Los cinco neuromitos educativos (o falsas verdades) que más estrés generan en los padres

454
Los cinco neuromitos educativos (o falsas verdades) que más estrés generan en los padres

 Buena fe, ganas de creer, malas interpretaciones, lenguajes crípticos… los conceptos erróneos sobre el funcionamiento del cerebro crean una ansiedad fácilmente evitable entre los progenitores

Por: EVA MILLET.

“Sólo usamos un 10% del cerebro”, “Si no lo aprende en los tres primeros años, no lo hará nunca”. “Si escucha Mozart será más inteligente”… Estos son ejemplos de algunos neuromitos (conceptos erróneos sobre el funcionamiento del cerebro) más extendidos, que generan mucho estrés entre los padres. Algunos se preguntan, levemente angustiados, si su hijo, utilizando un diez por ciento del cerebro, ya es así de avispado: “¿Cómo sería si consigo potenciarle un quince, incluso, un veinte por ciento?… ¡¿Einstein?! ¡¿Mozart?!”

Los neuromitos (no solo educativos) llevan décadas circulando, pero, en tiempos de un creciente interés por el funcionamiento del cerebro, son cada vez más potentes. Y persistentes. Pese a que, como observa el profesor Francisco Mora Teruel, “un mito es llana y simplemente una falsa verdad”.

cinco neuromitos

Mora Teruel sabe de lo que habla: entre otros, es doctor en Neurociencia por la Universidad de Oxford y pionero de la divulgación de esta disciplina en España. Y, como a buen científico, le horrorizan las inexactitudes. Por ello es autor de un libro imprescindible: Mitos y verdades del cerebro (Paidós), cuyo objetivo es rebatir estas falsedades.

El término “neuromito”, explica, fue acuñado por el neurocirujano inglés Alan Crockard, harto de la aplicación sin rigor de conceptos de la neurociencia en la medicina. Los neuromitos también interesan a la OCDE, el organismo responsable del Informe Pisa. Los define como “conceptos erróneos, generados por un malentendido o una cita equivocada de hechos establecidos científicamente”.

Equívocos y malentendidos

Muchos neuromitos tienen su origen en el impenetrable lenguaje de los neurocientíficos

Y es que muchos de los neuromitos más aceptados, como explica Mora Teruel, tienen su origen en el impenetrable lenguaje de los neurocientíficos. Un lenguaje muy técnico cuya interpretación puede conducir a equívocos, malentendidos e, incluso, maquillajes para hacerlos atractivos al gran público.

Sin olvidar, por supuesto, el factor emocional: la buena fe y las ganas de creer que se puede aprender mejor si se usa un hemisferio concreto del cerebro o que si tu bebé escucha Mozart será más inteligente. “Un buen mito lleva siempre algo ‘caliente’ en él, fácil de aceptar, que encuentra fácil acomodo en quien escucha”, asegura este experto, con quien analizamos los cinco neuromitos educativos más extendidos.

1

Solo usamos el 10% del cerebro

Neuromito muy veterano

Esta falsa creencia tiene más de un siglo de antigüedad y, según diversos estudios, hasta el 50% de maestros de países como el Reino Unido y Holanda creen en él. Nace de una confusión tras una conferencia del psicólogo norteamericano William James (hermano del escritor, Henry). Durante su charla, William James dijo que era “bastante posible” que una persona, en su día a día, no alcanzase a utilizar más que el 10% de su potencial intelectual. Se refería, escribe Mora Teruel: “A que la mayoría de personas no emplean todos sus recursos mentales por muy diversas causas” pero no porque utilicen “una pequeña parte, cantidad o porcentaje de su cerebro”. En el mundo de los mitos las matizaciones no gustan y, en este caso, la «potencialidad’ de las facultades mentales se transformó en la «utilización» del 10% del cerebro. Se confundieron las capacidades mentales con la anatomía y se consolidó el mito, que sigue gozando de muy buena salud. En parte, como explica la OCDE, porque fue utilizado por “vendedores de mitos” como Dale Carnegie —padre de la autoayuda— y por personajes como Uri Geller, que doblaba cucharas, decía, echando mano de ese 90% que supuestamente no utilizamos.
​El mito es atractivo, sin duda (¿no sería maravilloso poder acceder a esas reservas de inteligencia?) pero, como detalla Mora Teruel, no se sostiene. Primero porque biológicamente hablando, no se justifica que solo utilicemos el 10% de un cerebro que pesa casi un kilo y medio. ¿Para qué dejar inutilizada esa otra parte tan sustancial? No solo eso, continúa: si el cerebro es un órgano caro de mantener (pesa el 2% del organismo pero consume el 20% de oxigeno que respiramos): “¿Cómo es posible que la evolución haya sido tan ‘torpe’ como para permitir este enorme gasto de energía?”. La evolución biológica indica que cuando algo no se utiliza durante mucho tiempo en un organismo, la naturaleza lo elimina. Sin olvidar que no existe una región cerebral que, si es dañada, no incida en la salud mental o física de una persona. El cerebro, en definitiva, es un todo. Requiere de su completa integridad para funcionar.

