficial al estado. Actualmente labora en el liceo secundario Librado Eugenio Belliard, en su condición de maestro y Coordinador pedagógico.
Quico es uno de los que reúnen esas facultades y cualidades.
Sus padres son Ana Mercedes Durán (Sosa), su padre Manuel Antonio Rosario (Manolo).
De este matrimonio nacieron Ceferina Rosario-Ñega-, Carmen Gloria Durán-Mary-, Julio César Durán-Morete-, Nelson Darío Durán y José Durán.
Quico Durán, como le llaman sus familiares, amigos, amigas, allegados, es un hombre humilde, eficiente y desde su juventud sintió pasión por el magisterio.
Como casi todo él, que se dedica a maestro iniciando la enseñanza con alta dosis de ansiedad, seguridad en sí mismo y de poder contribuir a la formación de los futuros profesionales.
Es un excelente maestro, el que siempre profesa de que su pensamiento está en continua marcha y en amplios conocimientos.
Y desde joven escribía lo ya pensaba, pensaba escribiendo, pensaba hablando, pensaba viviendo, que es su vida pensar, sentir y hacer.
Desde estudiante, su preocupación ha sido enlazar pensamientos y sentimientos.
Dedicado su vida al magisterio, a pensar y sentir; ambas cosas juntas.
Muchos colegas coinciden en este punto.
Cuando estaba en la escuela primaria, expresaba su visión de la enseñanza.
Ahora entiende la escuela como un sitio adonde se va a aprender, a compartir el tiempo, el espacio y el afecto con los demás, donde siempre habrá alguien para sorprenderte, emocionarte, decirte al oído algún secreto magnífico.
Es de los maestros que enseñan a sus estudiantes, los llenan de nuevos matices, de perspectivas más amplias y funciona la relación enriquecedora en los dos sentidos.
Por su experiencia, crea una atmósfera mágica en clase, con los fluidos intelectuales en movimiento y otras actividades más placenteras.
Es el maestro que siempre está a gusto, roza cada día el cielo con las manos, vive con pasión su trabajo, en cada clase, tus alumnos hacen nuevos descubrimientos.
Siempre apunta a lo positivo de sus alumnos y puede abandonar las apariencias y ganarse la libertad de los mismos.
La libertad de Quico es estar en clase con seguridad en sí mismo, con un buen conocimiento de lo que se puede y lo que no se puede hacer en una clase; decir lo que piensa, ensayar nuevas técnicas para explicar un tema, de cambiar formas y modificar contenidos.
Y con la libertad entre este experimentado educador y sus alumnos llega la alegría, la se sentirse útil a los demás, la alegría de una alta valoración de su trabajo, la alegría por haber escapado a la rutina convirtiendo cada clase en una aventura y en un reto intelectual.
Para él hay que pensar y sentir, el camino y la meta que los marcó.
Es un maestro de humanidad.
Básicamente a Quico Durán es ayudarles a sus estudiantes a comprender a sí mismos y a entender el mundo que les rodea.
Para ello, no hay otro camino que rescatar, en cada una de las lecciones, el valor humano del conocimiento.
Todas las ciencias tienen en su origen a un hombre o una mujer preocupados por desentrañar la estructura de la realidad.
Durán siempre elabora los conocimientos del tema que explicas, como respuesta a una preocupación vital.
Es un ser humano inquieto, entregado a los mejores intereses de la formación de los jóvenes de ambos sexos.
La primera tarea, relata Durán es crear inquietud, descubrir el valor de lo que van a aprender, recrear el estado de curiosidad en el que se elaboran las preguntas y sus respuestas.
Para él no hay que abandonar las profesiones de fe en las respuestas ordenadas de los libros, sino que hay que volver las miradas de los alumnos hacia el mundo que nos rodea.
Cada día, antes de explicar un tema, necesita preguntar qué sentido tiene el que le ponga ante un grupo de alumnos para hablar de esos contenidos, qué les va a aportar, qué espera conseguir.
Y luego, cómo enganchar lo que ellos saben, lo que han vivido, lo que les puede preocupar, con los nuevos contenidos que va a introducir.
Ante ello, Quico Durán, le lanza un reto de que si cada año repite la explicación del tema como una salmodia, con la misma gracia en el mismo sitio y los mismos ejemplos de nada vale estar en las aulas.
Cree en la renovación pedagógica, con el deseo de mejorar el aprendizaje de sus alumnos, la necesita como una forma de encontrarle vivo en la enseñanza, como un desafío personal para investigar nuevas formas de comunicación, nuevos caminos para hacer pensar y estar preparados para enfrentar los restos y desafíos porvenir.
Cada día entre maestros hay tensión, por los problemas familiares, por las conquistas no logradas, pero sobre todo hay que aparentar ante sus alumnos un serio academicismo, aparentar que todo estaba bajo control, tener una sabiduría que en ocasiones está lejos de poseer.
A través de la enseñanza se puede aburrir soberanamente, y vivir cada clase con una profunda ansiedad.
Hoy día Durán es un profesor de secundaria, y para él en clase hay que divertirse, buscar el ansia de saber, aprender y propiciar una atmósfera de investigación.
Y no se piense que sólo se abre la mente a los alumnos, sino que el maestro también aprende de ellos y de ellas.
Quico Durán, piensa hablando, viviendo, que es su vida pensar, sentir, hacer pensar y sentir.
Ser maestro de humanidad es ser empático con los alumnos, y de ésta manera los conocimientos serán asequibles, ya que serán transmitidos al nivel de los educandos.
! Hasta la próxima entrega!



