Grace Hopper, la mujer que ayudó a enseñarles a las computadoras a hablar nuestro idioma
Grace Murray Hopper fue matemática, profesora, oficial de la Marina de Estados Unidos y una de las figuras fundamentales de la historia de la informática. Su trabajo con los primeros computadores, los compiladores y los lenguajes de programación abrió el camino para que la tecnología dejara de ser dominio exclusivo de especialistas y pudiera acercarse a millones de personas.
POR: JUAN PABLO BOURDIERD.
Grace Brewster Murray nació el 9 de diciembre de 1906 en Nueva York, Estados Unidos, en una familia que estimuló desde temprano su interés por el conocimiento. Fue la mayor de tres hermanos. Su padre, Walter Fletcher Murray, trabajaba en el negocio de los seguros, mientras que su madre, Mary Campbell Van Horne, tenía una marcada afición por las matemáticas.
Grace Hopper y sus grandes aportes a la informática
Desde niña, Grace Hopper mostró una curiosidad poco común por entender cómo funcionaban las cosas. Una de las anécdotas más conocidas de su infancia cuenta que, cuando tenía unos siete años, desmontó varios relojes despertadores de la casa para estudiar sus mecanismos. En lugar de apagar aquella curiosidad, su madre terminó permitiéndole experimentar con uno de ellos. La historia, documentada por Yale University, anticipaba el carácter inquisitivo que le acompañaría durante toda su vida.
Una formación marcada por las matemáticas
Hopper cursó estudios preparatorios en la Hartridge School, en Nueva Jersey. Posteriormente ingresó al Vassar College, donde se graduó en 1928 con formación en matemáticas y física y fue elegida miembro de Phi Beta Kappa, una de las sociedades académicas de mayor prestigio en Estados Unidos.
La formación superior de Grace Hopper continuó en Yale University, donde obtuvo una maestría en Matemáticas en 1930 y completó su doctorado en 1934. Durante esos años, ella también comenzó a enseñar matemáticas en Vassar College, institución en la que progresó hasta convertirse en profesora asociada. En un período sabático, además, estudió con el reconocido matemático Richard Courant en la Universidad de Nueva York.
De acuerdo con la biografía conservada por la Oficina del Presidente de Yale University, su carrera académica habría podido continuar cómodamente en Vassar. Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial cambió radicalmente el rumbo de su vida.
De profesora universitaria a oficial de la Marina
Tras el ataque japonés a Pearl Harbor en diciembre de 1941 y la entrada de Estados Unidos en la guerra, Hopper quiso incorporarse al servicio militar. No lo consiguió inmediatamente. Su edad y su bajo peso para los estándares establecidos fueron obstáculos, pero insistió hasta obtener una autorización especial.

En 1943 dejó temporalmente Vassar y entró en la Reserva Naval femenina. Después de recibir entrenamiento militar en Smith College, Massachusetts, fue comisionada como teniente junior y enviada a Harvard University. Allí se incorporó al equipo dirigido por Howard Aiken que trabajaba con el Harvard Mark I, una de las primeras grandes computadoras electromecánicas.
Su trabajo no era puramente teórico. Grace Hopper participó en cálculos vinculados al esfuerzo bélico, entre ellos trayectorias de cohetes, tablas para armamento antiaéreo y otros problemas técnicos. Además, fue una de las primeras personas dedicadas profesionalmente a programar este tipo de máquinas.
También redactó un extenso manual de funcionamiento del Mark I, que ayudó a establecer procedimientos para el uso y programación de computadoras en una época en que prácticamente no existían manuales ni estándares para trabajar con ellas.
La famosa polilla y el “bug” informático
Una de las historias más repetidas sobre Grace Hopper tiene que ver con la palabra bug, actualmente utilizada para describir errores en programas informáticos.
La versión popular sostiene que Hopper inventó ese término después de encontrar una polilla atrapada en una computadora. La historia real es un poco diferente.
En 1947, mientras el equipo trabajaba con el Harvard Mark II, los ingenieros localizaron una polilla atrapada en uno de los relés de la máquina. El insecto fue pegado al cuaderno de registro junto a una anotación que hacía referencia al primer caso “real” de un bug encontrado.
Sin embargo, el término bug ya se utilizaba desde el siglo XIX para describir fallos técnicos. El Smithsonian National Museum of American History aclara que Hopper no creó la palabra, aunque ella y sus compañeros ayudaron a popularizar tanto bug como debugging dentro del mundo de la computación.
Este detalle es importante porque permite separar una anécdota verdadera de un mito que durante décadas se ha repetido en numerosas biografías.
Su gran revolución: hacer la programación más humana
La contribución más trascendente de Grace Hopper llegó cuando comenzó a defender una idea que para muchos especialistas parecía imposible: las computadoras debían poder programarse utilizando instrucciones más cercanas al lenguaje humano y no depender exclusivamente de códigos matemáticos difíciles de manejar.
En 1949 se incorporó a la Eckert-Mauchly Computer Corporation, empresa vinculada al desarrollo de UNIVAC, uno de los primeros computadores comerciales de Estados Unidos. Allí desarrolló el sistema A-0, considerado generalmente uno de los primeros compiladores de la historia.
