Edwin Campusano Jimenez
Mientras vigilo tu reposo

Mientras vigilo tu reposo, …

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Por: Sergio Reyes II.

Mi primo Edwin, cuasi mi hijo  – y quien una vez soñé que podría ser mi nuero-, hoy se encuentra aquejado en su salud, flotando en medio de una indefinible nebulosa y a expensas de una decisión del que Todo lo Puede y de la que podría derivarse la alegría o la desgracia de todo un abigarrado conglomerado humano en el que flotan, hermanados, los Reyes, los Jiménez y otros tantos –muchos!- apellidos que sintetizan, casi de un plumazo, la significativa fuerza de una familia, una raza y un honroso legado del que me precio de ser parte.

Sergio Reyes II 2015 FE
Sergio Reyes – Periodista

Por las venas de Edwin Campusano Jiménez corren, al igual que por las mías, torrentes alucinantes de una sangre que es legado, es orgullo y es mi razón de vivir. Hablar de un Jiménez, como lo es de un Reyes, constituye lo más importante de mi vida y cualquier aspecto o situación que afecte a dicho conglomerado toca las más profundas fibras de mi ser y me traslada, de inmediato, a un apabullante pasado de cariño, enseñanzas y experiencias familiares que se encuentran envueltas en lo más profundo de las letras y la nostalgia que se deriva de los apellidos de esta ejemplarizadora familia.

Edwin se encuentra estable, al decir de los facultativos que se encuentran a cargo del aspecto terrenal de su estado de salud. Confío en su diagnóstico y mis oraciones se dirigen, en este día, a pedir por la eficacia de sus habilidades y conocimientos, que permitan sacar a ese idolatrado primo del estado de letargo condicionado en que se encuentra, en este día.

Pero, por encima de todo, creo a ciegas en el poder omnipotente de Dios y lo que podamos lograr con el poder de la oración, todos los que queremos a Edwin.

Ese recurso no debe desfallecer nunca si queremos ver a nuestro amado primo sano y salvo, de nuevo junto a nosotros, recordando este amargo momento solo como una grotesca pesadilla del destino y agradeciendo a Dios por su seguro y estable restablecimiento.

Algún día recordaré estas letras junto a mi cariñoso y atento primo, en la apacible tranquilidad campestre de Villa Vitalina, en Capotillo, provincia Dajabón, en donde solemos disfrutar las delicias de la vida alejados de los vaivenes e ingratitudes de la rutina diaria.

Cuando eso suceda, volveré a ser feliz.

Mientras tanto, como me enseñó a hacerlo Vitalina, no soltaré el rosario, las oraciones y las súplicas en procura de la recuperación de la salud de mi adorado familiar.

Hasta tanto eso suceda, no volveré a ser feliz ni podré observar con los mismos ojos la intensidad del sol que ilumina de manera ostensible en esta luminosa tarde a la Gran Manzana.

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