Los Antojos – montarse en los espíritus y los remedios caseros

👁️ Visitas: ...

Sergio Lantigua trujilloPor: Sergio H. Lantígua
A veces nos precipitamos al conceptuar un enunciado , incurriendo en un superfluo desacierto, pués absortos en la euforia de impresiones espurias, conjeturando que una vez manipulado el argumento de lo sobrenatural, la gente, habría de capitular los embalses de sus vivencias esotéricas, haciéndonos partícipes de sus pruritos sin acatar que no todo el mundo se siente destensado, recapitulando peripecias subjetivas a lo insinuante por considerarlos engorros hórridos que deben ser preservados con alquitranada celosía.

Resguardados detrás de ese endeble argumento, proseguiremos con nuestras experiencias y las de emparentados, las que todavía subsisten sin objeciónes categóricas en el padrón de éste servidor.

ANTOJO
Mi hermano Tomasito, tiene una mancha en el hombro izquierdo, que de acuerdo a la versión de mi madre, quién embarazada fuese un día a visitar a mi tía Chela y ésta estaba cocinando hígado, sintió unos deseos inusitados de que le ofrecieran una porción o le invitasen a comer, pero al no ocurrió así, dice haber sentido una comezón y se rascó la parte donde precisamente tiene mi hermano la marca. Porque según dicen: las mujeres cuando están en gestación y se antojan, no piden; esperan a que se les ofrezca y como no sucediese se regresó a la casa toda compungida. Cabe notar que nosotros, no acarreamos una característica parigual.
MEDICINA CASERA
Ya residiendo en la capital, conocí un señor llamado Antolín, por medio de un compañero de cacería. Un día, estando nosotros practicando con los rifles de perdigones en la azotea de su casa, tocan una bocina en la calle, él se asoma al borde, se voltea y me dice: Sergio, tenemos que suspender el adiestramiento, pues tengo una cita concertada con la persona que está allá abajo. Le dije: No hay problema. Bajamos, al segundo piso a su apartamento, abre la puerta y entra una señora vestida toda de negro, con sombrero y gafas de homóloga tonalidad; mi amigo le invita a pasar y la introduce en una de las habitaciones, cerrando la puerta detrás de sí.
Siguiendo sus indicaciones, yo me senté en la sala a esperarlo y después de una hora más o menos, sale éste con un pañuelo colora’o atado alrededor de su cabeza, con un cigarro en la boca y una botella de ron en la mano. Mi asombro fué indescriptible producto de la incredulidad, porque nunca me dejó entrever que fumara o bebiese, mucho menos que practicara la necromancia.
Sale la señora despidiéndose y después de cerrada la puerta me dice: Sergio, yo nunca te había dicho que yo me «monto» y hago «trabajos»; esa persona que acaba de irse, era la señora de Salvador Estrella Sadhalá, uno de los conjurados en la muerte de Trujillo, y vino en busca de un «resguardo» de protección para ella y su familia; creo me dijese que había viajado desde la Vega o Moca. Cómo? Sí, ven para que veas mi altar; abre la puerta y noto que en medio del cuarto había erigido una plataforma en forma de mesa con escalones, adornada con toda clase de santos, velas, flores,etc., y por demás varias botellas de ron desparramadas por el piso; indicandome que cuando se montaba, ingería su contenido sin que posteriormente recordara haberlo hecho. No tomaba porque era diabético.
MEDICINA CASERA
Posterior al hecho narrado, mi esposa perdió prematuramente el primer embarazo, motivado a una cervicitis que no permitía la expansión del claustro materno al engordar el embrión y transmutarse en feto. Intentamos el empadronamiento como por espacio de un año sin un resultado positivo.
Recuerdo, que un día me pregunta: Sergio, y ustedes no piensan tener hijos? Yo le contesté confiándole el inconveniente y me dice: Y porqué no me lo dijiste antes; tan pronto llegue a la casa te voy a mixturar una botella para que se la des a tomar y verás como se solventa la disyuntiva. Me prepara la botella, días más tarde voy y la procuro, mi esposa se la toma, tres meses más tarde fuímos al doctor y nos dijo que estaba en estado. Hoy en dia mi hija, tiene 47 años de edad y el producto del subsecuente embarazo 38.
MEDICINA CASERA
En mis años juveniles nunca pude comer mariscos, pués me producían envenenamiento inminente cada vez que los degustaba. De una manera tal, que solo necesitaba probar un camarón – que eran mi predilección – para que de inmediato tuviese que salir corriendo azuzado por una incontenible descomposición estomacal. Este acontecimiento se repitió en varias ocasiones hasta que a la tercera me dije: No más!
Un día voy de visita como de costumbre a donde el amigo Antolín, y éste me pregunta: Ya comiste? Yo le contesté: Que todavía no! Inmediatamente me invita a comer a la casa de una señora que según, le cocinaba y que le tenía una comida especial para ese día. Yo acepté, dirigiéndonos de inmediato hacia la casa de la referida. Al arribar, le dice a la señora que me sirva un plato a mí también. La comida era un asopa’o de camarones (todavía creo que fué una confabulación). Yo al percatarme, exclamé: Gracias señora! Pero no puedo comer ese tipo de comida porque me hace daño. Mi amigo, me dice: No te preocupes! Y volviéndose le pregunta a la doña: Tiene usted leche en la nevera? Ella asiente y le exhorta a que me sirva un vaso. Entonces, me indica que me coma la comida y que de inmediato me tome el vaso de leche. Después de titubear, seguí su órden y para no cansarles con la historia hasta el día de hoy y sin necesidad del vaso de leche. Me puedo comer todos los mariscos que quiera sin que ello me afecte en lo más mínimo.
MEDICINA CASERA
Tendría yo más o menos unos 12 años cuando experimenté el primer ataque de cálculos en los riñones lo que indicaba que era algo hereditario porque mi abuelo Ramón Rodríguez, murió a consecuencia de ello; mi mamá, mi tío Elpidio y yo compartíamos el mismo malestar. Un día y ya viviendo al lado de Don Domingo Moreno en el Barrio de Mejoramiento Social en la capital; llega una señora amiga de mi madre coincidiendo con mi regreso del hospital, pués los ataques eran tan fuertes que me causaban desmayo y tenían que trasladarme a la sala de emergencias sin que las medicinas que me recetaban surtiesen ningún efecto positivo, como les iba narrando, ésta al enterarse por boca de mi madre del problema le dice: Pero doña Altagracia, ustedes tienen el remedio en el patio! Mire, sáquese la cáscara de ese palo de tamarindo, vaya y recoja unas cuantas flores de las que tumban las abejas de esa mata de coco y hágale un té, déselo tres veces al día y usted verá que con eso se le desbaratan las piedras. Para no cansarles el cuento, ya tengo 70 años de edad y estos síntomas jamás me han vuelto a recurrir.

Publicaciones Similares

2 comentarios

  1. Excelente narrativa Segio, vengo leyendo tus escritos desde hace mucho tiempo y en verdad me hacen recordar muchas historias que escuchabamos en esas tertulias, velorios y reuniones informales que usualmente era mandatoria cuando ocurria el famoso ap

  2. Estimado sr. Marcelino: Acepte usted mi beneplácito por el magnánimo comentario e inusual indagatoria por demás evidenciar su concordancia y afectuoso rastreo de mis vástagos literarios. Desafortunadamente, circunstancias impropias a mi volunta

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *