La extremada sensibilidad es influyente en la poética

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Por Sergio H. Lantígua
La poesía, hipotéticamente en ciclo gestante, alumbra sus lapsos inspirativos, eximidos de un susceptible localismo íntimo, evidenciados en una persistente propuesta de audaces y enamoradizas sugerencias con pretensos de divulgación universal.

Éste preámbulo embrionario, concretiza su abstracto, cuando la expresión del alma sensiblera es definible sin adentrarse en flirteos dogmáticos, pero sí, expresando su concepción de lo que exteriorizado, es descrito como belleza interior; ese arbitrio de individualidad que los seres humanos, albergan en lo subjetivo.

 

Algunas obras poéticas, debido a lo abstracto de sus narrativas, deben ser enjuiciadas como si fuesen exhibidas y contempladas en un museo de arte moderno literario donde los cuadros estarían ubicados por autoría para que quienes los admiren, puedan disfrutar de un fresco, óleo, acuarela, carboncillo, o plumilla de su bardo predilecto.

 

Porque el poema, no es otra cosa que un paisaje fabulista, creado con el pincel de nuestra imaginativa, ora bosquejado sobre un lienzo romancista, usando la paleta homogénea de la disciplina hablada y escrita para transigirlo del apólogo a un semblante verosímil.

 

Hacer poesía, es por lo tanto, como pintar un paisaje reflejado en una visión interna, mancornada a lo espontáneo sin detenerse a discernir, si el alma, se deleita según las cosas y sufre según las otras.

 

El arte, genéricamente, puede ser un morbo salutífero – si ponderados, no censuradores – lo disfrutamos a plenitud, tratando de entenderlo desapasionadamente.

 

Entonces, de una manera reverente, podríamos conceptuar, que se trata de una prerrogativa de percepción con influencias tolerantes, y no de una imperativa verzada, que pudiese entorpecer el disfrute de su intrínseca hermosura.

 

Porque aquellos que anteponen conceptos racionales-intelectivos al analizar una obra de arte queriendo enjuiciar el subterfugio entre lo explícito e implícito, estarán empleando un proceso anfibológico e infructífero, pués solo el hacedor de la misma, puede proveer un esquema axiomático del patetismo que provocase la clarividencia detrás de lo escenificado.

 

El goce intelectual y epistemológico, habrá de acontecer y ser experimentado por el contemplador o la lectoría, a medida en que la sensibilidad y la creativa del generador, se vayan amalgamando.

 

En resumidas cuentas, es la finalidad cardinal del poema, recaudar sus romancescos exabruptos, directamente del rincón del alma en donde se alberga esa imperiosa emotividad que influencia al esculpir la belleza de las ideas.

 

AMANTES EN POSPRETÉRITO
Fuimos el quejumbroso instante de un enmudecido suspiro
Una incipiente sonrisa por el tiempo y la distancia disuelta
Como una brisa itinerante que pasó sin siquiera detenerse
Algo que surgió de la nada y se marchó así tan de repente
Fuimos amor parigual al beso lanzado al vacío sin tener alas
Como una palabra dicha sin emotividad en un verso carente

Como una caricia que no encontrara la piel donde ser amada
Fuimos como la poesía no leída porque se quedó inconclusa
Fuimos amantes fugaces cautivos del trashumante pretenso
Una historia vivida intensamente entre amantes impericios
Dos miradas entrecruzadas que crédulas se creyeron amantes
Fuimos un te quiero que tu boca y la mía escaso pronunciaran
Fuimos esa veleidosa pasión donde amamos sin discernimiento
Corazones ignotos que se encontraron en cualquier momento
Que conocieron tan poco del amor que no llegaron a ser nada

¿Y tú, que opinas?

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