2

Si no lo aprende en los tres primeros años…

Infructuosa carrera contrarreloj

Otro neuromito famosísimo que postula que todo lo que va a condicionar el aprendizaje en la vida debe darse antes de los tres años. Ello genera ansiedad parental y niños atiborrados de actividades, luchando a contrarreloj contra el paso de ese tiempo en el que, teóricamente, lo han de absorber todo.
​De este mito se han beneficiado artífices de métodos como los “bits de inteligencia” de Glenn Doman, que exponen a los niños a un bombardeo de conceptos e ideas: de los reyes Tudor a los invertebrados.
​Es cierto que, como escribe Mora Teruel, “el cerebro de un niño, particularmente en la primera infancia, es una vorágine de cambios”. Sin embargo ello no implica que a estas edades posea los mecanismos cerebrales: “Para captar lo abstracto, las ideas, los conceptos”. Es más, el niño en estos primeros años “debería aprender especialmente de modo directo, de la propia naturaleza”. ​Así, no se le debería enseñar una flor en una cartulina o en una pantalla sino… ¡en el campo! 
​La comprensión y la construcción “de los abstractos y conceptos que son los átomos del pensamiento” llegará más tarde, a partir de los seis o siete años. E, importantísimo, la capacidad de formar sinapsis y la plasticidad cerebral, continuarán. “No están limitadas a los primeros tres años. Es una habilidad que se conserva durante toda la vida”, se recalca desde la OCDE.

3

Hay un hemisferio racional y otro intuitivo

Dos hemisferios no tan separados

Este mito incide en la diferenciación del hemisferio izquierdo o cerebro “inteligente y racional” (también llamado «masculino») y el derecho, que sería el cerebro intuitivo y creativo (o «femenino»). Sin embargo, el cerebro, insiste Mora Teruel, es un todo. “Ambos hemisferios se encuentran conectados, física y funcionalmente, por una banda de fibras nerviosas que se conoce con el nombre de cuerpo calloso”. Esto hace que el cerebro funcione como una unidad, que transmite constantemente información de un hemisferio a otro.
La existencia de un talento determinado (por el arte o por las matemáticas) no implica que haya mayor dominancia de un lado. Está relacionada “con el rendimiento conjunto de ambos hemisferios “y de su interacción en el ambiente familiar y la cultura en la que viven”.
​Sin embargo, el mito persiste y provoca que, incluso, haya colegios que clasifiquen a sus alumnos con «hemisferios derechos» e «izquierdos» o potencien “el hemisferio olvidado”. Un error, señala el autor, para quien lo ideal en los primeros años es una educación integral para que todas las aptitudes de los niños se presenten en grados diferentes.

4

Hay niños que aprenden mejor por la vista…

Sin evidencias para el mito más influyente

Los estilos de aprendizaje: Aquí el mito se forja a partir de una teoría, acuñada por el bioquímico Frederic Vester en 1975, que sostenía que cada alumno tiene una predisposición biológica —un mayor desarrollo en una zona cerebral— a aprender mejor a través de un sistema sensorial específico: la vista, el oído o el movimiento.
​Ello provocó, como sucede en el mito anterior, que se adopten estilos de aprendizaje específicos para los alumnos “visuales”, “auditivos” y “táctiles” (o “kinestésicos”). La enseñanza se hace selectiva desde muy pronto en base a lo que Mora Teruel denomina “una mala interpretación de los datos científicos”, contestada repetidamente en las últimas cuatro décadas. Él y otros expertos señalan “la falta de evidencia sólida” que avala el que califica de mito más influyente.
​Pero los “estilos de aprendizaje” han encontrado su lugar en los textos pedagógicos. Y hay escuelas que también dividen a sus alumnos en función de los mismos, lo que, para Mora Teruel es contraproducente. Porque la percepción del mundo por parte de nuestro cerebro es “polisensorial” y la aplicación de estos métodos selectivos “podría producir un trastorno” en el desarrollo cognitivo de los niños.

5

Si escucha Mozart será más inteligente…

Un estudio refutado

Este neuromito tiene su origen en un artículo publicado en 1993 en la revista Nature. Una investigación de la universidad de California, liderada por la psicóloga Frances Rauscher, aseguraba que los estudiantes que habían escuchado Mozart durante diez minutos “aumentaban temporalmente su capacidad intelectiva de modo significativo” en comparación con otros que habían estado en silencio o conversando. Eran mejores, señala Mora Teruel, “en tareas de razonamiento espacio-temporal, como recortar y doblar papeles previamente festoneados de modo diferente”.
​La idea de que se podía aumentar la inteligencia solo por escuchar una pieza musical sedujo a millones: en Estados Unidos más del 80% de la población ha oído hablar del “efecto Mozart”, que se convirtió en un reclamo para lanzar productos (como Baby Mozart, con ventas millonarias) y atraer estudiantes.
​El mito llegó tan arriba que el gobierno alemán encargó un estudio para analizarlo. En 2007 la propia Nature publicó un artículo titulado Mozart no te hace inteligente, haciéndose eco de sus conclusiones: “El informe determina la muerte del efecto Mozart de Rauscher”, rezaba el texto, que señalaba que la mayoría de los estudios sobre el efecto de escuchar música en la inteligencia “eran incapaces de repetir las conclusiones del estudio de la Universidad de California”.

Fuente:

¿Y tú, que opinas?

Please enter your comment!
Please enter your name here