La justicia también tiene rostro
POR: SANDRA FERNÁNDEZ MARTÍNEZ – Juez del distrito judicial Santiago Rodríguez.
Hablar de justicia suele remitirnos a códigos, expedientes, sentencias y tribunales, sin embargo, pocas veces se habla del rostro humano que sostiene diariamente el sistema judicial. Detrás de cada audiencia celebrada, de cada resolución emitida y de cada expediente procesado, existen jueces y servidores judiciales que cargan sobre sus hombros el peso de una administración de justicia que, en muchas ocasiones, parece olvidar a quienes la hacen posible.
El sistema judicial no puede seguir funcionando bajo la idea de que quienes lo integran son piezas reemplazables de una maquinaria fría. Los jueces no son números. Los servidores judiciales no son simples engranajes administrativos. Son seres humanos sometidos a jornadas agotadoras, presión constante, sobrecarga laboral y, muchas veces, a condiciones que distan de corresponder con la enorme responsabilidad que recae sobre ellos.
La justicia no puede considerarse cualquier cosa. Cuando un juez dicta una sentencia, no solo aplica la ley; también sostiene el equilibrio social, protege derechos fundamentales y preserva la confianza ciudadana en las instituciones. Cuando un servidor judicial organiza expedientes, tramita documentos, atiende usuarios o garantiza el funcionamiento interno de los tribunales, está contribuyendo silenciosamente a que el sistema no colapse. Sin ellos, simplemente no existiría administración de justicia.
Por eso, el reciente paro realizado por jueces y servidores judiciales no debe interpretarse como un acto de rebeldía, sino como una manifestación legítima de agotamiento institucional. Ha sido un llamado firme y necesario para recordar que quienes imparten justicia también demandan justicia para sí mismos.
El éxito de este paro demuestra que el malestar no es aislado ni caprichoso. Existe un sentimiento generalizado de desgaste, abandono y preocupación dentro del Poder Judicial. Y aunque la jornada de protesta logró visibilizar una realidad que durante años se intentó silenciar, todavía persiste la espera por respuestas satisfactorias y concretas para jueces y servidores judiciales.
No basta con discursos institucionales ni con promesas diluidas en el tiempo. La dignidad de quienes sostienen el sistema judicial requiere acciones reales: mejores condiciones laborales, salarios justos, respeto a la carrera judicial y reconocimiento efectivo del valor humano de cada servidor del sistema.
Porque una justicia debilitada internamente jamás podrá ofrecer fortaleza hacia afuera.
El ciudadano común exige tribunales eficientes, decisiones oportunas y transparencia institucional. Pero para exigir una justicia fuerte, primero debe garantizarse la estabilidad y dignidad de quienes trabajan dentro de ella. Un juez agotado, un servidor judicial desmotivado y una estructura colapsada son señales inequívocas de un sistema que comienza a erosionarse desde dentro.
Defender a jueces y servidores judiciales no es defender privilegios; es defender la propia administración de justicia. Es comprender que detrás de cada toga y cada escritorio hay personas que también sienten cansancio, incertidumbre y frustración.
La justicia no puede sostenerse únicamente sobre sacrificios silenciosos.
Ha llegado el momento de escuchar verdaderamente a quienes llevan años sosteniendo el peso del sistema. Porque cuando la justicia se desgasta por dentro, toda la sociedad termina pagando las consecuencias.
Autora: Sandra Fernández, Juez del distrito judicial Santiago Rodríguez.

