Necesito más… Aunque no me falte nada
Solo para los que puedan entender.
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Por: Milton Jiménez.
La ambición desmedida: acumulan riquezas, mientras el pobre se llena de miseria que arrastra por alguna necesidad mínima. La madre desconsolado pide auxilio por el hijo que conserva entre sus manos, que con fiebre dirige sus ojos hacia arriba en busca de compensar el caliente de su cuerpo. Se carboniza una esperanza y una ilusión desde su vientre. El amor que había acumulado se llena de dolor y de prepotencia ante la arrogancia y la necesidad del lugar donde alguien le debía prestar ayuda.
Destapan un champan comprado con el dinero de la corrupción y se preparan para sonreír a carcajadas, sin importar la desgracia que ocasionan por una ambición maldita ya que no tiene la bendición de Dios.
Ay qué pena del que le quitan lo único que tenía y que con tanto esfuerzo había acumulado durante un mes completo por su afán en un trabajo esclavizado. Le atracan para robarle lo propio y un tiro a quema ropa destroza su muslo fracturándole el fémur. Ay que dolor tan grande y sin dinero, sin protección y sus hijos sin comer, con mil facturas que pagar.
Y otro champan con el dinero de mí colecta, compartido con dos rubias, que aun siendo negro es capaz de conquistarla con el dinero de los niños, de los ancianos y los enfermos. El dinero de los estudiantes sin recursos, de los que no tienen pan, ni misericordia del sistema. Una carcajada más sin pensar en el dolor de quien llora sin soñar por que el sueño no le da, porque madruga sin cenar y el hambre no descansa ni en el suelo de su alcoba. Con sus niños que no lloran aunque el apetito llame la necesidad de comer sin esperanza.
Apartamentos más de 20, una cuenta en monedas extranjeras, más de 10 testaferros amenazados de muertes por si quieren pasarse de listo. Su esposa no tiene nada, pero el cuñado es tan rico como el más de tu país, pues no se puede enseñar lo que tiene esa gran dama. Si el otro partido llega y se arma un gran rebú, el dinero acumulado de su ambición desmedida no es a expensa de los pobres, del robo a todas manos que obtuvo desde el poder este maldito ambicioso, que sin pensar en más nada todo esto acumuló y así se afana ante Dios con su risa a carcajada pedir perdón por su ambición.
Quiero paz, mucha paz. Dios querrá.



