La comisión y la corrupción

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Geny Lozada - Abogada. (Foto: FE)

Por: Geny Lozada.  Es Abogada Reside en Mao.
La comisión es una señal inequívoca de cómo opera el capitalismo, sistema que impera en la sociedad dominicana, en el cual unos pocos concentran grandes cantidades de riquezas a cambio de que las grandes mayorías vivan en la pobreza.

Este sistema para mantenerse necesita entre muchas cosas la corrupción, no solo la pública (desvío de los recursos públicos) también la privada (evasión de impuestos, concesiones, …), lo que permite que funcionarios y capitalistas (grandes ricos) concentren grandes riquezas a costa de que las grandes mayorías vivan en la miseria, no tengan acceso a un sistema de salud y educación pública de calidad, a una vivienda decente, a un salario digno, a un ambiente sano, a caminar con seguridad por sus calles, …

En el capitalismo es legal que el patrón explote a sus trabajadores/as, tengan grandes ganancias y paguen salarios muy bajos en complicidad con los gobiernos de derecha, como el de Danilo Medina y otros pasados.

A todo esto, también se suma la iglesia (como estructura) que con su «bendición» legitima la practica corrupta que perjudica al pueblo de Dios, como en el caso de Agripino Núñez Collado, que cada vez que ha mediado ha sido en provecho del gran capital, el gobierno de turno y en el suyo propio, jamás en favor de los/as pobres. La iglesia no sólo recibe beneficios económicos, también se le permite imponer sus creencias religiosas aunque estas cobren la vida de miles de mujeres pobres, como el caso de las causales del aborto.

Por eso no es casualidad que ante el escándalo de los sobornos de Odebrecht, Punta Catalina, Danilo cree una comisión compuesta cuidadosamente por los sectores que se han beneficiado históricamente por la corrupción y que realmente tienen mucho que perder.

La competencia por la acumulación de riqueza entre funcionarios y grandes ricos es lo que da pies a la corrupción, impunidad, a los sobornos, … Podemos pensar que los salarios de los funcionarios son sumamente altos frente a los  suelditos de los/as trabajadores/as, los maestros/as, doctores, albañiles, policías, … y ciertamente lo son, pero cuando se compara con las ganancias del gran empresario,  ya no es tan grande.  ¿Y qué sucede? El gobierno (presidente y funcionarios) tienen control político sobre la economía, las disposiciones gubernamentales pueden afectar las ganancias legales (aunque injustas) de la burguesía. Es en esa lógica donde ambos se alían para cometer actos de corrupción de las más variadas formas y llenar sus bolsillos de dinero del pueblo.  Y si algo ha aprendido el PLD es a realizar estas artimañas: Entraron en chancleta y ahora andan en jeepetas.

La corrupción-impunidad son bases del capitalismo. En términos más concreto, es la corrupción una de las principales causas por las que la mitad de la población dominicana se encuentra en situación de pobreza, no tenga una vivienda digna, no tenga acceso a agua potable, salarios de miseria, una alta tasa de mortalidad materna, se explote indiscriminadamente nuestros recursos naturales, cientos de jóvenes mueran en «intercambios de disparos», los medios de comunicación estén concentrados en pocas manos para manipular-condicionar la opinión de la población.  A la vez que el narcotráfico acrecienta la delincuencia común, se generan los fraudes electorales en base al clientelismo y el chantaje,…Sin corrupción estaríamos mucho mejor y seguramente Danilo no fuera presidente.

Mientras se tenga presidentes, congreso y funcionarios corruptos, de poco sirve que se voten leyes y “comisiones anticorrupción”, porque sus ejecutores en complicidad con los dueños del país: los Vicini, Bonetti, Brache, Lama, Corripio, García, Estrella, el CONEP, en fin, los súper ricos, van a desnaturalizarla y continuará el reinado de la impunidad.
Entre otras cosas y por lo señalado, es necesaria la organización del pueblo, la construcción de un instrumento político diferente que permita arrebatar el poder a los corruptos y explotadores capitalistas. Sacarlos del Palacio Nacional, del Congreso.

Por eso no caiga en la trampa de la apoliticidad, organícese, movilícese, construya poder popular, haga política decente, lejos de los partidos tradicionales; luche por sus derechos que son también los nuestros, por la verdad y la justicia social.

La lucha contra la corrupción y la impunidad es una bandera que todos/as debemos abrazar, pero no desde una visión ética absoluta (del deber ser), sino como lucha política (la corrupción es política y requiere respuestas políticas) que busca la construcción de una sociedad sin explotación, donde todos/as podamos vivir felices y con dignidad.

¿Y tú, que opinas?

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