LAS DENUNCIAS DE FRAUDE

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Por: José Fernández

LAS DENUNCIAS DE FRAUDE PROVENIENTE DE LOS PRINCIPALES PARTIDOS  DE LA LIBERACIÓN DOMINICA PLD, Y EL PARTIDO REVOLUCIONARIO DOMINICANO (PRD), PERO TAMBIÉN DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y DE PARTICULARES EMPAÑAN ELECCIONES PRIMARIAS.

 

Prácticas comunes como votantes fotografiando con sus teléfonos móviles su papeleta marcada con una cruz,  que permite al votante presentar la foto como prueba de voto y cobrar así el dinero acordado, Robo de valijas, secuestro de urnas, marcar los votos de los envejecientes e incapacitados a favor de un candidato de la preferencias del que lo marca y no del que estas votando,  familiares de candidatos como secretarios y presidentes de mesas electorales permitiendo que no se firme después de votar y luego ese votante regresa como si nunca había votado son solo algunos de los métodos de fraudes usados en esta y otras  elecciones internas en los partidos. Yo mismo pude presenciar algunos de esos métodos.

 

Pienso que la no aprobación de la ley de partido no es más que la crónica de un fraude anunciado. Ha pasado muy desapercibida la aprobación de esta norma, más aún si tenemos en cuenta el impacto que han tenido en nuestro país los casos de corrupción asociados a las organizaciones políticas.

 

Resulta hoy evidente la insuficiencia de los estatutos Internos de los partidos políticos. Las primarias internas de los partidos se tornan cada día más y más peligrosa e incontrolable con candidatos y candidatas con recursos que en sus mayorías son de procedencias deshonrosas. En el marco de una democracia madura y consolidada en la que el protagonismo y la significación constitucional de los partidos no ha hecho sino incrementarse. Por ello, procede ahora la aprobación e implementación de la Ley de partido, reclamada por la sociedad por una serie importante de razones.

 

Se trata, en primer lugar, de recoger con claridad y sistema la experiencia acumulada en estos años.

 

Se trata, también, de renovar normas ancladas en las preocupaciones prioritarias del pasado, que resultan inadecuadas e insuficientes para disciplinar las nuevas realidades del presente. Especialmente si se tiene en cuenta el vigor con que la sociedad complementa hoy la acción de las instituciones y abre vías nuevas de participación o de relación con las mismas a través de instrumentos que, como las asociaciones, las fundaciones o los propios partidos políticos, están siendo objeto de la correspondiente modernización legislativa.

 

Por otra parte, aunque los partidos políticos no son órganos constitucionales sino entes privados de base asociativa, forman parte esencial de la arquitectura constitucional, realizan funciones de una importancia constitucional primaria y disponen de una segunda naturaleza que la doctrina suele resumir con referencias reiteradas a su relevancia constitucional y a la garantía institucional de los mismos por parte de la Constitución.

 

Desde uno u otro punto de vista, el tiempo presente reclama el fortalecimiento y la mejora de su estatuto jurídico con un régimen más perfilado, garantista y completo. Si ello es así para toda asociación, con más motivo ha de serlo para las asociaciones políticas, cuya finalidad es la de aunar convicciones y esfuerzos para incidir en la dirección democrática de los asuntos públicos, contribuir funcionamiento institucional y provocar cambios mejoras desde el ejercicio del poder político. Pero también en cuanto los partidos son instrumentos fundamentales de la acción del Estado, en un Estado de Derecho avanzado y exigente como el que disfrutamos,  que pone límites y establece garantías y controles frente a cualquier sujeto, por relevante que éste sea en la estructura constitucional. Puede decirse, incluso, que cuanto mayor es el relieve del sujeto y su función en el sistema,  más interés tiene el Estado de Derecho en afinar su régimen jurídico.

 

Esa carencia reclama ahora un esfuerzo añadido para completar las disposiciones vigentes. El objetivo es garantizar el funcionamiento del sistema democrático y las libertades esenciales de los ciudadanos, impidiendo que un partido político pueda, de forma reiterada y grave,  atentar contra ese régimen democrático de libertades,  justificar el racismo, apoyar políticamente la violencia, y el narcotráfico…

Nota: SabanetaSR no es responsable de las opiniones emitida por el escritor.

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