La vida y su resonancia
«Me están mirando en tus ojos los ángeles del instante, los ángeles que han perdido la memoria al contemplarse.»
Luis Rosales.
POR: TONY CEDEÑO. Escritor Reside en Ecuador.
Todos los barcos y sus velas dejan estelas de sueños en el andante marino, ese grito de libertad que flamea incesante en su alma llanera. Por esa pizca de sal y de tiempo donde el mismo Dios se agobia aterrado por el sufrimiento humano hay miles de luciérnagas en las noches tiritando un recuerdo. Por ello, el marinero está feliz en medio del mar porque sabe que más allá del horizonte está el puerto, eso se llama esperanza y es útil para la vida.
Entonces la vida seguirá en su labor como una noble semblanza que se siente con los ojos del sueño, casi apagándose y levitando y de nuevo empieza.
Julio Cortázar en su libro Rayuela lo explica: «A veces uno amanece con ganas de extinguirse… Como si fuéramos velitas de un pastel de alguien inapetente. A veces nos arden terriblemente los labios y los ojos y nuestras narices se hinchan y somos horribles y lloramos y queremos extinguirnos… Así es la vida, un constante querer apagarse y encenderse».
Entonces qué hago aquí en medio esta odisea que vibra como un candil sin extinguirse – (hay una lotería en cada ser humano – ganarla y descubrirla es imprescindible con la más profunda oración se requiere.
Como una sentencia lleva en su hombro su dictamen irrenunciable: hay que vivir, aunque duela y aunque cueste. Breguemos con fuerza por esa independencia sutil que nos corresponde pues quien ama es libre.
Ánimo, aún hay sueños y aún hay vida.



