«Por favor, déjenme estar con mi esposa»

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José Antonio Regueiro Docampo. (Foto: Oscar Vázquez).

Por: Alejandro Martínez (VIGO / LA VOZ).

Un vigués no puede traer a su mujer porque el consulado duda de la relación

Separados casi 7.000 kilómetros porque una funcionaria no cree en su matrimonio. José Antonio Regueiro Docampo reconoce llevar meses angustiados porque no puede ver a la mujer con la que se casó en diciembre de 2014 en la República Dominicana. El consulado español en la isla caribeña no valida el matrimonio porque sospecha que es un pacto de conveniencia, que la mujer puede haber pagado dinero a este vigués con el objetivo de obtener un certificado que le permita marcharse de su país de origen y obtener la nacionalidad española. La cónsul adjunta del registro civil consular se ha negado a estampar el matasellos español en su certificado de matrimonio «por convicción moral».

Pero José Antonio insiste en que la quiere, que la ama profundamente y que no puede vivir sin ella. Por eso su existencia no tiene sentido ahora. «Ando solo por la calle, ya no me importa nada, me da igual la casa, paso de todo, tengo una depresión terrible, un estado anímico por los suelos». Afirma que su mujer, Yaniris Eneroliza Peña, también sufre con tanta distancia de por medio. «Es un drama verla llorar, yo me pongo enfermo cuando veo que lo pasa tan mal», afirma este hombre divorciado. Ambos se conocieron en mayo de 2012 en la cafetería Mus, ubicada en la calle Gregorio Espino. Él es un cliente habitual de este establecimiento. «Ella se acercó, nos conocimos y, a los 15 días ya vivíamos juntos en mi casa de la Travesía de Vigo».

La diferencia de edad no ha sido una barrera en su relación. José Antonio tiene 64 años y ella 35. Vivieron juntos durante un año y dos meses. Después ella tuvo que regresar a su país y ya no pudo volver. Habían empezado a hacer los papeles para registrarse como pareja de hecho. Aconsejado por un abogado, José Antonio logró reunir un dinero y viajó a la República Dominicana y se casó con ella. La ceremonia civil se celebró el 10 de diciembre de 2014 en un juzgado de la localidad dominicana de Villa Consuelo. Allí les dieron un «sí quiero» que no les abrió las puertas. En el Consulado español de la República Dominicana han encontrado un muro infranqueable. De nada han servido los informes de Yaniris que avalan su buena reputación, como el certificado de buena conducta del colegio en el que estudió, el informe de honorabilidad que emitió el alcalde del municipio de Los Almácigos y su profesor de Educación Física y entrenador de Atletismo. José Antonio también se considera un ciudadano honrado y exige poder rehacer su vida.

Un trabajador

«En mi vida he entrado en un puticlub, que miren si tengo antecedentes, he trabajado toda mi vida, mis orígenes son humildes y logré ser formador y jefe en mi empresa», afirma. Actualmente se encuentra jubilado por una lesión que tuvo en un hombro. A pesar de no contar con unos ingresos muy altos, no ha dejado de cumplir con su deber de ayudar a su esposa y le sigue mandando dinero periódicamente para que pueda pagarse allí una vivienda, la luz y el agua. Ella ha encontrado un trabajo, pero no cobra más que un sueldo equivalente a los cien euros mensuales.

José Antonio no para de moverse para buscar una solución «He ido varias veces a la comisaría de Vigo, a los sindicatos, he hablado con abogados, a Cáritas y no pararé hasta que pueda esta con ella», manifiesta. Seguirá luchando por un matrimonio que afirma que es «real y verdadero».

Se conocieron en un bar y enseguida surgió el flechazo entre ambos, pese a llevarse 30 años

El Consulado cree que el matrimonio es un «negocio con fines migratorios»

La encargada del registro civil en el consulado español de la República Dominicana ha denegado la inscripción del matrimonio entre José Antonio Regueiro y Yaniris Eneroliza para evitar «dar apariencias de solidez jurídica a lo que es un negocio jurídico simulado, posiblemente con finalidad migratoria». Ambos cónyuges fueron citados en sus respectivas oficinas del Registro Civil del consulado y del juzgado de Vigo y no coincidieron en las respuestas de un formulario. Así, el marido indicó que comenzaron su relación sentimental en mayo de 2013, mientras que la mujer contestó en la República Dominicana que lo habían hecho un año antes. Tampoco conocía el vigués la fecha exacta del nacimiento de su cónyuge ni el lugar. Según la funcionaria del consulado, tampoco se aportaron pruebas suficientes de convivencia durante la estancia de la dominicana en España. «Solo se aportan fotos del día de la boda en la República Dominicana», expresa.

Ambos niegan todos estos extremos y reconocen que pudo haber un error o despiste en el cuestionario que realizaron por separado. Yaniris Eneroliza presentó una demanda contra la funcionaria del consulado por daños morales, que no fue admitida a trámite, puesto que el cuerpo diplomático cuenta con inmunidad.

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