Los sueños no solo son un pretexto para jugar quinielas

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Sergio Lantigua trujilloPor: Sergio H. Lantígua
Es genérico que le restemos importancia a lo que soñamos, porque deducimos que han sido el producto de algún designio previo. Pero qué sucede, si en el mismo, nos presagian una eventualidad impensada y ésta sobreviene, no precisamente en un corto plazo, sino exactamente tal y como lo soñásemos?

Por conjeturarlo como un argumento de idiosincrasia popularista, escudriñado y matriculado por civilizaciones antiquísimas, hemos determinado incursionar en la urdimbre de los sueños y sus ideografías premonitorias; los que han sido reseñados como una sucesión de imágenes, ideas, emociones, y sensaciones, cuyas ocurrencias involuntarias en la mente humana convergen en indeterminados lapsos del sueño.

El designio de éstos, nunca ha sido completamente descodificado, pero la jerarquía científica los ha manipulado de una forma especulativa, siendo sujetos a intereses filosófico-religiosos a través de la historia.
La «Oneirología», es la erudición encomendada de pesquisar los sueños. Cabe señalar que homónimos al ser humano, se especula que algunos pájaros y la gran mayoría de los mamíferos también sueñan.
El MRO -movimiento rápido de los ojos – es el período durante el sueño, cuando las actividades del cerebro agencian su ápice, lo que provoca la amañada percepción de que soñamos despiertos.
Con la avenencia de las cámaras filmadoras se ha podido registrar ésta desusada anomalía de nuestras actividades mientras estamos prodigados en los brazos de Morfeo.
El período menstruante de los sueños, ha sido determinado como que pueden prolongarse desde unos cuantos segundos hasta los veinte minutos. Se estipula que si la persona es desadormecida durante este ciclo de intensa actividad, podría redituar una narrativa más fidedigna de lo soñado.
El average de tiempo invertido en los sueños por los humanos, es de tres a cinco tandas, pero algunos pueden hacerlo hasta siete veces con la prerrogativa de que pudiesen exceder ésta marca a medida que progresa la noche; se calcula, que en un intervalo de ocho horas, se pueden destinar hasta dos horas a soñar.
Los sueños han sido parangonados como la concatenación idónea para abismarse en un estado de inconsciencia psicogénica que puede ser mutable desde normal , ordinario hasta lo irreal y extraño. Empero, en su naturaleza, pueden convertirse en espantosos, excitantes, mágicos, melancólicos, aventureros, románticos y eróticos. Estos eventos están completamente fuera de la fiscalización del durmiente con la excepción, de los llamados «Sueños lúcidos» donde el participante, aparenta estar consciente; éstos pueden a veces, ser transmutados en pensamientos creativos o de sensación inspirativa.
Las metamórficas opiniones e interpretaciones acerca del guarismo de los sueños, han sido inconsistentes a travéz del tiempo y las diversas culturas y datan desde el año 4000ac.
Sus primigenios registros, fueron documentados en tabletas de barro, fechadas alrededor del año 5000ac en Mesopotamia.
Los Griegos y los Romanos, se repartían la creencia de que los sueños eran comunicados enviados directamente por sus dioses, o provenientes de personas ya occisas, quienes podían predecir el futuro; tanto así, que algunas culturas, procuraron la prescripción de como incubar los que fuesen proféticos con la determinada intensión de recrearlos.
El neurologista Austríaco Sigmund Freud, quién fuese el progenitor de la disciplina del psicoanálisis, escribió extensamente, correlativo a la teoría de los sueños y sus consecuentes interpretaciones; explicaba, que los sueños son manifestaciones intrínsecas de nuestros deseos y ansiedades, enchufados a memorias y obsesiónes acarreadas desde nuestra niñez.
A medida que nos zabullimos en éste charco de los sueños haremos hincapié en la faceta psicopática-revelativa, la que acostumbradamente pasa desapercibida.
Con la anuencia de vosotros, voy a hacerles partícipes de un exiguo recuento de sueños vivenciados por éste servidor a los que desdeñara relevancia y que resultaron ser en algunos casos mensajes de advertencia y en otros narrativas melodramáticas o acertijos de como sería la ocurrencia.
Primera revelación: Un Sábado en la noche de un mes y año cualquiera, me sueño que un primo con quién había compartido muchas horas de juego en mi adolescencia en Pata de Vaca, se presenta en mi apartamento del Bronx a visitarme y al retirarse ya estando en la puerta, se vuelve y me dice: Primo! No se le olvide jugar el 10, al otro día Domingo el número salió en primera y me saqué unos cuarticos.
Segunda revelación: Para éste acontecimiento vivíamos en Manhattan y doy comienzo a viajes de fin de semana para ir de cacería para lo cual me levantaba en la madrugada. Tengo que intercalar que mi esposa para mi cumpleaños me regaló un anillo de diamantes que comprara a una amiga en apuros económicos; pués bién, me estoy soñando ese Viernes – yo estaba supuesto a salir el Sábado en la mañana – que voy entrando al edificio donde residíamos y que antes de abrir la puerta principal, noto que había un joven parado en la parte interior e instintivamente – en el sueño – con los dedos de la mano izquierda le doy vueltas al anillo para que éste diese la impresión de ser un anillo de matrimonio; entro y el personaje me dice en tono amenazante: No lo escondas que éso es precisamente lo que me interesa! Como siempre, no le puse atención, me levanto, me visto, me pongo mi anillo y cuál fué el resultado? Se me perdió en el monte. Era el sueño un aviso para que dejase ésta prenda en la casa?
Tercera revelación: Ya residíamos en Long Island y teníamos que transitar por el Long Island express way (LIE) – vía de trasnporte rápido – para dirigirnos a nuestro trabajo en Manhattan. Un día, me estoy soñando, que salgo de casa como de costumbre y que al entrar al tráfico, me detiene una patrulla de carreteras y me dá un (ticket) o multa por exceso de velocidad a esa hora de la madrugada. No le puse atención al sueño, me levanto, salgo para el trabajo y precisamente a muy corta distancia de la casa, sale un carro patrulla de la policía – no sé de donde – y me dá la multa, tal y como me lo había soñado la noche anterior.

Entonces, como podríamos catalogar e interpretar los sueños? Qué tan significativos son? Debiéramos prestarle mayor atención? O nos convertiría ésta postura en entes superticiosas? Si ha tenido algunas manifestaciones similares en su vida; entonces tiene usted una evaluación concisa de lo referido.

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