Qué hacer si le roban su celular

Por Sergio H. Lantígua
Discurrimos por la vida enterrando vivencias placenteras y antipáticas en la botija de nuestros recuerdos como si fuesen atesoradas morocotas para luego, tacañamente, irlas exhumando a medida que por su secuela, convergen con acontecimientos cotidianos que nos traen amalgamadas reminiscencias por haber sido beneficiados o perjudicados en esa soterrada particularidad.
Esta fué mi exasperante reacción después de glotonamente deglutir el interesante artículo divulgado por el Dr. Darío González Gómez, donde regurgitaba su cívica inquietud, alertando a la ciudadanía de la exuberante ocurrencia del timo en el cargo a las tarjetas SIM para celulares y la aparente impunidad conque operan estos malversadores organizados.
Es rebasada esta eventualidad que fortuitamente, me tropiezo con un artículo que por su parentesco, consideré plausible enyuntarlo a la proclama del galeno-activista, como un gesto de sustentáculo moral a su jornada comunitaria. No sin antes puntualizar – muy respetuosamente – la salvedad: de que no es mi intención subsecuente, perpetuarme en tópicos sinónimos al usurpatorio impremeditado de su quijotil prurito.
Aunque el instinto, prudentemente, me advirtiese de que publicar esta similaridad pudiera ser percibido como un calco o yerro ético de mi parte; eventualmente, no pude substraerme a la perentoria y trascendencia del hallazgo y decidí aceptar la secuela y hacer el adscripto colateral a ésta preocupante suya que perjudica a la población indiscriminadamente con la indubitable certidumbre de que me sería absuelto el vituperable atrevimiento.
Embestí el embarazoso cometido – más que nada – azuzado por el melodrama y coincidencia de la referida divulgación que indispensablemente, trajese a colación, retrogresiones de un vetusto incidente que me ocurriera durante un periplo vacacional a esa, donde fuí victima de un percance concordante por cierto con un resultado frustratorio, ya que al contactar mis quejas a la operadora de la compañía medianera, ésta me indicó que ese tipo de reclamación, era imposible darle seguimiento por la utopía de ejecutar acción judicial alguna en contra de estos malhechores, estructurados clandestinamente para la ejecutoria de este arquetipo de menesteres protervos.
Ahora, ya solapado el engorro y fundamentado en inexistentes estadísticas – porque nadie se preocupa de investigar mucho menos enmendar la persistente transgresión – pude constatar que la fracción de que usted pueda recuperar su teléfono celular, después de haberle sido sustraído, es de un 0%.
He aquí las instrucciones pertinentes si le roban o pierde su celular:
Como es de conocimiento colectivo entre aquellos poseedores de teléfonos celulares; al adquirirlos, la compañía proveedora, les asigna un código o clave identificable (IMEI), al cual solo tiene acceso el registrado.
Para obtener el mismo, se debe marcar: *#06# (asterisco-numeral-cero-seis-numeral). Posteriormente, aparecerá su código en la pantalla. Guárdelo por si acaso surge la eventualidad, no le agarre asando batatas y tenga que poner candado después de que le hayan robado.
Entonces, asumiendo que por razones impropias a su voluntad, se le desapareciése el indispensable artefacto, notifíquelo inmediatamente a la compañía matríz, y provéales su código personal para que ésta a su vez, pueda bloquear o ponerlo fuera de servicio, aún en la eventualidad de que le hayan reemplazado el chip (ficha de identidad) o la tarjeta SIM.
Por ende, se tornará en un objeto «obsoleto» que no es negociable, ni funcional para el que se lo robe o tenga la buena fortuna de encontrarlo. Como diría un envidioso bien intencionado: «Si yo no puedo tenerlo, tú tampoco».
«Para aprender hay que dar el primer paso», alusivo al hecho populista de que mi fuerte no es escribir versos con rima, sino en prosaísmo. Así es que en esta oportunidad, voy a correr el riesgo de tener la osadía y desfachatez de inmiscuirme en éste difícil menester de los «decimeros» para entregarles esta larvaria ocurrencia. Perdóneme! Don Juan Antonio Alix.
EL TELEFONO CELULAR
Improvisar no es mi costumbre
Pués jamás lo había intentado
Como saldré de éste menjurje
Para el que no estoy preparado
-o-
Nos hemos vuelto tan dependientes
Del bendito celular
Que hasta para ir al retrete
Lo tenemos que cargar
-o-
Lo peor es ir manejando
Y decide hacer una llamada
Es un accidente traficando
Que ni el seguro lo paga
-o-
Ya hasta el campesino lo usa
Para hacer llamadas del conuco
Que adelantada está la ciencia
Nos dió el teléfono y sin bejuco
-o-
El hábito es tan aberrante
Y el uso tan a menudo
Que sin este acompañante
Es como andar desnudo
-o-
Aquí les quiero implorar
A los amantes de este servicio
Que si se lo llegan a robar
No vayan a perder el juicio