Un compilador permite transformar instrucciones escritas por un programador en instrucciones que una computadora puede ejecutar. Esta idea contribuyó a cambiar para siempre la manera de desarrollar software.
Hopper también participó en el desarrollo de FLOW-MATIC, un lenguaje diseñado para procesar información comercial utilizando expresiones mucho más parecidas al inglés corriente. Aquella experiencia sería decisiva para el desarrollo posterior de COBOL.
COBOL y una influencia que todavía perdura
En 1959, Hopper formó parte de los esfuerzos que llevaron a la creación de COBOL —Common Business-Oriented Language—, concebido para que los programas empresariales pudieran escribirse de una forma relativamente comprensible y funcionar en diferentes tipos de computadoras.
No fue la única creadora de COBOL, como en ocasiones se afirma. El lenguaje fue producto de un trabajo colectivo desarrollado por especialistas de diferentes organizaciones. Sin embargo, Grace Hopper tuvo una influencia decisiva en las ideas que lo hicieron posible, en el desarrollo de compiladores y en la defensa de lenguajes independientes de una máquina específica.
Según el Computer History Museum, su trabajo con A-0, FLOW-MATIC y posteriormente COBOL ayudó a transformar el desarrollo del software empresarial.
COBOL alcanzó una enorme difusión en bancos, compañías de seguros, instituciones gubernamentales y grandes corporaciones. Décadas después de su creación, todavía existen sistemas que dependen de programas escritos con ese lenguaje.
La almirante que volvió cuando la Marina la necesitó
La vida de Hopper tuvo otra particularidad: desarrolló simultáneamente una extraordinaria carrera tecnológica y militar.
La Marina la obligó a retirarse en 1966 debido a las normas de edad vigentes. Sin embargo, apenas meses después la institución volvió a llamarla porque necesitaba su experiencia para ayudar a estandarizar sus numerosos lenguajes y programas informáticos.
Permaneció en servicio durante años y llegó al rango de contraalmirante. Finalmente se retiró en 1986, a los 79 años, cuando era uno de los oficiales en servicio activo de mayor edad de las Fuerzas Armadas estadounidenses.
Entre sus subordinados llegó a ser conocida como “Amazing Grace”, expresión que reflejaba el respeto que generaban su energía, su conocimiento y su capacidad para enfrentarse a métodos establecidos cuando consideraba que existía una alternativa mejor.
Maestra antes que celebridad
A pesar de sus descubrimientos y reconocimientos, Hopper atribuía una importancia especial a la enseñanza.
Dictó conferencias y formó a numerosas generaciones de científicos, militares, ingenieros y programadores. Yale recuerda que, al reflexionar sobre su trayectoria, consideraba la formación de jóvenes como uno de sus logros más valiosos, incluso por encima de haber escrito uno de los primeros compiladores.
Su capacidad para explicar cuestiones complejas de manera sencilla contribuyó además a divulgar la informática en una época en la que las computadoras eran máquinas enormes, costosas y desconocidas para la mayor parte de la sociedad.
Hopper incluso anticipó que llegaría el momento en que las computadoras serían lo suficientemente pequeñas para colocarse sobre un escritorio y utilizadas por personas que no fueran programadores profesionales, una visión que décadas después se convirtió en realidad.
Reconocimientos y legado
Grace Hopper recibió decenas de doctorados honoríficos y numerosos reconocimientos académicos, tecnológicos y militares.
En 1973 se convirtió en la primera mujer y la primera estadounidense nombrada Distinguished Fellow de la British Computer Society. En 1991 recibió la National Medal of Technology por sus aportes al desarrollo de lenguajes de programación que hicieron más accesible la tecnología informática.
Murió el 1 de enero de 1992, a los 85 años, y fue enterrada con honores militares en el Cementerio Nacional de Arlington.
Su legado continuó creciendo después de su muerte. En 1997, la Marina estadounidense puso en servicio el destructor USS Hopper (DDG-70) en su honor.
En 2016 recibió de manera póstuma la Medalla Presidencial de la Libertad, una de las máximas distinciones civiles de Estados Unidos, por una vida dedicada al desarrollo de la informática y al servicio público.
Un aporte que cambió la relación entre seres humanos y computadoras
El impacto de Grace Hopper sobre la sociedad va mucho más allá de haber trabajado con algunas de las primeras computadoras.
La gran contribución de Grace Hopper fue ayudar a cambiar la filosofía de la programación. En lugar de obligar permanentemente a las personas a adaptarse al lenguaje interno de las máquinas, defendió que las máquinas podían diseñarse para comprender instrucciones cada vez más próximas al lenguaje humano.
Esa visión facilitó el crecimiento de la programación, permitió que más personas pudieran trabajar con computadoras y sentó parte de las bases conceptuales de los lenguajes de alto nivel que hoy hacen posible prácticamente toda la vida digital.
Grace Hopper pertenece así a esa generación excepcional de científicos que no solo construyeron tecnología. También transformaron la manera en que la humanidad se relaciona con ella.


