Gerardo Castillo Javier

Pero rasca donde no pica.

Por: Gerardo Castillo Javier

En la colección de relatos El libro de los abrazos, Eduardo Galeano nos enriquece la vida con muchas historias. Una de ellas me resulta muy apropiada para justificar estos renglones que voy prosando.

«El pastor Miguel Brun me contó que hace algunos años estuvo con los indios del Chaco paraguayo. Él formaba parte de una misión evangelizadora. Los misioneros visitaron a un cacique que tenía prestigio de muy sabio.

El cacique, un gordo quieto y callado, escuchó sin pestañear la propaganda religiosa que le leyeron en lengua de los indios. Cuando la lectura terminó, los misioneros se quedaron esperando. El cacique se tomó su tiempo.

Después opinó: -Eso rasca. Y rasca mucho, y rasca muy bien.
Y sentenció: -Pero rasca donde no pica».

Eduardo Galeano y sus libros resurgieron desde el fondo de las toneladas de superficialidades con que a diario se nos ahoga a través de los medios de información y de distracción, cuando el comandante Hugo Chávez le obsequio al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, el libro: Las venas abiertas de América Latina.

Y hoy, bajo el estricto rigor del dolor y la pena, Eduardo Galeano se actualiza otra vez.

En una reunión celebrada con comunicadores y trabajadores de la prensa y la televisión en uno de los salones de la Gobernación Provincial se explicó de forma clarísima la concepción de la comunicación que había prevalecido para otros mandatarios y sus respectivos equipos: Antes se resaltaba el valor de la obra y la figura del funcionario de lugar.

Hoy, en cambio, el equipo de comunicación y prensa se ocupa en resaltar la incidencia social y económica de la obra. Es evidente que hoy sabemos de mercadeo.

En esa reunión también se subrayó la forma en que se manejan los datos, los formatos y la celeridad con que son puestos al alcance de los comunicadores.

Se enfatizó que a los comunicadores se les considera microempresarios. De ahí la pertinencia de obtener el correspondiente Registro de Proveedor del Estado. A esto súmesele que también hay una cooperativa de comunicadores y trabajadores de la prensa.

Se señaló también que se le otorga mayor importancia a los medios digitales porque están disponibles las 24 horas y porque pueden ser actualizados en cualquier momento. Si eso no es genial ignoro qué lo será.

El nivel de conceptualización de la exposición no pudo ser mejorado. Sin embargo, en el placer que produce la argumentación bien organizada, bien concebida e hilvanada hay siempre un riesgo, hay una trampa: el que a uno se le olvide que la refutación es posible.

Veamos:
1. Incluir a los trabajadores de la comunicación y la prensa entre los microempresarios demuestra agudeza en el mirar. ¿Y dónde miran los ojos de esa «ave de mediodía» cuando a un sector de la vida nacional se le brinda apoyo como cuando llueve bajo los efectos del fenómeno El niño?

2. La cooperativa está muy bien. Todos sabemos lo bueno que es contar con Coopsano, ¿pero qué va a ahorrar un microempresario que no tiene apoyo, un microempresario al que «le llueve a veces»?

3. Hay negociantes que venden lo que a ellos les gusta y no lo que el cliente necesita. Se nos dijo que se le ha otorgado mayor relevancia a los medios digitales por consabidas razones. ¡Oh, Dios! Se supone que lo importante no es la permanencia de la información. Lo importante, Oh, amados míos, es que la información llegue al mayor número de dominicanos. Y si el señor Gedeón Santos, presidente del Instituto Dominicano de Telecomunicaciones dice la verdad, la conclusión es terrible. Según el funcionario, solo el «22 por ciento de las familias dominicanas tiene un computador y sólo un 14 por ciento está conectada a la Internet» (Ver: Diario Libre del 20 de febrero de 2014 12:00 A.M.)..

Entonces, como el gordo quieto y callado del Chaco paraguayo uno sonríe y piensa: «Eso rasca. Y rasca mucho, y rasca muy bien. Pero rasca donde no pica».

El auto es escritor, maestro, psicólogo clínico, terapeuta sexual y de parejas.

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