EMIGRAR ES TERRIBLE
Por: Arq. Ricardo González Quiñones
Al sonar la trompeta que marcaba el final de los estudios secundarios, léase bachillerato, apenas diez y seis años, vinieron como alud, las grandes interrogantes, ¿Qué?, ¿Dónde?, ¿Cuándo? y ¿Cómo? Estudiar.
Familia humilde, muchos hermanos, todos con el mismo entusiasmo, las mismas necesidades y los mismos derechos a estudiar y superarse.
Emigrar de Sabaneta, hacia Santo Domingo, a estudiar en
Un profesional de una carrera universitaria, por supuesto, porque hay “profesionales” de la mentira, del engaño, de la maldad, de la vanidad, de la envidia, de la idolatría y hasta de hacerse los payasos.
Pero es en esa búsqueda de superación, mis queridos compueblanos, que se van esfumando los espacios Sabaneteros, las añoranzas, los “momentum” y hasta la idea de un regreso. Formar familia, crear empresas, hacer nuevos amigos, vivir encerrado, salir con miedos, se va convirtiendo en el día a día.
Nuestros hijos se acostumbran a la vida capitalina, nosotros no, ellos van a ACROPOLIS, porque allí tienen cines modernos, restaurantes, Fast food, discotecas, tiendas y muchas cosas más, mientras nosotros por dentro, quisiéramos estar en Sabaneta, ellos tienen su mundo ya edificado.
Para los que emigran fuera del país (Estados Unidos, Europa, Asia, América Latina), esta procesión, es aún más larga y más tormentosa.
Pero al final, todos o casi todos, estamos esperando el día que nuestros hijos se independicen para podernos ir a vivir el invierno de nuestras vidas en ese terruño de añoranzas, vivencias y tranquilidad que sólo Sabaneta sabe ofrecer.
Si fuésemos a hacer una lista imaginaria de los SABANETEROS AUSENTES, en el país y en el exterior que tienen ideas preclaras de algún día regresar a nuestro nido llamado Sabaneta, creo firmemente amigo lector, que usted estaría buscando un Paper Mate azulito para anotarse en esa lista imaginaria. Pero le diré algo, como autor de este artículo, que nadie me quite el No. 1 en ese listado inconmensurable.
Hasta pronto, Dios querrá
Arq. Ricardo González Quiñones
Sabanetero.