La Nochebuena del Tío Ramón

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Luis Amilka Gomez ayuntamientoPor: Luís Amílkar Gómez
Ningún recuerdo de mi niñez se puede comparar a aquellos 24 de diciembre en la casa de mi tío Ramón Gómez en la Villa de Los Almácigos.

Aquellas noches eran realmente nochebuenas.

Todo comenzaba en horas de la tarde con el aroma de puerco asado que salía de la panadería propiedad del tío Ramón.
Luego, el olor típico de aquellas deliciosas uvas y manzanas que se importaban de Chile. Inmediatamente se agregaba el bullicio de música navideña que emanaba de los radios en las diferentes casas.
La enramada detrás de la casa era el espacio donde los niños jugábamos, mientras las mujeres en la cocina preparaban el clásico moro de guandules, la ensalada rusa y demás platos propios de la ocasión.
A casa del tío Ramón no solamente llegábamos los familiares esa noche, sino que cualquier villero era bienvenido a cenar y disfrutar con nosotros.
Cuando el manjar estaba servido en la mesa, mi mamá Victoria era la designada para bendecír la cena. Todos pedíamos la versión corta porque la larga parece que duraba toda una eternidad.
Luego de la comida se iniciaban los «shows». En la velada participaban cantantes improvisados, poetas que declamaban sus composiciones dramatizándolas, el gran Macabí que vestido de mujer hacía reír a todos.
Todo esto sucedía mientras que Mis tíos Ninito y Juan de Dios, juntos a mi padre Rafael se «sacrificaban» trabajando duro para hacer más ricos a los Bermúdez de Santiago y a los Brugal de Puerto Plata.
La culminación de la nochebuena terminaba con un plato fuerte. Las «discusiones» que sostenían mis tíos Ramón y Quirino a través de décimas cantadas con una maestría que hasta el propio Josián Espinal se sorprendería.
Así fué por muchos años. Fuimos creciendo y fuimos emigrando. Las nuevas generaciones se marchaban cada vez a lugares más distantes. Otros familiares fueron muriendo.
Hoy, el tío Ramón vive prácticamente solo en su residencia de Los Almácigos.
Todos estamos pendientes de él. Ahora somos sus familiares que lo buscamos para pasar juntos nochebuena.
A sus ochenta y tanto sigue tan alegre como antes. Tan cuentista como siempre. Tan cuerdero como nunca y todavía el corazón se le acelera cuando ve pasar una linda mujer.
Para muchos de nosotros, navidad es recordar al tío Ramón y su inconmensurable generosidad.
Si me dieran a elegir donde pasar esta nochebuena, entre la casa más cómoda del mundo y la terraza del tío Ramón, sin el menor titubeo escogería la terraza.
Porque allí residió una vez la alegría.
Porque allí campeó una vez la bondad.
Porque allí reinó por mucho tiempo la felicidad.
Porque allí muchas veces se resumió lo que es nochebuena.
Paz, alegría, hermandad y felicidad.

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2 comentarios

  1. Luis, muy bonitos recuerdos un dia me atrevi a decirle a Manuel Cabrera que en Paz Descanse, que queria ir con ustedes a pasar la nochebuena para Villa y por supuesto me dijo que cuando yo habia visto que un hijo de el saliera de su casa un dia como

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