Necesito desesperadamente que alguien me ayude… o voy a volverme loco

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Dos historias que enseñan. Felicidad


Por: Robert Núñez Cabrera

 «Vivo en una pequeña habitación con mi mujer, mis hijos y mis parientes, de manera que tenemos los nervios a punto de estallar y no dejamos de gritarnos y de increparnos los unos a los otros. Aquello es un verdadero infierno…»

 «¿Me prometes que harás lo que yo te ordene?», le dijo el maestro con toda

seriedad.  «¡Te juro que lo haré!»:

 «Perfectamente. ¿Cuántos animales tienes?». 

«Una vaca, una cabra, seis gallinas….. y alguno más».

 «Mételos a todos en la habitación y vuelve dentro de una semana».

 El discípulo quedo horrorizado, pero ¡había prometido obedecer…! De modo que lo

hizo y regreso al cabo de una semana quejándose desconsoladamente:

 «¡Vengo hecho un manojo de nervios! ¿qué suciedad, qué peste, qué ruido…! ¡Estamos todos a punto de volvernos locos!»

 

 «Mete ahora el perro y el caballo y vuelve dentro de una semana»

 Ya no podía más…. era insoportable.

 «Vuelve otra vez», dijo el Maestro, «y saca a todos los animales».

 El hombre se marcho a su casa corriendo y regresó al día siguiente radiante de alegría:

 

 «Qué felicidad! Han salido todos los animales y aquello es ahora el paraíso.

¡Qué tranquilidad, qué limpieza, qué amplitud…!».

 

Lectura

 Un anciano sabio se paseaba con tres de sus discípulos en el jardín de su pueblo.

Viendo un limaco que devora una lechuga el primer discípulo lo aplasta con el pie.

 

 El segundo dice entonces: -Maestro, ¿no es pecado aplastar esta criatura?

 El maestro le responde: -Tienes razón, así es.

 

 -Pero el comía nuestro alimento, ¿no he hecho bien?

 El maestro le responde: -Tienes razón.

 

 El tercero dice: – Ambos dicen cosas contradictorias, no pueden los dos tener la razón.  Y el maestro le responde: -Tienes razón. 

Fuente:

¿Y tú, que opinas?

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