Natacha Feliz Franco nos mostró el valor de las palabras como oficio y vocación
“Cada poema es único. En cada obra late, con mayor o menor intensidad, toda la poesía. Cada lector busca algo en el poema. Y no es insólito que lo encuentre: ya lo llevaba dentro”.
Octavio Paz
“El arco y la lira”
POR: PERSILIA ZIJLSTRA – educadora. Reside en Santo Domingo.
Santo Domingo, RD. – Natacha Feliz Franco compartió recuerdos, lecturas y reflexiones sobre la escritura durante una nueva entrega de la tertulia El autor y su obra, celebrada la noche del miércoles 15 de julio en la Sala Carmen Natalia de la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña.

La conducción estuvo a cargo de Sugeiry Duarte; la entrevista fue realizada por Rosa Santos y la semblanza de la autora fue leída por Niurca Herrera.
Al inicio de la actividad se excusó la ausencia de la coordinadora del colectivo, Máxima Hernández, así como de las escritoras Solangel Román y Masako Satake-Torena, quienes se encontraban en la ciudad de Nueva York representando a Mujeres de Roca y Tinta y a la Editorial MR&T en el Festival Internacional del Libro y la Cultura Dominicana celebrado recientemente en esa ciudad.
Natacha Feliz Franco comparte su vocación por la escritura
Entre el público se encontraban, además, la escritora Gladys Almonte, cofundadora del colectivo; el escritor, arquitecto y gestor cultural José Enrique Delmonte Soñé y el escritor Ercides Aguasvivas, junto a otros amantes de las letras que acudieron a acompañar este encuentro con la literatura.
A lo largo de la conversación, Natacha volvió una y otra vez a Baní, a sus primeros años de formación y a las personas que despertaron en ella el amor por los libros y la escritura. Habló de maestros, escritores y gestores culturales que dejaron huellas profundas en su camino y recordó cómo la gestión cultural terminó convirtiéndose también en una escuela que más adelante le abriría las puertas al periodismo, la corrección de estilo y el trabajo editorial.

Entre las anécdotas compartidas evocó con especial cariño aquellos años en que las reuniones culturales se realizaban en su propia casa. Recordó cómo su madre recibía a los jóvenes y les preparaba jugo mientras ellos organizaban actividades, intercambiaban ideas y soñaban proyectos para su comunidad. Como en el hogar disponían de teléfono, desde allí realizaban llamadas para contactar posibles patrocinadores y gestionar apoyos para las iniciativas culturales que soñaban impulsar. Al rememorar aquellos días, quedó claro que muchas veces la promoción cultural nace precisamente de esos gestos cotidianos, del entusiasmo compartido y de la voluntad de crear espacios para la literatura aun cuando los recursos eran limitados.
Contó que sus primeros acercamientos a la creación literaria estuvieron ligados al microrrelato, género que le enseñó que cada historia encuentra su propia respiración y exige una manera particular de ser contada.
Cuando la conversación se desplazó hacia la poesía, la autora reconoció que se trata de uno de los géneros más exigentes para quien escribe, aunque quizás, también de uno de los más íntimos y necesarios. Compartió entonces una experiencia que suele repetirse en los talleres de escritura creativa que imparte para el Ministerio de Cultura. Confesó que con frecuencia, niños y adultos preguntan si pueden expresarse a través del poema. Para ella, esa inquietud demuestra que la poesía sigue habitando de manera natural en las personas, incluso antes de que aprendan a nombrarla.
Uno de los momentos más memorables de la noche llegó cuando defendió la diversidad de las formas poéticas y recordó que no existe una única manera de escribir poesía porque tampoco existe una única manera de sentir el mundo. Por ello afirmó que jamás desdeñaría el trabajo de otro poeta, pues detrás de cada verso hay siempre una experiencia humana, una emoción y una mirada irrepetible sobre la realidad.
La autora evocó también algunas de las voces que marcaron su formación como lectora y escritora. Recordó el descubrimiento temprano de José Ángel Buesa durante sus años escolares y expresó la admiración que siente por la obra de Lupo Hernández Rueda y Ángela Hernández, autores cuya influencia reconoce en su sensibilidad literaria.

La participación del público cerró el encuentro con preguntas sobre la inspiración, la escritura y los procesos creativos. Natacha respondió con cercanía y generosidad, e invitó a los presentes a no temerle a la palabra y a convertir tanto las alegrías como las heridas en material para la creación.
Posteriormente, las Mujeres de Roca y Tinta hicieron entrega de reconocimientos a la autora invitada; luego procedieron a realizar algunas tomas fotográficas y por último, invitaron a los presentes a disfrutar de un brindis.
Como siempre, se agradeció al director de la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña, Rafael Peralta Romero. Pues abrir las puertas a estos encuentros, cada tercer miércoles del mes, permite el contacto directo entre escritores y lectores. Estas acciones propician el compartir temas e inquietudes alrededor de la literatura y la creación artística, bajo la conducción del colectivo Mujeres de Roca y Tinta.
Antes de despedirse, las organizadoras extendieron la invitación para la próxima edición de El autor y su obra, prevista para el miércoles 19 de agosto de 2026. En esta ocasión, el público tendrá la oportunidad de conversar con el médico y escritor Dr. Miguel Ángel Durán, quien será el próximo invitado en esta cita con las letras dominicanas.



