La presencia de lo transparente en Cuando soy

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Profesor Gerardo Castillo - Escritor.

Por: Gerardo Castillo Javier.

La undécima lectura de Cuando soy (2018) de la escritora dominicana Yadira Rivas me ha deparado la suprema dicha de evocar otro libro no menos singular y maravilloso: El libro de arena (1984) del escritor argentino Jorge Luis Borges. Y de manera específica una frase del cuento «El espejo y la máscara». El rey dice al poeta: «De la pluma que ha producido obra tan eminente podemos esperar todavía una obra más alta» (Pág.71). Igual que yo, muchos que hoy guardan silencio también esperan.

Los libros nos atrapan de muy variables formas. Los hay, incluso, que nos obnubilan por sus carencias aparentes. En el caso de Cuando soy llama la atención el concepto de poesía que subyace a los textos. Resulta oportuno aclarar que el vocablo griego «poiesis» se refiere a toda actividad creativa, lo que nos ayuda a entender que el territorio representativo de la palabra poesía no tiene sus fronteras en la belleza que se construye desde las palabras sino que abarca todo aquello que es bello o que posee belleza. Sin embargo, el prestigio de la robusta tradición grecolatina impuso el significado que se le atribuye hoy. En contraste, el legado que hay en la poesía de Yadira Rivas no se apega ni a los criterios ni a las búsquedas formales de la gran tradición, lo que le confiere un inédito atributo.

La poesía y la filosofía están estrechamente emparentadas. Así, todo poeta es un filósofo y lo contrario también es correcto. José Mármol se ocupó de ilustrar la pertinente validez de la denominada poesía cerebral, para lo que se valió no solo de sus poemas; mostró el camino a la compleja y hermosa poesía de Roberto Juarroz. Yadira Rivas tal vez no conoce a José Mármol, pero muchos de sus poemas son cerebrales, como los del poeta que es también un filósofo. Sin embargo, un rasgo los distancia: los poemas de Yadira Rivas nacen de una larga y lenta contemplación; los de José Mármol de la profunda conciencia del signo lingüístico y de una búsqueda implacable de sus posibles formas.

En su momento, Rubén Darío puso de moda la cultura oriental. Hoy, tantos años después del modernismo, la cultura de oriente recibe renovadas atenciones. Por supuesto, los hallazgos de Yadira Rivas no son fruto de una moda. No. Los textos de Cuando soy son el fruto del crecimiento espiritual que conduce a renunciar a todo lo superfluo, a las ornamentas que lastran el camino hacia lo trascendente, tal como proponen quienes siguen la senda del budismo zen.

Desde esa perspectiva, las características formales de la poesía de Yadira Rivas adquieren un sentido insospechado. Los maestros del budismo zen colocan a sus alumnos ante tareas absurdas para el festejado sentido común. Si el alumno logra completarlas alcanza la iluminación.  Tal escuela no se apoya en la mímesis, más bien, acepta que el camino está siempre por hacerse y que es personal. Con conciencia o sin ella, es lo que ha logrado la escritora: una expresión poética en la que la idea prima sobre las formas.

La lectura de este libro testimonia la aventura espiritual de un ser que, al buscarse a sí mismo aprendió a renunciar a la inmediatez de lo intrascendente y descubrió, con feliz asombro, el valor de la humildad y el poder del perdón; el indescriptible valor de aceptar a los demás como son o como han elegido ser.

La lectura, como los días, esconde el imposible albur de los espejos. En el cuento citado Borges compara la poesía a un espejo y a una máscara; dependerá de si refleja u oculta. La vasta aventura de leer Cuando soy, de la escritora dominicana Yadira Rivas nos arroja, sin violencia, a la transparencia de lo trascendente. Sin búsquedas formales, el libro invita a un acto creativo marcado por el valor de la idea, por colocar lo humano por encima de las circunstancias. Sin embargo, en algún momento, una emoción coloca al lector entre un flash oscuro y el látigo del trueno. Lo dijo Roberto Juarroz: «(…) a veces la luz no tiene más sentido que ella misma y simplemente se aplasta contra el ojo».

3 Comentarios

  1. Excelente reflexión. En tu manera de hacer crítica científica del arte te distingue en estilo y consciencia de lo que estás haciendo. En tu estilo se estila el susurro de una lectura sopesada de la obra aludida. La autora aludida en el exhaustivo tra

  2. Gracias Gerardo por tomar tu valioso y ocupado tiempo para identificar cualidades empapándola con tanta belleza poética. Gracias maestro de maestros y guardián de la esencia de quienes necesitamos de tu ayuda. AGRADECIDA.

¿Y tú, que opinas?

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